Foto. J. I. Igartua.En la reciente conferencia sobre el cambio climático celebrada en la ciudad sudafricana de Durban se puso de manifiesto que cada año mueren unas 350.000 personas como consecuencia de los desastres producidos por la crisis climática. La mayoría de esta escalofriante cifra son mujeres, niños y niñas pequeñas. Todo el mundo, más o menos, sabe cómo ha terminado dicha conferencia.

Una rápida deducción de la citada cantidad nos llevaría a pensar que las mujeres son más vulnerables a este tipo de situaciones, también a la pobreza o la violencia. Pero Teresa Munguía, asesora del PNUD y experta en medio ambiente y enfoque de género, hace inmediatamente una acotación a esta deducción señalando que “efectivamente, muchas veces se dice que las mujeres son víctimas del impacto ambiental, de la pobreza o de la marginalidad y por lo mismo son vulnerables, pero las mujeres como tal no son vulnerables, son las condiciones de vida que tienen lo que las acerca a esa vulnerabilidad, porque no desarrollaron habilidades y capacidades para poder sortear ese impacto ambiental”.

Hablar con la mexicana Teresa Munguía supone recibir una constante lección sobre degradación ambiental, género, amenazas humanas y muchos temas más. Esto es lógico, por otra parte, teniendo en cuenta que es profesora en la Universidad de Yucatán, en donde además desarrolla una amplia labor de implicada asesoría en todos aquellos temas vinculados a la promoción de la mujer. Aquí también vuelve a hacer una acotación indicando que “cuando hablamos de enfoque de género no hablamos de mujeres, sino que implica analizar cuáles son las construcciones socioculturales que hay en relación al cómo nos hemos formado las mujeres y los hombres desde las relaciones familiares, educativas, políticas… que al final determinan los roles de comportamiento diverso y que han desembocado en la desigualdad que existe entre mujeres y hombres”.

Toma de decisiones

La brecha de género se da porque muchas mujeres viven la marginalidad en términos de acceso a la toma de decisiones, a la tierra, al uso de los recursos naturales. Reconoce Teresa que en su país hay comunidades en las que las mujeres han podido tener un proceso de “empoderamiento” muy fuerte y han sido líderes, pero en otras siguen sin poder salir de casa para formar parte, por ejemplo, de las asambleas comunitarias. Sabe que tiene que pasar tiempo para acabar con esta brecha, pero asegura que “tiene que haber un proceso de ‘empoderamiento’ fuerte para que las mujeres tomen la decisión sobre qué quieren hacer de su vida y qué quieren hacer en el territorio en el que están asentadas, e incluso qué quieren en su relación con el esposo, con la comunidad, con los hijos y las hijas”. En este sentido, señala que “la concepción de jefe de familia hay que transformarla”.

Teresa Munguía e Inés Marcelina Shiguango, presidenta de la comunidad Yawari, en Ecuador, han estado en España impartiendo una serie de conferencias y charlas sobre medio ambiente y género, gracias a la invitación de la FONGDCAM (Federación de Organizaciones No Gubernamentales de la comunidad de Madrid) y la Fundación IPADE.

Teresa Munguía es experta y profesional también de todo lo que implica diseño en comunicación gráfica. Quiere dar visibilidad al trabajo que se está realizando para buscar la sostenibilidad en el manejo, el uso, el acceso y el impacto en los recursos naturales, porque la degradación ambiental está provocada por las condiciones en las que desarrollamos muchas de las actividades, pero también por el consumo y la producción en las que nos hemos asentado. “Lo que impacta fuertemente –asegura Teresa- es el modelo de desarrollo y económico. Y esto no se pone en cuestión. Lo que se pone en cuestión es ver cuántas emisiones vamos a bajar, cómo nos vamos a adaptar a todos los cambios que se avecinan. Ni hay, ni se plantea, una política que establezca nuevas relaciones internacionales de poder. Mientras la estructura siga jerarquizada no podremos hablar de un modelo de desarrollo participativo, endógeno y horizontal”.

En este sentido, cabe indicar que uno de los retos a los que hay que hacer frente es cómo plantar cara a la pobreza y a la degradación ambiental, teniendo en cuenta la complejidad para atender los problemas que existen en una determinada comunidad o territorio. Algunos de estos problemas son que las mujeres no tienen derecho a la tierra, las relaciones de poder, la imposibilidad de tomar decisiones, la falta de acceso a los recursos naturales y un largo etcétera. Teresa señala que mucha gente del territorio maya en el que trabaja le dice que la pobreza para aquel (se refiere al ciudadano del norte) es no tener dinero. Pero la pobreza para esa gente es no tener información, no saber que los químicos que les llevan para sembrar una “mejor” papaya están generando enfermedades y dependencias. “Esas condiciones tienen que transformarse desde la conciencia crítica de cómo nos ha impactado el actual modelo económico y fortalecer nuestra mejor forma de vida”, afirma Munguía.

Cooperación internacional

Cuando se plantea la cuestión sobre cómo es la cooperación internacional en el área de enfoque de género, Teresa Munguía no duda en afirmar que “en muchas ocasiones sigue habiendo una relación de poder, imponiendo temas que no son ni los más importantes ni los más interesantes para las beneficiarias”. Añade que “se apoya con una visión noble pero sin darse cuenta de que hay una actitud de superioridad. Tiene que haber una apertura humilde y de respeto para comprender las necesidades y las dinámicas que se viven en el territorio de trabajo”.

En cuanto a las políticas públicas sobre el enfoque de género son tan diversas como las personas que tienen que decidir. Se implican quienes tienen voluntad política de hacerlo. Munguía reconoce que en México, por ejemplo hay avances, “pero no los que deberían por los acuerdos firmados en las convenciones internacionales, como Beijing o Río, para poner énfasis en las desigualdades de las mujeres en el aspecto social y en el acceso a los recursos naturales”.