La Marcha de la Dignidad del 22-M a su paso por LeganésEstoy segura de que muchas personas de las que leéis estas líneas tenéis experiencia directa, como yo, de lo que el pasado 22 de marzo vivimos. A pesar de todo -y después de ver y oír la manera sesgada, parcial e injusta de narrar, por parte de la mayoría de los medios de comunicación, lo que allí pasó de verdad masivamente- quiero aportar mi granito de arena narrando mi experiencia. Yo estaba decidida a viajar desde Sevilla y otra amiga y yo nos pusimos de acuerdo para unirnos a la pancarta que las ONG habían consensuado: Los derechos serán globales o no serán. Habían quedado a las 16:30 h en el Museo Reina Sofía para integrarse desde ahí en la manifestación.

En el tren hicimos un largo rato de silencio orante, queríamos vivir este momento desde nuestra fe y vocación. Era una manera para nosotras de estar, como nos enseñó Pedro Poveda, “con la cabeza y el corazón en el momento presente”, queriendo unir nuestra voz y nuestras personas al grito de tanta gente que en este momento lo está pasando tan mal, que sufre intensamente las duras consecuencias de esta crisis y no se siente escuchada. Nos animaba también a estar ahí en la protesta las palabras del papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: “Hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata”.

Llegamos a la estación de Atocha a las 13:15 procedentes de Sevilla. Al llegar ya vimos la estación llena de policías pero, por lo demás, todo muy tranquilo. Al salir a la calle nos quedamos perplejas por la marea humana que, pacífica y lúdicamente, bajaba hacia la Castellana. Era ya a esa hora una inmensa riada humana.

Como era pronto para la hora de la concentración en el lugar estipulado, nos fuimos hacia Colón para observar, leer las pancartas, acoger con estremecimiento una multitud reclamando reconocimiento de nuestros derechos, cada día más menguados, si no ya arrebatados: salud para todos, educación pública de calidad, trabajo, derecho al agua, a la cultura asequible, a unas pensiones dignas, diciendo NO a los desahucios, replanteamiento de la deuda que los ciudadanos no hemos adquirido, NO a la política de los recortes, denunciando la corrupción, la injusticia, los engaños de las preferentes… Un sinfín de causas con las que nos sentíamos profundamente identificadas.

A la hora prevista, las 16:50 más o menos, nos unimos con nuestro grupo a una marcha en ese momento ya muy compacta, encabezada por el lema que ya os he dicho.

Mientras caminaba, ya a esa hora con cierta dificultad, porque el paseo central de la Castellana estaba lleno, me preguntaba: ¿Pueden, impunemente, nuestros gobernantes no hacerse eco de este grito masivo? ¿Pueden seguir ignorando el profundo descontento, desesperación de tanta gente, dolor, sufrimiento, desencanto? ¿Se creen de verdad que amordazando a los medios, manipulando la información,
nos van a callar o a engañar? Si se lo creen, en muy poca consideración nos tienen.

¿Con qué público nos encontramos? Lo habréis visto, la ciudadanía entera estaba en la calle: niños, llevados a veces a cuestas por sus padres y/o madres, otras en carritos; adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, cada persona con sus quejas y reclamaciones escritas muchas veces a mano, en cartones y pancartas caseras.

Una de las pancartas de la Marcha por la Dignidad 22-M llegando a Cibeles. Una enorme representación de todas las mareas ciudadanas, (la de la salud, educación pública, servicios sociales, mineros, los jubilados del colectivo “Yayoflautas”), muchísimos colectivos y grupos con sus pancartas y banderas, con instrumentos musicales, peticiones y reivindicaciones de sus comunidades autónomas, incluso personas que habían venido de Portugal, países vecinos… Entre nosotras comentábamos con indignación: ¿esta es la gente radical de extrema izquierda y de “Amanecer Dorado” de la que habló Ignacio González, el presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid? ¡Qué desprecio a la ciudadanía! Miles y miles de ciudadanas y ciudadanos cantando, bailando en una fiesta de la dignidad.

También nos impresionaba ver a muchas personas agotadas, con los pies heridos, vendados de muchos días (algunos casi un mes) de unas largas y penosas marchas por todo el país, pero felices al ver un éxito tan clamoroso de la manifestación, mientras comentaban enfadados el apagón informativo tan vergonzoso que esas largas y nutridas marchas han sufrido. Muchos sentimientos y preguntas se me agolpaban: ¿quién o quiénes han provocado ese silencio informativo? ¿Casualmente se pusieron de acuerdo los medios generalistas de comunicación para apenas dar información de esas marchas sin precedentes en nuestro país por su extensión, amplitud y número de personas implicadas? Mucha más cobertura tuvo la marcha de los mineros -y de ello me alegré en su momento- pero… ¿por qué han silenciado este gran movimiento ciudadano? Mal presagio para la libertad informativa.

