En todas las culturas a lo largo de la historia el agua ha tenido un papel fundamental. Hay cosas cotidianas que pasan desapercibidas pero son fundamentales para poder seguir viviendo. El agua, de la cual hacemos uso de forma habitual sin apenas advertir de dónde viene y a dónde va, es un elemento que condiciona muchos aspectos de nuestra vida. Aunque no hay una proporción clara sobre la cantidad que tenemos en el cuerpo, está claro que la necesitamos. Si no, párense un momento a pensar lo que sería nuestro día a día sin un vasito de agua o más. Nada mejor que el verano para tomar conciencia de ello.

Además de las funciones que puede desarrollar en nuestra vida cotidiana, el agua tiene un valor terapéutico. La hidroterapia previene y trata enfermedades y lesiones de las personas por medio del agua. Se realiza de distintas maneras: mediante piscinas, chorros, baños, vahos… Es una herramienta para el tratamiento de traumatismos, reumatismos y problemas digestivos, respiratorios o neurológicos.

Este es uno de los procesos más antiguos en el tratamiento médico. Ya Hipócrates, allá por el siglo V a.C., recomendaba el uso del agua fría, como medio higiénico y curativo. Los espartanos, que tienen fama de que eran muy recios al agua, bañaban a sus hijos nada más nacer, en agua fría. Ya de adultos -y en cualquier época del año- se sumergían en el río Eurotas con el fin de proporcionarle tono y vigor a su cuerpo. Pitágoras, además de todo esto, concluía que también fortalece el talento. Además, el matemático hacía cálculos acuáticos. Así, a lo largo de la historia numerosos personajes, como el poeta Virgilio, Galeno o Carlomagno, entre otros, han descubierto las propiedades curativas de este líquido elemento.

Los spa llevan unos años de moda y tienen gran afluencia de turismo. Hacen su agosto, gracias a esa necesidad de retirarse a lugares tranquilos para relajarse ofreciendo tratamiento de afecciones con agua. Hay otras alternativas menos atractivas a nivel social pero con mejores efectos para el organismo. En los balnearios los tratamientos se realizan a través de aguas termales y mineromedicinales. Se asientan cerca del lugar de donde emana un manantial. Los centros de talasoterapia, variantes de la hidroterapia, aplican el agua marina y sus componentes, como las algas, arenas y otros para una aplicación terapéutica. La hidroterapia, en su sentido amplio, tiene un efecto revitalizante y estimula el sistema inmunitario, además de aliviar múltiples dolencias.

Además de todo este recorrido histórico que hemos hecho y de los distintos métodos que se emplean para la hidroterapia, constatamos que el ser humano tiene problemas de sed desde su nacimiento hasta su muerte. Entramos en el campo del corazón, para el cual no vale cualquier tipo de tratamiento generalizado, sino, más bien, personalizado.

Recuerdo a una mujer que vivía en Samaria, allá por Israel, de la cual no se sabe ni el nombre. Sedienta, como tantas personas, por más que buscaba fuentes que la saciaran, no había manera de encontrar el preciado líquido que se adecuara a su necesidad. En uno de aquellos viajes se topó con Jesús, el cual no la invitó a ningún refresco, pues esos no quitan la sed, sino que generan más sequedad. Según la buena costumbre del Nazareno, este desmontó sus esquemas mentales y doctrinales, echando por tierra tanta bebida edulcorante que hasta ahora no le había servido para mucho más que para coger kilos de desesperanza. A cambio, le ofreció un agua fresquita sin azúcares añadidos pero con muchos estabilizantes para que le durase tiempo.

Cuando estamos con el ánimo decaído o las defensas bajas, bien porque no las hemos cuidado o porque algún desaprensivo nos la ha demolido, hay que ir a las fuentes puras. Nada de máquinas expendedoras que administran dosis ínfimas de felicidad, eso sí, con muy buena presentación. Acudamos a los manantiales donde brota el agua que limpia nuestro organismo y elimina toxinas.

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