Este encierro me ha cogido en la playa. No he huido de Madrid, me vine el 25 de febrero y cuando estaba a punto volver a la gran ciudad se han empezado a tomar todas las medidas de aislamiento. He decidido prolongar mi estancia en la playa sin fecha de regreso. Cuando se está en estas circunstancias de confinamiento tener como horizonte el mar y no los tejados de la ciudad, lo hace bastante más llevadero.

Atardecer en la playa

Quienes me conocen un poco ya sea por las redes o personalmente, saben que desde hace años colaboro con la Fundación Luz Casanova donde trabajamos con dos sectores de población especialmente vulnerables: las personas sin hogar y las mujeres víctimas de la violencia machista. Por eso desde los primeros momentos no he dejado de pensar en todos ellos: quienes acuden a nuestro Centro de Día en busca de un lugar donde poder pasar las horas, acceder a una ducha, lavar la ropa y poder tener un plato de comida caliente. Para muchas y muchos, después de las horas que pasan en el Centro les espera la calle. Por eso desde que se empezó a mover el hashtag #QuédateEnCasa no podía olvidarme de todos los que quisieran y no pueden quedarse en una casa, porque no la tienen. No pueden lavarse las manos y tener las medidas mínimas de higiene porque no tienen un grifo o una fuente a la que acceder… Son los que más van a sufrir la crisis, otra vez los mismos.

En estos años me he encontrado con mujeres víctimas de la violencia machista. Muchas me contaban que el momento más temido era cuando oían la llave de su marido o compañero en la cerradura de la puerta. Entonces se habían acabado las horas de paz y sosiego y llegaba el miedo y el terror al hogar. Sabemos que en los tiempos de vacaciones y mayor convivencia es cuando más se incrementa la violencia contra las mujeres y, en muchos casos, los asesinatos. Pues ahora estás mujeres están confinadas con su maltratador en sus casas. Si no hacemos nada estás violencias crecerán con el aislamiento, como ocurrió en China. «Si estás en casa y sientes que tu seguridad no está garantizada, llama a la policía. El virus no es una excusa para la violencia doméstica» es lo que se podía leer en uno de los carteles que Free Chinese Feminists, un colectivo en defensa del feminismo en China, empezó a subir a sus redes sociales a principio de este mes. Ojalá que en este aislamiento forzoso que tenemos no seamos indiferentes ante las posibles alarmas de violencia que podamos detectar. Quienes ejercen las violencias deben tener todo nuestro rechazo y nuestra denuncia.

Siempre, muchas veces, me he sentido una privilegiada en este mundo que me ha tocado vivir, ahora aún me siento más: estoy frente al mar, acompañada, bien acompañada, en una casa que nos permite organizar nuestros paseos, cortitos, pero paseos y tengo las principales necesidades básicas cubiertas. Lo dicho una privilegiada, pero privilegiada que no quiere nunca jamás olvidarse de los más vulnerables de nuestra sociedad.