Me uní de corazón a sus denuncias y protestas. ¿Se puede soportar, sin indignarse, este apagón informativo? ¿Podemos callarnos sin denunciar los registros masivos de los más de 100 autobuses que venían de distintas ciudades y que fueron detenidos dos y tres horas y que casi no llegan a tiempo a la manifestación? ¿También era casualidad? ¿Por qué esto no lo dicen los medios de comunicación y el gobierno no nos da una explicación de por qué han subido a registrar una por una a cada persona como si fueran delincuentes o terroristas?

A medida que pasaban las horas se me ponían los pelos de punta al ver el gentío impresionante por la Castellana, no sólo el pasillo central sino también por las calles laterales abarrotadas. Ya no se podía bajar a la Castellana, Colón a tope…Eran las 18:30 y nosotras habíamos logrado llegar a la Plaza de Colón pero, por los laterales, la marcha ya no podía seguir avanzando y la organización nos pedía dejar espacio a los que estaban aún casi en Atocha…

Todo el tiempo recorrimos la Castellana en un clima cordial, de cooperación, alegría por la magnifica respuesta ciudadana, baile, cantos acompañados con las músicas que las diversas comunidades autónomas habían traído, gaitas, tambores, trompetas, panderetas, bombos…También, por supuesto, vimos mucha hartura, cansancio, desesperanza por las pocas perspectivas de futuro…

La columna noroeste bajando por la Gran Vía en el 22MA las 19:40 más o menos, muchísimas personas comenzamos a dejar la plaza por un lateral para que el resto de la manifestación pudiera llegar.

A las 20:00 el final de la manifestación aún estaba llegando a Cibeles y el tramo central de la Castellana, completamente abarrotado.

Cuando, al día siguiente o esa noche, oímos que la policía hablaba de 30.000 o 50.000 personas, las personas que habíamos asistido no sabíamos si reír o llorar. ¿Qué manera mentirosa de contar era esa…?. Recordamos que cuando vino el papa se llenó Colon y las cifras oficiales hablaban de medio millón de personas. ¿Se achicó la plaza este día 22 y por eso abarrotada éramos “tan poquitos”, sin contar la marea humana que no lograba llegar a Colón? Igual lo que pasaba, una vez más, era que se ofrecía una cifra “sin contar mujeres y niños”. La prensa extranjera hablaba ya de dos millones de personas.

Muchas personas comentaban -y yo misma soy testigo de ello- que habían asistido a muchas manifestaciones multitudinarias en Madrid, pero como ésta ninguna; quizá tengamos que hacer de nuevo lo que hicimos en otros tiempos que creíamos pasados: acudir a la prensa extranjera para saber qué pasa en España. Menos mal que aún nos quedan las redes sociales, Internet y algún periódico y programa televisivo no comprado por el sistema.

A las 20:00 por la Castellana seguía la manifestación en el mismo tono festivo, ingenioso, la marea verde nos deleitaba con una batucada estupenda, nada presagiaba una lucha campal…

Yo ya no estaba en Colón cuando empezó “la batalla” campal que he visto después por televisión. Pero sí había participado desde las 15:15 hasta las 21:15 que cogimos el tren de vuelta sin el menor incidente y me indigna sentir cómo nos han insultado diciendo, como lo han hecho periodistas y emisoras de radio y TV, que ésta ha sido “la marcha de la indignidad”… ¿De la indignidad de quién?

Ciertamente el ver algunas de las imágenes de violencia, al día siguiente, me produjo mucho dolor y vergüenza. Ciertamente condeno toda violencia, venga de donde venga. Pero igualmente he sentido indignación y vergüenza al ver cómo muchos medios y personas de relevancia identifican la manifestación con un grupo muy minoritario de personas (que sería urgente saber quiénes han sido) que han provocado los altercados finales muy lamentables.

Cargas al final de la manifestación del 22MDe todos modos también he visto, solo por las redes sociales, otros vídeos de particulares, de igual contundencia o más, por parte de la policía y no es justo que sólo se informe de una violencia. Incluso hay quien duda, viendo otras imágenes, de quién y cómo empezó la batalla en la Plaza de Colón, no en los aledaños. Hay muchos vídeos en las redes que se pueden ver y cada persona puede sacar sus propias conclusiones. Os invitamos a verlos, algunos son muy expresivos de cómo miles de personas cantan en la plaza pacíficamente, desde el estrado se pide a la policía que no dispare, que la concentración aún no ha terminado y ellos comienzan a disparar a diestro y siniestro bolas de goma y gases. ¿Por qué eso no lo ponen las televisiones públicas si están corriendo como pólvora por las redes sociales? En mi Facebook he colgado algunos, por justicia con todo lo que allí pasó.

