El director David Trueba acaba de presentar su película «A este lado del mundo» y responde a las preguntas de Alandar tras su visión de la experiencia migrante y la desigualdad.

Por José Miguel Aragón

La acción de tu película se sitúa, prácticamente en su totalidad, en la ciudad de Melilla, territorio de la frontera sur no solo de España sino también de Europa en general. ¿Qué significado crees que tienen las fronteras hoy?

Es algo muy sorprendente. La famosa globalización ha significado el comercio mundial sin barreras. Sin embargo, para las personas, la cuestión ha empeorado. Los ricos se separan de los pobres de una manera física, idéntica a la de siglos atrás. Por eso las fronteras se perpetúan, porque la gente necesita sentirse de un sitio, la famosa identidad nacional, y de ahí nacen los miedos a que se mueva el paisaje que conocen. Ojalá nos importara más el destrozo que han hecho de nuestros paisajes naturales, pero sin embargo, lo que nos perturba es que cambie el paisaje humano que conocemos. Me temo que las fronteras no han hecho más que solidificarse y convertirse en más inexpugnables.

Los personajes de tu película parecen acercarse al tema de la inmigración desde posiciones muy diferentes, ¿Cómo crees que se acerca a la cuestión migratoria el ciudadano medio español?

Era precisamente lo que quería contar en ‘A este lado del mundo’. La versión del español medio, que ve una necesidad que haya controles en la frontera, pero tampoco quiere saber que se anulan los derechos humanos y la dignidad de los que intentan entrar. Es muy contradictorio, te diría que irresoluble. Precisamente es lo que me interesa, recordarle a la gente que ciertos conflictos no tienen solución y por lo tanto los que venden fórmulas mágicas son unos mentirosos. Pero hay que mostrar esa complejidad, si no, todo es especulación a distancia, hablar de las personas como si fueran números.

Has decidido asumir cierta distancia, al menos eso parece, en cuanto a juzgar las actitudes de los personajes en la película. Sin embargo, ¿cómo calificarías la actitud institucional, las leyes de asilo y protección o la propia Ley de Extranjería desde el punto de vista de los derechos humanos?

A mí en las películas no me interesa mostrar otra cosa que personas, con sus complejidades, sus defectos, sus virtudes. Las personas viven bajo las leyes y las normas y las cambian con su presión personal sobre la autoridad. Creo que en los asuntos migratorios hay que atender a los miedos de las personas en sus barrios marginales y las periferias, que es donde van a parar la mayoría de los emigrantes. Pero con eso en nuestra mente, no podemos tolerar que para defender la democracia, apliquemos al resto del mundo leyes injustas, que les neguemos sus derechos humanos, su derecho a mejorar, a progresar. Es ahí donde estriba el conflicto moral y la respuesta tiene que ser personal. Cada uno tenemos que marcar lo que se puede hacer en nuestro nombre y lo que es intolerable, aunque se practique bajo la coartada de que nos protegen. Yo no toleraría que al ladrón que me roba la cartera le corten la mano. Hemos evolucionado un poco, espero. Pensemos que la política migratoria tiene que evolucionar.

Me he encontrado mucha resistencia por parte del mundo de la tele y el cine ante la idea de que los africanos no sean tratados como meros personajes secundarios, les perturba que protagonicen algo.

Zidane, uno de los actores que reclutaste para la película, no es actor profesional. Se diría que representa algo parecido a su propia historia o la historia de otros como él. ¿Cómo fue la experiencia de trabajar con él?

Es un tipo muy sano, es como un adolescente español, le gusta el deporte, el móvil, la vida. A los actores les vino muy bien tener tanta verdad enfrente. El transporta su vivencia durísima en los ojos, pero la alegría le asoma también. Es tan agradecido con la asociación que le ha ayudado a vivir, que se emociona cuando habla de ellos. Me cayó muy bien y me pareció ideal para el papel. Yo trabajo de manera habitual con gente no profesional y con él lo hice igual, en lugar de aplastarlos con el guion y la puesta en escena, me pongo al servicio de sus cualidades. Trato de lograr lo que busco, pero con todo lo que ellos pueden sumar. El personaje era sencillo, breve, pero me di cuenta de que era capaz de hacer muchas más cosas. De hecho quiero hacer algo más con él, pero me he encontrado mucha resistencia por parte del mundo de la tele y el cine ante la idea de que los africanos no sean tratados como meros personajes secundarios, les perturba que protagonicen algo.

