Foto. Patxi Cascante.Bishara Khader, nacido en la localidad palestina de Zababdeh, pertenece a la minoría cristiana árabe. Es autor de libros publicados en cinco idiomas, sobre todo su manual El Mundo Árabe explicado a Europa (Icaria 2010). Doctor en Ciencias Políticas; director, en la Universidad de Lovaina, del Centro de Estudios e Investigaciones sobre el mundo Árabe Contemporáneo; ha sido miembro del Grupo de Expertos sobre Política Exterior Europea y del Grupo de Sabios para el Dialogo Cultural Euromediterráneo. Habló ante 400 personas en el Foro Gogoa sobre “la primavera árabe”.

¿Qué cambios recientes se han dado en los países árabes?

Hay varias claves que explican la primavera árabe. Una es el peso de los jóvenes, porque más del 50% de la población de los 22 países árabes está formada por 180 millones de personas que aún no han cumplido los 25 años; hay millones de jóvenes escolarizados y bien formados que no pueden acceder a un trabajo en condiciones. Otra, la creciente emancipación de las mujeres: las bodas ya no se arreglan entre primos en familias extensas, las tasas de fecundidad han bajado, las mujeres están alfabetizadas pero el desempleo femenino duplica en cifras al masculino. Otras razones son el incremento de los precios de los alimentos, la mundialización de las informaciones a través de medios a los que ya es imposible censurar, los cambios en el panorama mundial y el firme deseo de desalojar del poder a regimenes autocráticos y dictatoriales.

¿Por qué ha tardado tanto en llegar la ola democratizadora al mundo árabe?

Esa tardanza llama la atención. Las dictaduras terminaron en los años 70 en España y Portugal, en los 80 en América Latina y en los 90 en el Este europeo y asiático. En el año 2009 ya escribí que “es precisamente antes del alba cuando la noche es más oscura” y anunciaba un deseo: “después de la noche de las dictaduras, vendrá la primavera de la libertad”. La primavera árabe se ha hecho esperar, por razones externas e internas.

¿Cómo se consolidaron las dictaduras árabes?

Tras la segunda guerra mundial, la construcción de un sistema dictatorial acompañó a las independencias en los países árabes, donde ha habido dos tipos de regímenes: monarquías y repúblicas. Monarquías antiguas, como la de Marruecos, o de reciente creación, como las de Jordania o Arabia Saudí. Estas monarquías, que no tenían ninguna legitimidad democrática, pues no fueron refrendadas por votación popular, buscaron su legitimación en argumentos religiosos: los hachemíes jordanos se presentan como descendientes directos de la familia del profeta Muhammad; los monarcas alauíes de Marruecos aparecen como Comendadores de los Creyentes y los saudíes de Arabia como Guardianes de los Lugares Santos del Islam. Las repúblicas tienen un soporte militar derivado de guerras de liberación o de golpes de Estado que derribaron a monarquías.

¿Cuál ha sido su evolución?

Estos regímenes autoritarios tuvieron, al comienzo, un aire paternalista. Hubo un contrato social no escrito por el que los gobiernos daban servicios gratuitos de salud y educación y subvención para alimentos pero, a cambio, exigían orden público y silencio. En los años 80, con las políticas de ajuste obligadas por el FMI, sucedieron revueltas populares por el pan y los alimentos, como la de Argel en 1988, que costó más de 500 muertos. Monarquías y repúblicas se fueron transformando en sistemas de gobierno autocráticos, dictatoriales y cruelmente represores. Los regímenes se hicieron corruptos y depredadores y violaron, de manera atroz y sistemática, los derechos humanos y de las minorías mediante matanzas, encarcelamientos, torturas, exilios y amordazamiento de la opinión pública. Los presidentes de repúblicas tomaron a sus países como fincas privadas y tuvieron la pretensión de crear repúblicas dinásticas donde sus hijos les sucedieran en el poder. La gente ha vuelto la espalda y manifestado su ira a esas dictaduras.

¿Qué responsabilidad tiene occidente?

Debe reconocer que su responsabilidad es inmensa. Bajo el falso pretexto de la realpolitik Europa y EEUU han apoyado la perpetuación de estas dictaduras concebidas como baluarte de estabilidad, centinelas de la emigración y garantes de la lucha contra el terrorismo de Al Qaeda. Las potencias occidentales, que agitan siempre las banderas de los derechos humanos y de la legalidad internacional, sólo han mirado a sus intereses geoestratégicos, comerciales y energéticos, han hecho el juego a los dictadores, y no han escuchado las demandas y aspiraciones de la sociedades civiles árabes.

¿Por qué la primavera árabe empezó en Túnez?

