Alejandra Corral en su estudio, con el tapiz en proceso de realización. Quedamos a media mañana en su estudio. La casa está llena de obras realizadas por ella, pero esta mujer, Alejandra Corral, “Kuska”, dedicada al arte, es licenciada en Derecho. Y de aquí surge la primera pregunta.

¿Cómo se compatibilizan el Derecho y el arte?

No se compatibilizan en absoluto. Yo quería hacer Bellas Artes desde pequeña pero mis padres no me dejaron. Me dijeron que tenía que estudiar una carrera que me pudiese dar de comer. Estudié Derecho, hice dos másters, trabajé durante siete años hasta que pude ahorrar lo suficiente para dejarlo y poder dedicarme a lo que verdaderamente quería, que era el arte.

En tu obra, la mujer y la naturaleza tienen un lugar muy importante.

La mujer tiene un papel muy especial. Y dicen que también mucha soledad, sobre todo en el trabajo de los últimos seis años, en el que me he centrado esencialmente en el tema de los derechos de la mujer y, más concretamente, en el sufrimiento de la mujer, sobre todo en el tema de la prostitución.

Y, ¿ por qué?

Quizá porque es la imagen más salvaje del machismo y de la opresión de la mujer. La prostitución de la mujer es algo para mí tan terrible e incompresible que siga existiendo. Sé que existe, que ha existido siempre, pero me parece tan oscuro…

Cuéntanos cómo surge el proyecto Lágrimas Negras.

A raíz de toda la crisis que surge en España yo, como el 90% de los artistas, hemos dejado de vender porque no hay dinero. Ese fue el comienzo, luego fue el ver a las gentes que perdían sus casas, que perdían sus trabajos, las filas en los comedores sociales… Aunque yo no estaba en esos casos, no pude evitar pensar: ¿para qué sirve el trabajo que yo hago? Muchos dicen que el arte es la base para el cambio social. Sí que hay arte que hace denuncia social pero, aunque el arte sirva para cambiar la sociedad –que no lo pongo en duda en absoluto–, el cambio se ve dentro de muchísimos años… Si yo lo que sé hacer es pintar o montar proyectos artísticos, quiero ver el resultado ahora. De efecto inmediato, el arte se ha convertido para mí en un producto para ricos. Mi idea era utilizar lo que yo sé hacer para que sirva para algo y, justamente, estoy en una posición en la que me lo puedo permitir. Me puedo permitir el lujo de que mi trabajo –el 100% de los beneficios de mi trabajo– vayan a ayudar a otras personas. Habría que imaginar una obra de arte que solo por su propia creación sirviese a las personas. ¡Qué mejor que una obra en la que las personas participen! Y si, encima, la obra tiene un objetivo social, pues ya estás utilizando esa especie de efecto catalizador que tiene la creación misma para que las personas que participan en ella puedan reflexionar sobre un tema concreto, en este caso el tema de la trata de personas, para concienciar, para que saquen lo que tienen dentro. Ha habido muchas mujeres que han participado en el proyecto, que tenían unas historias tremendas y cuya participación les ha permitido sacarlo fuera, mujeres maltratadas que se lo han confesado a sus hijos o que han hablado de este tema por primera vez.

Una vez terminada la obra medirá 28 metros de longitud. ¿Cómo es esta obra?

Es una tapicería gigante en la que cada mujer participa con un cañamazo de 15×15 cm. Ellas piden participar en el proyecto a través de un correo, yo les mando el material, lo cosen, me lo devuelven cosido y lo uno a la pieza central, que es un cañamazo de un metro por un metro, que cosí yo y que representa a una mujer tumbada sobre una banqueta a la que se le ha parado el corazón, no se sabe si está muerta o no. La idea es que se le ha parado el corazón de dolor. Está representado por una línea entre paréntesis y está justo encima de la mujer. Cada una de las piezas cosidas por las mujeres representa una lágrima vertida por una mujer cuyos derechos humanos no se han respetado. La idea es que sea una obra final de 28 por 2 metros y para eso necesito 2.600 mujeres. Empezamos el 8 de junio de 2013, el 12 de marzo de este año se repartió el último cañamazo y la recepción la fecha límite es el próximo 12 de abril. Una vez terminado lo expondremos durante un año en diez ciudades de Europa, empezando por España. Seguiremos en Los Ángeles, Miami, Londres… y después se subastará públicamente. El 100% de los beneficios irán a la Fundación Amaranta (www.fundacionamaranta.org) y al Proyecto Esperanza (www.proyectoesperanza.org).

¿Cómo han trabajado el proyecto y cómo se ha difundido la idea?

Hay mujeres que lo han trabajado individualmente, pero también hay asociaciones de vecinos, pueblos que han organizado quedadas en la plaza del pueblo para coser, en el ayuntamiento, algunas congregaciones de religiosas, colegios, centro culturales… Hemos repartido 1.700 cañamazos y hasta ahora hemos recibido 950. Han participado un total 33 países. Filipinas, China, México, Cuba, mujeres de una aldea de Naroj en Kenya, Israel, Corea… Se han enterado a través de Internet y boca a boca, las mujeres han ido corriendo la voz. También ha ayudado mucho Femur (Federación de la Mujer Rural) en América Latina. Es una terapia global.

¿En qué se benefician estas mujeres que participan en el proyecto?

Lo primero en poder participar, ser solidaria con otras mujeres. La obra es como una especie de manifestación a favor de las víctimas y contra la trata de mujeres.

Las mujeres de tu obra no tienen rostro.

No tienen caras. El tema que he estado trabajando es la prostitución, no creo que sea posible que un hombre se acueste con una mujer a la que paga si es consciente de que es una persona. Creo que las ven como si fuesen una cosa, por eso les quito la cara porque la cara, los ojos es el reflejo del alma. Ellos no las ven como personas. El elegir las rayas es como si fuesen conexiones eléctricas, como si fuesen energía que en el fondo es lo que todos somos, para facilitar la conexión entre la persona que está viendo la imagen y la imagen en sí. Es mucho más fácil identificarte con alguien más bien abstracto que con alguien muy definido.

Y los colores que has elegido…

El azul es la representación gráfica del agua, son las lágrimas. El negro, por el dolor que sufren las mujeres y el blanco como esperanza de una posibilidad de que algún día acabemos con esto o que por lo menos consigamos hacer algo.
Más información:

http://kuska.es/index.php/lagrimas-negras