Consuelo papal en Palestina

Esta semana, Benedicto XVI viaja a Tierra Santa, según explicó el domingo pasado el propio papa, “para confortar a los cristianos de la región y hacerles sentir la proximidad y el apoyo de toda la Iglesia”. Lo mismo ha dicho monseñor Fouad Twal, patriarca latino de Jerusalén, que se ha quejado de la dimensión “demasiado política” que se está dando a la visita: “la gente es lo más importante para él. El papa viene sobre todo por la iglesia local”. Una iglesia local que sufre desde hace tiempo una auténtica hemorragia y cuenta cada vez con menos miembros. Así, la cuestión que se plantea es: ¿quiénes podrán ver al papa y, por ende, sentir su consuelo?

Inauguraciones y entrevistas políticas aparte, Benedicto se acercará a sus fieles en tres momentos: las grandes misas al aire libre que celebrará en Israel: el martes en Jerusalén, al pie del monte de los Olivos; el día siguiente en Belén; y, finalmente, el jueves en Nazareth. En esta última se esperan hasta 40.000 personas. ¿Qué personas? Los cristianos israelíes o extranjeros no tendrán problema; incluso cualquier judío que lo desee tendrá vía libre. Lo que no está claro es que puedan llegar los que, precisamente, más necesitan de ese consuelo de nuestro santo padre: los cristianos palestinos.

En los territorios ocupados hay en torno a 50.000 cristianos. Se calcula que irán –o que tienen intención de ir- unos 10.000. Si les deja el ejército israelí, encargado de repartir los permisos, cuyos requisitos varían según el oficial que los exige. Hay incluso familias en las que han recibido las autorizaciones los hijos pequeños, pero no los padres. Muchas otras llegarán, pero cuando el papa ya haya abandonado aquellos lares. El mismo monseñor Twal ha reconocido que “la participación de los cristianos palestinos será simbólica”.

Es de esperar que, al menos, el resto de cristianos locales de origen árabe, hebreo o trabajadores extranjeros –filipinos, africanos, etc.- puedan acceder al papa y no ocurra como lo que sucedió en la misa que celebró Juan Pablo II en 2000 en el mismo lugar. Entonces, la mayor parte de los asistentes fueron “peregrinos” desplazados en avión por el Camino Neocatecumental… Que se marcharon de allí con el papa y se llevaron su consuelo.

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