pag23_paredes_web-4.jpgCon lo claro que está y no se enteran. Lo dicen los libros, lo dicen los guruses, lo dice el sentido común, lo dice la historia e incluso lo dicen algunas encíclicas: la paz, sin justicia, no es posible. Y no es ningún tipo de amenaza o chantaje, del tipo “si tú no me das justicia, yo no te daré paz”. No, es que no es posible, no ya en el terreno de la ética o de los hechos más ramplones –que también-, sino en el de la ontología, de lo cososo de la cosa, que dirían el metafísico y la metafísica.

Pues nada, ellos a lo suyo: recorte por aquí, reforma por allá, “haciendo el bien” sin mirar a quién (que me parece que tampoco el bien es posible sin mirar al quién a la cara). ¡Y dicen que quieren paz! A veces hablan de “paz social” y se me ocurre que, a lo mejor, es uno de esos casos de adjetivos “rebajativos”, incluso desnaturalizadores, como cuando a pobreza añaden espiritual y se queda en nada; o militar a inteligencia y se escapa, como arena entre los dedos; o cristiana a democracia y ya no sabes de qué hablas.

En fin, a lo mejor esa cosa rara, sí, pero lo que las gentes comunes entendemos, sentimos y vivimos como paz, en estas condiciones, va a ser que no, que será una paz de recortable.