Existe, seguramente, una sobreinformación mediática sobre ciertos aspectos de la inmigración que contribuyen a criminalizar a las personas migrantes. La experiencia positiva de Zidane, (no todo el mundo participa en una película a las órdenes de un director como David Trueba) llama la atención por contraposición a esa sobreinformación mencionada. ¿No te parece que se hace necesario, también desde el ámbito de la creación cultural, aportar otras perspectivas a este debate tan condicionado?, ¿Podrías aventurarte a indicar por dónde podrían ir?

Es fundamental que las noticias sobre inmigrantes no sean todas interesadas versiones de robos y violaciones. Son mayoritariamente gente honesta, con principios, que busca un futuro. El discurso de los medios es a veces involuntariamente racista, lo que llamamos la crimigration, resaltar el origen cuando no es español un delincuente. La ficción tiene que incorporar este conflicto al día a día natural de nuestro mundo. No desde el paternalismo ni la fantasía Disney del niño negrito de ojazos grandes ni el discurso políticamente correcto de una fantasía bienpensante, sino desde la presencia conflictiva en nuestra mundo desarrollado.

‘A este lado del mundo’, el título de tu película,  parece querer indicar que hay una línea que separa dos humanidades diferentes. ¿Cómo imaginas que esa línea va a evolucionar en el futuro?

Sí, hace referencia a esa lotería por la que naces en un lado o en otro. Creo que el mundo evoluciona con lentitud, pero siempre hacia los avances sociales. Lo que era tolerable hace 50 años, hoy es vomitivo. Ha pasado con los niños, las mujeres, los distintos. Confío en que África y Latinoamérica sean capaces de crecer con orden y acierto político. En África han surgido países que empiezan a estar bien gobernados, que avanzan. Es ahí donde vamos a frenar la emigración, en el origen, jamás en la frontera o en la costa. Ahí solo podemos ayudar y ofrecer dignidad a quien no la ha encontrado en su propio país. Por supuesto que no cabemos todos, pero los que entran comprando su visa no parecen molestar tanto. Es el odio al pobre, lo que se masca en el fondo de tanta demagogia política. Ese discurso se ha demostrado fallido en los países donde ha alcanzado cierto poder. Espero que eso sirva de ejemplo.

Unas declaraciones tuya en la presentación de la película en  el festival de Málaga en las que venías a indicar que el problema no era la inmigración sino la pobreza de los migrantes provocaron un cierto debates en redes. Algunos activistas antirracistas se pronunciaron en desacuerdo al defender que existe un racismo institucional y social que si discrimina por el color de la piel y que no reconocerlo contribuye a perpetuar la desigualdad de los colectivos racializados. Ponían de hecho ejemplos de deportistas famosos y ricos que han sufrido ataques y vejaciones racistas. ¿Podías explicarnos tu posición frente a estas objeciones?

Sería estúpido pensar que yo negaba con mis declaraciones el racismo de facto por ser distinto. El significado de mi frase es muy sencillo, hablaba de las leyes migratorias. En ellas, el dinero lo resuelve casi todo. Cuando vivía en los Estados Unidos aprendí que a los actores famosos y a los deportistas famosos de origen afroamericanos, los ciudadanos blancos no los percibían por su color, sino por su éxito profesional. Es exactamente a lo que hacía referencia. Aquí también pasa y jamás se habla de ello. Cuando le dicen a alguien en España que es racista inmediatamente alega que no es así, porque tiene amigos negros. A eso me refería. Pero bienvenida sea toda polémica si sirve para debatir y llegar a un conocimiento más profundo de lo que falla. No le temo a la polémica, a los que temo es a los que están convencidos de tener razón y no quieren escuchar a nadie que piense distinto.