Foto. Charo MármolHace unos años, estábamos comenzando el siglo, tuve que visitar el hospital Carlos III. En aquel entonces estaba realizando junto a Carmen Sarmiento la serie para TVE de “Los Excluidos”. Viajamos a unos cuantos países de América Latina, África y Asia. De todos aquellos países nos trajimos en nuestras maletas recuerdos y regalos para no olvidar a las gentes y las experiencias que allí habíamos vivido. No sabíamos que en nuestro equipaje traíamos algo más que lo que voluntariamente habíamos adquirido: algún parasito viajero que luego nos visitaba y nos acompañaba por un tiempito. Los más entendidos en esta materia me aconsejaron ir al Hospital Carlos III y visitar al doctor Sabino Puente. Y allí que fui. Al llegar me encontré con una sala de espera llena de color, predominaba el negro, el negro de los africanos y africanas que esperaban pacientemente a que el doctor Puente les recibiera. La espera era larga porque el doctor Puente les dedicaba todo el tiempo necesario, sin las prisas de los cupos de consulta y los tiempos restringidos. Les acompañaba a hacerse las pruebas, análisis, radiografías… y a algunos, he sido testigo, les pagaba el bocadillo en la cafetería porque no tenían con qué desayunar.

Después he vuelto en varias ocasiones acompañando a amigos, compañeros, familiares… y la realidad con la que me he ido encontrado ha sido la misma: inmigrantes, algún misionero o misionera, algún cooperante y turistas que, al igual que yo, se habían traído algún recuerdo no deseado.

Sabino es un hombre entrañable, cuando le conoces crees que te trata de una manera especial por ser tú, hasta que descubres que trata de una manera especial a todo aquel que se dirige a su consulta y requiere de sus servicios. Su jornada comienza a los ocho de la mañana. El está allí antes de esa hora. Los que le conocemos ya lo sabemos y también sabemos que, si lo necesitamos de veras, el hará un hueco para poder vernos a lo largo del día. No escatima ni un minuto de su tiempo para sus pacientes, que pronto acaban convirtiéndose en amigos.
Charo Mármol con Sabino Puente durante su entrevista para alandar
“La Unidad de Medicina Tropical del Hospital Carlos III pertenece al Servicio de Enfermedades Infecciosas y se creó a principios del siglo XX, cuando España tenía colonias en el extranjero y era necesario tratar de enfermedades exóticas a los que viajaban a estas zonas de África y América. En aquel entonces la Unidad estaba ubicada en el famoso Hospital del Rey, antecesor del actual Hospital Carlos III y del que heredó toda su experiencia en esta materia”. Podemos leer en la web del Portal de Salud de la Comunidad de Madrid. Es a este hospital del Rey al que Sabino llega en 1974 y donde comienza su contacto con la medicina tropical. “No tenía el volumen de ahora pero ya se veían bastantes casos de emigrantes y viajeros”, nos cuenta. “Cuando empecé ya había médicos con bastante tradición en la medicina tropical, entre otros el doctor Gregorio Baquero. Me empecé a relacionar con ellos, con los parásitos, con la clínica… le cogí gustillo y ‘me entró el gusanillo’, nunca mejor dicho en un lugar como este”, añade sonriente.

En 1991 viajó por primera vez a Guinea, donde ha vuelto en repetidas ocasiones y con quien mantiene una relación muy especial. “Yo he viajado a Guinea muchas veces, pero la que ha pasado por aquí ha sido casi toda Guinea Ecuatorial”.

“Me siento muy en sintonía con África en general y tengo que decir que me siento más africano que Europeo” afirma con convencimiento. “Allí he encontrado personas que me han enamorado. Me impresiona sobre todo el respeto que tienen a sus ‘viejos’, a sus mayores. El sentido de la familia, lo acogedores que son, lo que tienen lo comparten y si no tienen nada comparten una canción, una sonrisa y eso es lo que me tiene enamorado de África y sus gentes y de ahí nace esta relación especial con ellos. Aquí hemos perdido muchas de estas cosas”, continúa diciendo.

pag24_personal3_web.jpgCuando hacemos esta entrevista las calles de Madrid, un día tras otro, se ven envueltas en una marea blanca de hombres y mujeres que claman por una sanidad pública. Al llegar al Carlos III lo primero que llama la atención es la falta de pacientes: no hay africanos, ni africanas, no hay cooperantes, turistas ni misioneros o misioneras, no hay pacientes… En medio del hall hay un féretro y en él descansa, aunque no con mucha paz, la sanidad pública. La velan, pacientemente, médicos, enfermeras… el personal del Carlos III que ve peligrar el futuro de este hospital. No son sus puestos, aunque alguno de ellos es posible que no vea renovado su contrato; lo que en estos momentos les preocupa es la atención que este hospital está desempeñando desde hace tanto tiempo.

“Aunque son muchas y extrañas las enfermedades que se diagnostican en la Unidad de Medicina Tropical del Hospital Carlos III, la que los expertos consideran más grave es el paludismo, también conocido como malaria. Actualmente el Hospital Carlos III diagnostica y trata alrededor del 40% de los casos de paludismo que se dan en la Comunidad de Madrid. El centro cuenta con parasitólogos expertos en malaria y el hospital dispone de Servicio de Urgencias para casos graves de paludismo abierto las 24 horas y con capacidad para realizar un estudio de malaria de forma inmediata”. Esto lo podemos leer en el Portal de salud de la Comunidad de Madrid y a esto hace referencia Sabino cuando comenta que, si el cierre del Carlos III se hace por motivos económicos, esto es un contrasentido. La experiencia acumulada durante todos estos años les ayuda a realizar un diagnóstico rápido, a veces con unas pocas preguntas, en casos que de otra manera pueden pasarse un largo periodo de tiempo haciendo pruebas innecesarias.

Sabino se queja del poco tiempo que pueden dedicar a la investigación: “Estamos pensando en meternos en algunos proyectos, somos un equipo de seis personas, pero estamos dados a la asistencia al cien por cien y no sobra tiempo para la investigación” Esto se une también al tema de los recursos económicos. “No se dan recursos para estas enfermedades porque no afectan generalmente a la población del Norte, son las enfermedades olvidadas”. Hay una enfermedad prototipo que es el Mal de Chagas, que afecta a América Latina, especialmente a Bolivia, donde una alta incidencia de este mal, “sin embargo, no se dedican recursos a su estudio hasta el punto que el laboratorio que comercializaba los medicamentos lo vendió a otro laboratorio y hemos estado un año sin poder administrar ningún medicamento a los pacientes con esta enfermedad”.

“En la industria farmacéutica el producto o es rentable económicamente o no se hace. Si el VIH no hubiese afectado a todo el mundo seguramente no se hubiese investigado”. Hoy por hoy hay fármacos y el SIDA se ha convertido en una enfermedad crónica, “aunque hay muchas personas, sobre todo en los países del Sur, que no tienen acceso a estos medicamentos, convirtiéndose en una enfermedad mortal cuando aquí ya tiene su tratamiento”.

Y con la mente puesta en todas las personas que tal vez en un futuro cercano no podrán acceder a esos tratamientos a causa de los recortes, terminamos nuestra conversación con la esperanza de que el Carlos III siga prestando el servicio cómo lo ha hecho hasta ahora.