Chinos católicos de Madrid sufren falta de empleo y desconocimiento de la lengua

chinos.jpgLa parroquia de Santa Rita, en el barrio de Chamberí, es el punto de encuentro de los católicos chinos en Madrid. Los padres Agustinos Recoletos abrieron sus puertas a la comunidad del lejano oriente hace dos años, exactamente el 25 de septiembre de 2007.

Dos sacerdotes agustinos recoletos de origen chino, Juan Guo y José Yan, comenzaron a mover la pastoral con sus paisanos hace dos años. Al principio su intención era ayudarles con la celebración de la eucaristía y los sacramentos a vivir su fe de un modo real, pues hasta entonces acudían a sus respectivas parroquias y, como no entendían el idioma, les resultaba imposible. Después se dieron cuenta de que era necesario organizar cursos de español para que los más de 150 católicos chinos de Madrid pudieran ir abriéndose camino en la sociedad española. “Muchos dentro de nuestros paisanos no tenían oportunidad y tiempo para estudiar el español”, explica Juan Guo.

Ambos coinciden en que esta capellanía espontánea que ha surgido en torno a ellos es una ayuda o un servicio con dos caras: una más religiosa que les ayuda a celebrar su fe y vivir su vida cristiana y otra que consiste en colaborar y servir de apoyo en las dificultades sociales de los chinos.

La mayoría de ellos residen en Madrid, especialmente en el barrio de Usera, donde hay más cristianos que en otros lugares. Pero sus servicios también se han extendido a otros católicos chinos residentes en lugares como Zaragoza o Toledo, que no cuentan con capellanes en su propia lengua pero, por falta tiempo, es muy complicado atenderles en su lugar de residencia, de ahí que se desplacen alguna vez al año hasta Madrid en ocasiones especiales.

Agustinos Recoletos

La Orden de Agustinos Recoletos, con más de cuatro siglos de historia, está presente en China desde 1923 al frente de la diócesis de Shangqiu. En el país asiático trabajan en tres parroquias que prestan un servicio pastoral y religioso a los 20.000 católicos de la zona.
Juan Guo es el primer sacerdote agustino recoleto procedente de la misión de Shangqui. Vino a España en 2004 y trabaja en la parroquia de las Santas Perpetua y Felicidad, en el barrio de La Elipa. Estudió Teología en España y se ordenó en China. Colabora en la capellanía dando catequesis, confesando y celebrando la eucaristía en chino.
Cuatro agustinos recoletos y tres misioneras agustinas recoletas componen el equipo de trabajo que atiende en Madrid a la comunidad católica china.

Necesidades

Juan Guo y José Yan tienen muy claras las necesidades de la comunidad de compatriotas a la que atienden: “Necesitamos la ayuda económica y material para el trabajo pastoral y la convivencia religiosa e intercultural entre chinos y españoles”. De hecho, si no se cuenta el apoyo de la orden religiosa a la que pertenecen, esta capellanía no recibe ninguna otra ayuda por parte de la diócesis o de otras instituciones relacionadas con el clero nativo, las misiones o los inmigrantes.

José Yan es tajante en este punto: “Las necesidades sociales más importantes, para la vida cotidiana: unos no tienen trabajo; y otros están enfermos y no tienen dinero para ver al médico, tampoco tienen la comida para el día. Necesitan ayuda porque no saben el proceso de preparar los papeles, de sacar la tarjeta de residencia, u otro tipo de papeles”.

Los responsables de la capellanía son conscientes de la dificultad que entraña encontrar voluntarios en Madrid que sepan hablar chino. Pero para ellos es muy urgente contar con voluntarios que colaboren en los servicios que prestan, especialmente en la tarea social. “Por ejemplo para traducir y preparar los papeles; para acompañarles a ver al médico, etc.”, añade Guo. “No tenemos personas que puedan escuchar y acompañar las necesidades de ellos o ellas, las dificultades del trabajo; y cuando necesita compartir y hablar con una persona el anhelo espiritual” trata de aclarar Yan. “Para mí, este punto es muy importante, la necesidad espiritual”.

Entre las necesidades religiosas más importantes detectadas por los sacerdotes chinos se cuenta la falta de material. No tienen los libros en chino sobre catequesis, estudio bíblico y lectura espiritual.
Otra dificultad con la que se encuentran es la falta de tiempo para atender a todos los católicos chinos como a ellos les gustaría. La gran variedad de ocupaciones laborales y los horarios excesivos en sus respectivos trabajos, dificultan que se puedan encontrar en las celebraciones, las clases de español o las catequesis. De los 150 cristianos chinos que tienen localizados en la capital, cada domingo acuden entre 20 y 40 a la misa en la cripta de la parroquia Santa Rita.

Actividades

El encuentro de la comunidad católica china no se queda sólo en la eucaristía. Todos los domingos, a las 10:30 comienzan las clases de español. Aprender castellano es tan complicado para los chinos como aprender chino para los españoles.

A las 11:30 comienza la catequesis y el estudio bíblico. Después se reúnen todos de nuevo para el ensayo musical que precede a la celebración de la misa, en torno a las 13:00. Cuando acaba la eucaristía suelen quedarse a compartir sus inquietudes en un diálogo que a veces se acompaña de algún aperitivo.

Historias diarias

Juan Guo y José Yan tienen muchas historias que contar. Las suyas y las de sus compatriotas católicos que han encontrado en España un clima de libertad religiosa inexistente en su país. “Uno me contó que vivía en Madrid hace muchos años, estaba siempre buscando la Iglesia católica que celebrase la misa en chino. Su anhelo y su necesidad religiosa eran muy fuertes. Una vez que encontró esta comunidad estaba tan contento que decía sentirse como en su propia familia. Además, ahora puede participar en su lengua materna en la celebración de los sacramentos”, cuenta Guo.

Yan recuerda cómo una persona le dijo que estaba muy contenta cuando había encontrado esta comunidad. “Se siente como si estuviera en China, con toda la celebración en chino, y cantando las misma canciones en la misa. Ahora puede hablar y compartir la experiencia de su trabajo en un país donde no conocía nada de los demás hermanos y paisanos”. Los dos saben que son un punto de referencia para ayudarles, acompañarles y, sobre todo, para escucharles cuando necesitan compartir y hablar sobre la vida cotidiana y las dificultades en el trabajo.

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