paredes-4.jpgEl contexto, como es bien sabido, da sentido al texto. Esta pintada apareció en el madrileño barrio de Lavapiés. Si hubiera sido escrita, pongamos por caso (en las hipótesis nada es impensable), en Serrano, por no salir de la ciudad, o en Pedralbes, o en Las Arenas, haciendo un poco de turismo, el mensaje no sería el mismo. Pero está (o estaba) en un muro de Lavapiés. Y no creo que tenga que ponerme ahora a hacer ningún ejercicio de análisis del discurso, del texto, el contexto y el pretexto (excusa o elementos previos al texto) para que cualquier ojo lector entienda a la primera que la frase significa que alguna persona del vecindario está harta de que vayan por ahí molestando a según qué gente con según qué aspecto. Ni siquiera dicen no a los controles en general (tal vez los controladores suelen ceñirse a criterios racistas), o a los controles en los barrios en general (¿tendría sentido? ¿los hacen, por ejemplo, en los barrios citados o en otros de similar calaña?). Hay que reconocerle al autor o autora de la pintada la precisión en la demanda: que se acaben los controles racistas aquí.

Llamo su atención sobre dos hechos. Uno: quien escribió se molestó en fabricar una plantilla, tal vez sospechando que la situación exigirá hacer muchas más pintadas, que no será suficiente con una. Automaticemos el trabajo en aras de la eficiencia.

La segunda me ha hecho recordar la tira en la que Mafalda, ante la pintada “¡Basta de censu”, se plantea si “se le acabó la pintu, o no pu termi por razo que son del domi publi”. Esta de Lavapiés, ante una realidad sangrante, se niega a secarse y ser pasado. Chorrea.