Este es el tiempo, largo sí, que he venido escribiendo desde esta mecedora cada dos meses. Diez años y once meses en los que he querido ser fiel al título que elegí para mi colaboración: Mecedora Violeta. En la primera columna justificaba el nombre elegido:  “La mecedora tiene un cierto sentido universal… Esta columna quiere ser: una mirada serena, tranquila, sobre las distintas realidades de este mundo global. Y una mirada desde una cierta madurez que da los años y la vida vivida. Es violeta porque esta mirada al mundo me gustaría que fuese una mirada feminista”.

Esto era lo que escribía, si lo he conseguido o no sólo lo pueden decir quienes la hayan leído a lo largo del tiempo. Yo lo he intentado. Lo aseguro.

He querido mirar el mundo el cercano y el que nos coge más lejos. En este tiempo he tenido la suerte, hasta que llegó el “bicho”, de poder seguir viajando, seguir descubriendo la riqueza de las distintas culturas, religiones, países… He seguido conociendo a personas increíbles que trabajan incansablemente por hacer este mundo un poco mejor. Algunas están muy cerca de nosotras, no tenemos más que centrar un poco la mirada, no tenemos que irnos a las antípodas para descubrirlas, son personas imprescindibles. Y yo he tenido, y tengo, la suerte de haber encontrado a muchas en mi camino. Con algunas compartí un tramo de la vida y en este tiempo se fueron a la Casa del Padre/Madre: Amalia Rodríguez, religiosa ursulina incansable y gran apoyo en el día a día de mis primeros tiempos, Pilar Barbazán, “partera” de la tortuga de Alandar, Luis Arancibia, mi gran amigo que de tantos apuros nos sacó… y hace muy pocos días se fue Javier Pagola, una gran persona y un gran colaborador desde hace muchos años. Se nos fue también Samuel Ruiz, el obispo de Chiapas y nuestro querido Pedro Casaldáliga. A los dos los conocí y de los dos sentí fuertemente su pérdida.

El año en el que comenzaba mi Mecedora, en mayo, todos nos llenamos de esperanza: surgió el 15M y una ráfaga de aire fresco inundó nuestra sociedad, en España en el mundo. Algunas cosas empezaban a cambiar.

El verano de 2013 la tragedia de Lampedusa nos dejó sin habla ante el horror y la muerte de tantas hermanas y hermanos en el Mediterráneo. Un número de muertes que no deja de fluir aún hoy.

En junio de 2015 nos alegrábamos porque una de las premiadas en Alandar, Manuela Carmena, era nombrada Alcaldesa de Madrid. ¡Cuánto te echamos hoy en falta, Manuela!

El 8 de marzo del 2018 las calles de Madrid, de muchas ciudades de España y gran parte del mundo se pintaron de violeta, como mi Mecedora, y un grito se dejó oír a nivel global: ¡Nos queremos libres, nos queremos vivas, feministas, combativas y rebeldes!

Los matrimonios gays, las declaraciones, muy pocas veces acertadas, de la jerarquía de la Iglesia ante este tema, el dolor de creyentes gays y lesbianas que se sienten excluidos por su condición y sienten a la Iglesia más como madrastra que como madre…. Las mujeres víctimas de la violencia machista, las personas sin hogar… Las vendedoras de Soyapango, las mujeres que transforman el mundo y a las que he tenido la suerte de conocer en el Encuentro de Segovia… Todos estos temas y más, los he ido acunando en mi Mecedora, desde mi mirada de mujer y compartiendo a lo largo de estos años. Hoy se acaba la colaboración, pero sólo en papel. Pronto estaremos nuevamente juntas a través del ciberespacio, esa realidad virtual que nos ha salvado de la soledad y el aislamiento en los tiempos del coronavirus.

Nos seguiremos encontrando, mirando serenamente al mundo para intentar cambiar lo que no nos gusta.

Ahí os espero amigas y amigos. Hasta pronto.