personal.jpgUn día invernal de hace cinco años, Margarita Pintos, de profesión sus teologías, fue elegida presidenta de ADIM. La entonces recién creada Asociación para el Diálogo Interreligioso de la Comunidad de Madrid (ADIM), formada por personas vinculadas a diferentes tradiciones religiosas y culturales y a colectivos culturales y sociales interesados por el fenómeno religioso, nacía estrechamente vinculada a tres acontecimientos de gran relieve que marcaron profundamente su identidad y sus primeros pasos: la denuncia de la invasión de Irak, el impulso del IV Parlamento de las Religiones del Mundo celebrado en Barcelona y, sobre todo, el apoyo a las víctimas del atentado del 11 de marzo en Madrid.

De ahí que el compromiso por la paz, la opción por las víctimas y la denuncia de los fundamentalismos conformen las líneas básicas de su dialogante acción, que tiene su punto culminante anual en los Encuentros de las Religiones en Madrid. El de este 2009, que será el sexto y tendrá lugar el 14 de marzo, está dedicado a “El Sutra del Loto. Budismo y cristianismo en diálogo”.

 Los primeros encuentros versaban sobre un tema concreto –la paz, la libertad religiosa, la religión como solución o problema, la mística, la inmigración- y las posturas de las distintas tradiciones sobre él. Este año, sin embargo, se dedica la jornada a una sola tradición…

 Efectivamente. Al principio, pensamos que una manera de irnos conociendo podía ser dialogar sobre un aspecto concreto. De esta manera hablábamos de las prácticas de las tradiciones más que sobre cuestiones doctrinales. A partir de este año, iremos conociendo una a una las tradiciones minoritarias que están representadas en la asociación.

-¿Y por qué el budismo?

 Por dos motivos. Este año, el budismo ha sido reconocido como religión de notorio arraigo en nuestro país. Y, además, se acaba de traducir al castellano El Sutra del Loto, que es un texto espiritual para un budismo actual, renovado y renovador de la sociedad. Es el texto en el que se basa la Asociación Kosekai, que es un movimiento de espiritualidad seglar.

El fundador de esta tradición, Nikkyo Niwano (1906-1999), fue observador en el Concilio Vaticano II y uno de los impulsores de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz. Él pensaba que no se puede hablar de salvación en el budismo si no atendemos a la salvación concreta de ayudar a quien lo necesita, apoyar al débil, socorrer al pobre, liberar al angustiado. La lucha contra la pobreza y la enfermedad son inseparables de la espiritualidad budista que refleja el texto del Sutra del Loto.

-¿Qué dice exactamente el texto?

 Se trata de un texto budista de la corriente Mahayana o Gran Vehículo, redactado en el siglo I antes de nuestra era. Aparece un Buda que se presenta como padre del mundo con una gran compasión hacia todos los vivientes. Se evita convertir el nirvana en una espiritualidad de evasión y se insiste en que la práctica de la contemplación vaya unida a la de las obras de misericordia.

El secreto de la felicidad (el nirvana, la salvación), dice el Buda, “está dentro de ti”. Jesús habría dicho: “El reino está dentro y entre vosotros”. Es como la flor del loto: florece en medio del barro e inesperadamente. Ni el barro le impide florecer, ni tiene programado el momento de abrir sus pétalos. Esta situación la recoge también el evangelista Marcos cuando describe que un hombre sembró un campo. De noche duerme, de día se levanta y la semilla germina sin que él sepa cómo (4, 26-29). Hay que descubrir al Buda que crece en nuestro interior para que broten la gratitud y la solidaridad universal.

La obra nos presenta un retablo de bodisatvas, representantes de una variedad de vidas virtuosas. Uno es Kankeon, cuya imagen es una figura con infinidad de ojos y oídos para ver y escuchar el clamor de todas las personas angustiadas, además de infinidad de manos para atender toda necesidad. Cuando los cristianos fueron perseguidos en Japón, utilizaron estas estatuillas como imágenes de María de Nazaret con la advocación de “madre de misericordia”.

-En el encuentro se hará especial hincapié en el diálogo entre el budismo y el cristianismo…

 Como se puede ver, el Sutra permite una lectura intercultural e interreligiosa que dará origen a una cooperación entre budistas y cristianos para trabajar juntos por un mundo con menos violencia, construido a través del diálogo y la paz. En este encuentro, tendremos al presidente de la Asociación Kosekai, Suziki Kotaró, y a Juan Masiá, bien conocido entre nosotros, que trabaja activamente con ellos en Japón. Establecerán un diálogo entre las dos tradiciones, ya que se sienten con una misión común.

-Se habla mucho de los límites y peligros del diálogo interreligioso. ¿Hay asuntos que no tratáis o estáis abiertos a todo?

 Ahora estamos en la fase del conocimiento, por lo tanto el diálogo es sólo a nivel interpersonal. Intentamos preguntar en grupo lo que desconocemos, pero no entramos en debate. Hay cuestiones que levantan desconfianza o miedo y de momento están latentes. Hay sensibilidades muy diferentes, tradiciones culturales confusas que envuelven el fenómeno religioso, ritos que no se entienden… Tenemos un largo camino porque las personas que participamos, aunque tenemos mucho interés, también tenemos un gran desconocimiento del fenómeno religioso plural.

-¿Es más fácil dialogar entre creyentes de a pie?

 El diálogo siempre es difícil porque supone escuchar y ser escuchado, dar razones de nuestras creencias y acompañarlas de prácticas y experiencias que las refuerzan y dan validez. La ventaja es que, al no representar oficialmente a ninguna religión, somos responsables de lo que decimos, ninguno se cree poseedor de la verdad en su totalidad, no tenemos que defender una posición determinada y se nota que todos queremos colaborar, desde nuestras creencias y convicciones, en la construcción de una sociedad más igualitaria y justa.

-¿Y de verdad creéis que las religiones tienen capacidad para influir en la convivencia, en la paz en el mundo?

 Las religiones pueden ayudar a que desaparezca la violencia y brote la paz, pero son las personas las que, desde sus creencias o convicciones, deben trabajar juntas para conseguirlo. No estaría mal que también las jerarquías religiosas y los líderes políticos pusieran empeño y entre todos aprendiéramos a amar todo lo que vive para conservarlo, cuidarlo y dejar a las futuras generaciones un planeta más habitable y unos estados y religiones preocupados por la felicidad de las personas