Sí sabemos ahora, por personas que estaban allí, que la policía les obligaba, a la fuerza, a terminar la concentración a las 21:30. Pero nos preguntamos: ¿en qué cabeza cabe que si la cola de la manifestación estaba entrando en la plaza hacia las 20:45 y ésta está repleta de miles de personas, va poder desalojarse a las 21:30? ¿Tan terrible era dar tiempo a que, lentamente y sin presión, ni bolas de goma, ni gases lacrimógenos se fuera desalojando Colón en clima de diálogo? ¿O, quizá, había que cumplir el guión previsto y anunciado y demostrar que ahí estábamos la izquierda radical, antisistema o de Amanecer Dorado, como habían dicho algunos?

Muchas dudas y sospechas nos surgen a quienes vivimos un día lleno de alegría porque la “mayoría silenciosa” dejaba de estarlo y decíamos NO a una política neoliberal que está provocando un creciente abismo entre ricos y pobres, una cada vez mayor desigualdad de oportunidades entre unos y otros, el dolor y desesperación de ver a tantas familias hundirse en la pobreza. Sólo hace falta volver a leer el último informe de Caritas España o de Intermón Oxfam. Allí nos encontrábamos muchísimas personas que no queremos que esta situación siga así, que defendíamos los derechos de todos y, sobre todo, gritábamos por los que peor lo están pasando, muchos de ellos ni siquiera podían estar allí.

¿Es casualidad que la misma prensa que silenció un mes de marchas y que el mismo día 22 ignorase en todas las portadas de los periódicos lo que estaba pasando se haya volcado después en ofrecer fundamentalmente las imágenes de una minoría de encapuchados y radicales (que muy probablemente no pertenecían a la manifestación)?

¿Fue un puro error informativo que se hayan presentado a bombo y platillo unas “armas” de lo manifestantes que después tuvieron que reconocer que no eran de ellos? Las televisiones que mostraron esas “armas” con todo lujo de detalles, ¿han dedicado el mismo tiempo a desmentirlo?

La policía en la calle Alcalá al terminar la Marcha por la Dignidad del 22MNo, no es casualidad, ya sabemos que dos o tres multinacionales dominan todos los medios de comunicación y éstos dependen de la financiación y órdenes de los poderes establecidos. Por eso cada vez , al menos yo, tengo más claro que hay que buscar informaciones alternativas.

Repruebo y lamento, de verdad, todo acto violento (venga de donde venga) pero la desproporción en “la batalla” era abismal. Había más de mil policías llenando las calles con sus armas, chalecos antibalas, cascos, escudos, gases lacrimógenos, que sabemos han usado.

No sabemos quiénes eran esas minorías violentas, necesitamos por el bien de todo el mundo que sean identificadas y que se sancione la violencia innecesaria y desproporcionada por ambos lados.

Quería compartir con vosotras y vosotros de primera mano mi experiencia. Quizá otras personas tenga otra distinta o quizá sólo se queden con lo que algunos medios de comunicación han querido contar, distorsionando lo mucho bueno que allí vivimos.
En estos días siguen en Madrid, aunque la muerte de Suárez llene todos los espacios y ya no quede tiempo para otras noticias, muchas personas reuniéndose y expresándose. Siguen defendiendo nuestros derechos y dignidad, pidiendo un cambio en las políticas económicas, sociales, judiciales… Muchas otras hemos tenido que venirnos a nuestras ciudades, de vuelta a nuestros quehaceres cotidianos. Desde estas líneas también quiero decirles un GRACIAS DE CORAZÓN a quienes, valientemente, siguen ahí defendiendo lo que es “común” y, sobre todo, os grito: ¡No os dejéis provocar, no perdáis los nervios, no uséis la violencia! ¡Esa lucha no violenta es vuestra fuerza!

¡No estáis solos! ¡No estáis solas! Somos muchas las personas que os apoyamos en vuestras reivindicaciones justas desde nuestras ciudades y siguiendo vuestras vicisitudes, nuevos golpes y mal trato que ya he visto que seguís recibiendo, a través de las redes sociales.

También queremos hacer llegar nuestra condolencia y cercanía a todas las personas heridas en estos enfrentamientos (policías, manifestantes, periodistas). Éste no es el camino. Hay mucha crispación, frustración, descontento, la vivimos muchas personas como una bomba de relojería, si no se escucha y no se dan cauces y soluciones, la violencia puede estallar de un modo incontrolado.

Queremos animarnos a construir una “paz que se bese con la justicia”, como dice el salmista. El camino de la denuncia y protesta, de la ciudadanía, y de la policía, necesita unirse al camino de la justicia, la misericordia, el perdón y la reconciliación, ese sendero es el que, al menos, yo quiero caminar.

Deseo de corazón que esta comunicación sirva para ello.