Comenzar de nuevo

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Ilustración: Frits Ahlefeldt.Enero es el tiempo en que todo comienza. O en que todo sigue. O en que todo se renueva. O en que se puede renovar. Los evangelios de los domingos de este mes nos hablan de esa posibilidad de renovación que se abre ante nosotros y nosotras. Empezamos con el bautismo de Jesús (8 de enero). Seguimos con la llamada a los primeros discípulos (15 y 22 de enero) y terminamos con Jesús en una sinagoga enseñando con autoridad y liberando de la opresión (29 de enero).

Quizá el mensaje sea sencillo y nos pueda motivar para comenzar una nueva vida: hay que escuchar la llamada de Jesús. Nos invita a salir de los caminos habituales, de lo conocido, de lo de siempre. A comenzar de nuevo, a levantarnos sin saber con exactitud el rumbo que va a tomar nuestra vida a lo largo del día. Porque lo de seguir a Jesús tiene algo de misterioso, de dejarnos llevar por un encantamiento, por el sueño de que nuestra historia se puede arreglar, que podemos pasar del odio a la violencia, de la exclusión a la inclusión, de la enfermedad a la salud, del dolor al amor, de la guerra a la paz. Y todo eso implica transitar por veredas desconocidas.

Los tiempos están difíciles (¿cuándo han estado fáciles para el Evangelio?). Estamos en una crisis económica y social de la que lo más seguro que se puede decir es que todos los presagios más negros se han ido cumpliendo uno detrás de otro. Sería genial que, para cuando se publicasen estas líneas, ya estuviésemos viendo la luz que nos señala la salida del túnel. Pero no es seguro. Sobre todo cuando las soluciones se orientan a mantener el viejo sueño de producir más para tener más. Mientras tanto, las personas que no tienen empleo, las migrantes y muchas más habrán pasado, están pasando, a engrosar los números de la marginación, de la exclusión –cada uno de ellos y ellas con su nombre y su rostro, con su historia de dolor y abandono.

Por eso, escuchar la llamada de seguir a Jesús no es quedarse contemplando la belleza del universo. Hay que bajar a la tierra y hacerse “pescador de hombres”, rescatar a quienes se han perdido para integrarlos de nuevo en la comunidad humana, “revolvedor” –ya sé que no existe la palabra pero seguro que se entiende– de la dignidad humana a todas aquellas personas que la han perdido por el camino. Porque sabemos que la solución a la crisis no pasa por la recuperación de la lógica económica del crecimiento sino por la lógica del Reino, de la fraternidad, del encuentro, de la mano tendida y acogedora. Todo eso es seguir a Jesús. Lo nuestro es posible que no sea muy popular. Pero libera y da esperanza, construye la vida y la fraternidad. Eso es el Reino. Eso es seguir a Jesús.

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