Jesús A. Núñez Villaverde es especialista en cuestiones de seguridad internacional y de España. La actualidad de este verano ha estado marcada por un conflicto inesperado y, a la vez, poco sorprendente, ya que parece que la violencia en Palestina no tuviera fin. A mediados de junio Israel inició la llamada “Operación Margen Protector” con bombardeos y ataques a la franja de Gaza en los que ya han muerto más de 2.000 personas. Muchas de ellas son civiles y, en un porcentaje importante, se trata de niños, niñas y jóvenes.

Dado que alandar no se publica en papel durante el verano, hemos querido abordar este tema a través de nuestra web porque nos parecía imprescindible aportar información e intentar entender mejor lo que está sucediendo en Oriente Medio. Por ello hemos querido hablar con Jesús A. Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) y profesor de la Universidad Pontificia Comillas para tener su visión como experto en conflictos internacionales.

C. ¿Cómo puede entenderse la situación que se está viviendo en Gaza, los bombardeos incesantes en los que están muriendo cientos de gazatíes?

J. A mi juicio se reduce todo a una idea: Israel quiere cortar la hierba antes de que crezca demasiado, esa hierba es, por supuesto, la capacidad operativa de los combatientes palestinos de Hamas: destruir sus bases de cohetes para que no puedan alcanzar territorios israelíes, su capacidad de mando y operación. No busca una solución militar definitiva que no existe, sino que busca cualquier disculpa para conseguir los objetivos antes expresados. Siempre encuentra una: los tres adolescentes secuestrados y asesinados, los cohetes que, a veces, alcanzan su territorio… La solución militar definitiva sería una operación de ocupación masiva del territorio, una lucha casa por casa, pero eso tendría un coste muy alto en soldados israelíes muertos o capturados que su propia opinión pública no toleraría. Lo que está ocurriendo es un «dejà vu», la misma historia reciente que vimos en 2008 y en 2012.

Un manifestante muestra un mapa de la evolución política de los Territorios Palestinos. C. Pero, esta vez, ¿no parece una ofensiva más dura?

J. No, no lo creo, es una historia repetida: bombardeos aéreos, navales, artillería y, si con esto no consigue sus resultados, alguna incursión sobre el terreno, pero nunca una operación terrestre masiva. Ahora sí, tampoco tienen mucho tiempo, tienen que golpear duro, debilitar a Hamas hasta unos límites que consideren aceptables.

C. ¿Por qué dice que tienen poco tiempo?

J. Primero, porque, como he comentado antes, este conflicto no tiene solución militar por parte israelita y menos por parte palestina pues, aunque Hamas tiene más y mejores cohetes, más de un 90% son detectados y destruidos por las baterías israelíes. Pero algo muy importante además es que necesitan el respaldo incondicional de EEUU y los estadounidenses ya tienen a su Secretario de Estado, John Kerry, en la zona e Israel cuenta con el margen de maniobra que EEUU le permita. De hecho, EEUU es el único actor con la fuerza suficiente para que se pactara una tregua, el que podría presionar al gobierno de Israel para que parara y ésa es la ventana de tiempo de la que hablábamos antes: cuando juzgue el Gobierno estadounidense que la situación es inaceptable.

Niños gazatíes tras una alambrada. C. ¿Quién podría intentar cambiar el rumbo de esta estrategia: la Unión Europea, los países árabes, la ONU?

J. Por el lado de la UE, críticas, llamadas a la paz pero, en definitiva, “bla, bla, bla”. Por el de los países árabes más críticas y “bla, bla, bla”… En cuanto a la ONU, su Consejo de Seguridad es el único capaz de sancionar a Israel por unas actuaciones que causan centenares de muertos, casi todos civiles (niños, mujeres, ancianos…), pero el veto de EEUU ha hecho imposible cualquier avance en este sentido. Sólo desde dentro de la propia sociedad de Israel podrían considerar inaceptable esta estrategia. Pero no hay atisbos de cambio en el electorado israelí y, de hecho, sus votantes cada vez se posicionan más a la derecha o ultraderecha. Esto quizá merezca una explicación: la ley electoral en Israel da mucho peso a las minorías religiosas ultraortodoxas, a los colonos de los asentimientos en los Territorios Palestinos, todos ellos en contra de los derechos de la población palestina y partidarios de cuanto más mano dura mejor. De esta forma sus votos, de hecho, siempre son la bisagra para el poder, chantajeando permanentemente a los gobernantes de turno, esto sin obviar lo antes dicho de una polarización de los votantes hacia la derecha.

C. Es decir, parece que la Comunidad Internacional poco o nada puede hacer. ¿Y España?

J. España no cuenta. Hay alguna reacción diplomática tibia, pero el Gobierno está en otras cosas. Hay algunas manifestaciones en la calle en diversas ciudades, pero tampoco masivas… Todo muy irrelevante.

Dos soldados israelíes en la Franja de Gaza. C. ¿Cuál cree que es el prisma desde el que mirar esta situación tan espantosa?

J. Creo que la única mirada posible es desde los derechos humanos. Este es un conflicto en que se violan sistemáticamente la Carta Internacional de Derechos Humanos, los derechos humanitarios, la legalidad internacional, etc. Si Hamas los viola, habrá que decirlo, si los viola Israel, asimismo. Pero la potencia ocupante es más responsable. Hay que entender que Israel viola la legalidad como potencia ocupante de los Territorios Palestinos desde hace décadas. Sin el final de la ocupación no hay salida política posible (ya vimos que tampoco militar). Esta violación sistemática de la legalidad internacional y de los derechos palestinos más básicos está, por otra parte, desmoronando la sociedad israelita, sus principios éticos y morales, su propia normativa religiosa. De nuevo, volvemos a lo que podría significar para este conflicto encastrado, una reacción masiva de la sociedad de un Israel que se ve a sí mismo como la única democracia estable en esa región del planeta.