Por razones geográficas, sociales y militares. Túnez es un pequeño país del Magreb que no tiene un valor geoestratégico importante, con un buen nivel educativo y universitario, donde las mujeres han alcanzado derechos y que cuenta con una sociedad bastante homogénea. En sociedades muy fragmentadas, como las de Libia o Siria, la respuesta ciudadana es más difícil y la reacción del régimen es más feroz. Vimos como Gadafi utilizó sus misiles y carros armados para reprimir a la población libia transformando una revolución pacífica en una rebelión militar. En Túnez, la inmolación del joven Mohamed Bouazizi el 17 de diciembre de 2010 fue el inicio de un estallido social. Un movimiento de libertad, espontáneo, con amplia participación femenina, se apoderó de millares de jóvenes educados, organizados en redes sociales que, sin que intervinieran partidos políticos, tomaron pacíficamente el espacio público gritando eslóganes modernos: libertad, democracia, justicia, empleo. Rompieron el muro del miedo y tuvieron a su lado a un ejército que fraternizó con el pueblo y desobedeció la llamada que el dictador le hacía a utilizar las armas de forma represiva contra la población. Ben Ali tomó un avión, huyó a Arabia Saudí y en tres semanas los tunecinos acabaron con su régimen dictatorial.

¿Qué es lo que hace tan complicada la situación de Siria?

Su gran heterogeneidad social, su ubicación en Medio Oriente, el conflicto de intereses entre sunitas y chiitas, entre Arabia Saudí e Irán, la tensión entre Irán a Israel y la pugna de grandes potencias exteriores. Ahora Rusia y China con su veto en el Consejo de Seguridad impiden una intervención de las Naciones Unidas en Siria, donde más de 8.000 personas han sido brutalmente exterminadas por el régimen del presidente Al-Assad. Rusos y chinos defienden así sus bases militares, sus intereses o los de su aliado sirio y mandan a los estadounidenses el mensaje de que ya no puede pretender tener, en solitario, la hegemonía mundial.

¿Qué futuro tiene la primavera árabe?

Hay un anhelo de libertad tan grande que incluso el pueblo sirio, tan masacrado, sigue saliendo a la calle. Pero asistimos a un proceso en curso que está en la fase de la pasión y todavía no ha llegado a la fase de la razón. Es un periodo de transición cargado de inestabilidad, inseguridad e incertidumbre. Hay riesgos de confiscación de la revolución por los militares o por los islamistas radicales. En cada país hay un escenario distinto.

¿Cómo observa los procesos electorales?

No son los partidos laicos sino los islamistas los que ganan las elecciones, mayoritariamente no los Salafistas, que proponen para el mundo de hoy una lectura rigurosa y literal del Corán, sino los islamistas cercanos a los Hermanos Musulmanes que se presentan con un discurso moderado y que, cuando lleguen al poder, estarán obligados al pragmatismo, porque un país no se gobierna gritando versículos del Corán sino actuando con sabiduría y sentido práctico. En cualquier caso es un gran logro ver que, en varios países árabes, por vez primera en 60 años, la gente ha ido a votar sin conocer los resultados con anterioridad a emitir su voto. La vía democrática derrota al terrorismo de Al Qaeda reprobado por una mayoría amplísima de la población.

¿Por qué ganan las elecciones los partidos islamistas?

Porque, desde hace 60 años, esos partidos han sido los principales opositores a los excesos de las dictaduras y a las violaciones de derechos humanos. Porque, con sus redes sociales, han sustituido de manera continuada las carencias del Estado. Porque tienen ante la población una imagen de ser partidos morales, éticos. Por su capacidad de movilización. Porque tienen en miles de mezquitas sus altavoces electorales. Y porque usan un lenguaje que el pueblo entiende. Los partidos modernos, laicos, no están asentados en las aldeas rurales, parecen encerrados en debates de salón, son elitistas, usan un lenguaje sofisticado y están atomizados. En Túnez hay más de 100 pequeños partidos aconfesionales que deberían constituir un bloque organizado capaz de movilizar y responder a los problemas actuales.

¿Qué papel pueden jugar las minorías cristianas en el mundo árabe?

En Egipto y Líbano quedan significativas minorías cristianas. En Palestina, en medio siglo, los cristianos han pasado de representar un 20% a sólo ser ahora un 2%. La mitad de los cristianos se ha visto obligada a emigrar. En Siria muchos cristianos apoyan al dictador Al-Assad, bajo el pretexto de que protege a las minorías y eso puede llevar a que, cuando éste sea derrocado, la mayoría islámica reaccione en contra de los cristianos. Sin dudar, la democracia protege mejor a las minorías que cualquier dictadura. Los obispos no lo están haciendo bien. La minoría cristiana tiene mucho que aportar a la democracia en el mundo árabe, su vitalidad económica e intelectual, y su praxis de encuentro con el otro.