[Artículo publicado en alandar en enero de 2013]
Foto. Seamus Murphy.Aparición súbita de fiebre, debilidad intensa y dolor de músculos, cabeza y garganta, vómitos, diarrea, erupciones cutáneas, disfunción renal y hepática e, incluso, hemorragias internas y externas. Éste es el cuadro clínico que presenta una persona que sufra de la fiebre hemorrágica del ébola, de acuerdo con la información publicada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en agosto de 2012.

El virus del ébola provoca una enfermedad aguda grave y fue detectado por primera vez en el año 1976 después del estallido de dos brotes epidémicos al mismo tiempo, en Sudán y en la República Democrática del Congo (RDC). Desde que una persona se infecta hasta que surgen los primeros síntomas pueden pasar entre dos días y tres semanas y la tasa de letalidad, según la organización, ha variado entre el 25 y el 90 por ciento, dependiendo del brote.

Tal y como informa la OMS, “el virus es transmitido al ser humano por animales salvajes y se propaga en las poblaciones humanas por transmisión de persona a persona”. A pesar de no poder asegurarlo con total exactitud, las sospechas apuntan a que el llamado murciélago de la fruta podría ser uno de los “huéspedes naturales” del ébola y, a pesar de los avances médicos que giran en torno a esta enfermedad, no hay, por el momento “ningún tratamiento o vacuna para las personas ni los animales”.

Sin embargo, el periodista José Miguel Calatayud informaba a finales de julio de 2012 en el diario El País que, pese a la inexistencia de un tratamiento cien por cien efectivo, “científicos estadounidenses encontraron una posible cura hace dos años”. Las investigaciones en torno a esta “cura” consistieron en inyectar “fragmentos de material genético en monos infectados con una dosis 30.000 veces más potente que la cepa más letal del ébola”, la cual es mortal en el 90% de los casos diagnosticados en seres humanos. Dicha inyección curó a todos los monos, pero pasarán años hasta que se demuestre si puede ser igual de efectiva en personas.

En relación con la creación de una posible vacuna, otro equipo de expertos de Estados Unidos creó, en diciembre de 2011, la primera vacuna que “no solo consiguió proteger a un 80% de los ratones” con los que se realizaron los experimentos sino que después de un tiempo almacenada, la vacuna “sigue siendo efectiva”, frente a otros casos en donde el principal problema era la pérdida de efectividad después de un tiempo “bajo llave”, señaló Calatayud en julio. “El siguiente paso es probarla con una cepa del virus más similar a la que infecta a los humanos y, de nuevo, en el mejor de los casos, aún faltarían años hasta poder contar con una vacuna efectiva para las personas”, añadía el periodista por aquel entonces.

Por desgracia, los procedimientos son más complicados y lentos de lo que nos gustaría y más cuando la vida de personas está en juego. Aunque estos avances se materializasen en forma de vacuna o medicamentos específicos, ¿llegarían a los países africanos?, ¿a toda costa? Por el momento, la única posibilidad de evitar más muertes y de conseguir reducir el número de casos es la prevención a través de “los mensajes educativos de salud pública”. Algunas de las normas básicas recomendadas por la OMS consisten en lavarse las manos, cocer bien los alimentos antes de consumirlos, “usar guantes o prendas protectoras para manipular animales”, “evitar el contacto físico estrecho con pacientes infectados por el virus” o extremar las “medidas de precaución para evitar que las granjas de cerdos infectados por contacto con murciélagos de la fruta amplifiquen el virus y provoquen brotes.

Al mismo tiempo, este virus tiene cinco variantes que son: Bundibugyo, Côte d’Ivoire, Reston, Sudán y Zaire y, salvo la especie Côte d’Ivoire, todas han dejado varios muertos en los últimos 36 años.

Desde que empezó el año, Uganda ha sido uno de los países que se ha visto más afectado no sólo por epidemias de ébola, Marburg y cólera, sino también por “una sucesión de desastres y situaciones de emergencia como los conflictos tribales, de fronteras, luchas por el territorio, movimientos de población de otros países, incendios forestales, incendios de escuelas, granizadas, deslizamientos de tierras”, tal y como determinó la agencia de noticias Fides el pasado 22 de noviembre. Desde el mes de enero, 192.094 personas se han visto afectadas por “todas estas emergencias”, según la agencia.

De acuerdo con el centro estadounidense para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), solamente desde el año 2000, se han contabilizado once brotes de ébola en África subsahariana que han dejado cerca de 730 víctimas mortales. “Desde que se descubrió en 1976, se estima que unas 1.200 personas han fallecido por el virus del ébola, todas en África”, afirmaba Calatayud. [El brote del verano de 2014 eleva ya esta cifra en 700 víctimas más].

El mes de agosto de 2012, especialmente duro para Uganda en relación con el número de casos de personas infectadas por el virus de la fiebre hemorrágica del ébola, empezaba con al menos 16 personas muertas como consecuencia de la enfermedad. La portavoz del Minsterio de Salud ugandés, Rukia Nakamatte, declaró a la cadena de televisión Al Jazeera que Uganda estaba trabajando con el CDC y la OMS para intentar mantener bajo control la propagación del virus. Asimismo, se lanzaron programas de sensibilización masivos a través de las emisoras de radio para advertir a la gente de qué tenían que hacer para evitar el contagio.

Su homólogo congoleño, Félix Kabange Numbi, recalcó la semana pasada la importancia de la presencia y la ayuda de la OMS, la Cruz Roja, la ONG Médicos Sin Fronteras y los Centros CDC de Atlanta, en Estados Unidos, para combatir esta enfermedad, después de que el Ejecutivo declarase oficialmente el fin del brote de ébola. «Todos ellos han hecho contribuciones significativas que nos han permitido alcanzar estos resultados», afirmó Numbi citado por la televisión latinoamericana Telesur.

Finalmente, Calatayud apuntó en su momento que “estadísticamente, el número de personas afectadas por el virus es muy pequeño, pero es un patógeno tan letal que hay quien teme que incluso pueda ser utilizado para construir armas biológicas”. ¿Ciencia ficción? No necesariamente.