¿Velo integral o mujeres desnudas?

Como es sabido, el Gobierno francés, ha decidido meterse a legislar sobre el uso del burka, el niqab y demás velos en la vida pública. La comisión parlamentaria que se ocupa del asunto ha recibido a decenas de asociaciones. Pero, curiosamente, no ha consultado a ningún responsable religioso. Sí lo ha hecho, en cambio, el diario La Croix. Aquí van las frases textuales de estos líderes que aparecen en el reportaje publicado por el periódico.

Mohammed Moussaoui, presidente del Consejo francés para el Culto Musulmán: “No deseamos que el uso del velo integral se extienda por el territorio francés. Tenemos la clara voluntad de eliminar o restringir esta práctica. Pero también tenemos reservas sobre una ley que prohíba el velo en la vía pública de forma general y absoluta”. “Estamos dispuestos a apoyar disposiciones reglamentarias en lugares y situaciones concretos”. “Hay que evitar que la algarabía creada por este debate afecte a la inmensa mayoría de los musulmanes o provoque un aumento de la islamofobia”.

Gilles Bernheim, gran rabino de Francia: “Esta práctica minoritaria es reflejo sin duda de un miedo ante lo que aparece como una demasiado grande liberalización de las costumbres”. “Nosotros nos situamos en el registro de la educación de los adolescentes: de un lado, ser respetuosos con el cuerpo y protegerlo; de otro, no encerrarse hasta el punto de no aceptar que una identidad sea abierta, visible y reconocida a ojos de todos”.

Richard Prasquier, presidente del Consejo Representativo de Instituciones Judías de Francia: “El velo integral crea una distinción enorme entre hombres y mujeres, es un símbolo de encerramiento. Nuestra sociedad, tal como la vivimos, es una sociedad de rostro, en la que las gentes se miran al hablarse. Sin este contacto, entramos en otro tipo de relación social. Una relación no se establece sólo con un intercambio de palabras, sino también de afectos. El velo no está adaptado para esta sociedad, aunque sobre este tipo de reglas civiles o de urbanidad es muy difícil legislar”.

Christophe Roucou, director del Servicio Nacional Protestante para las Relaciones con el Islam: “La trampa es atacar el síntoma sin preguntarse por qué las mujeres adoptan esta vestimenta y esta actitud de separación. Es el signo de que en Francia las corrientes radicales tienen un impacto real. Los poderes públicos deberían más bien preocuparse de que las relaciones entre personas de religiones y culturas diferentes tiendan a endurecerse en los barrios populares. Los movimientos radicales encuentran un eco entre quienes se sienten víctimas de la injusticia, de laprecarización. Es su forma de reaccionar ante esta sociedad que no les acepta. Hay que favorecer las políticas de integración”.

Y, para terminar, el cardenal de París, monseñor André Vingt-Trois: “Se trata de un asunto interno del islam. Espontáneamente, como ciudadano, soy reticente a la idea de que la República se ocupe de la manera de vestirse. En ese caso, tendría que ocuparse también de la manera en que nos desnudamos. ¿Habría que dar la opción de elegir entre el velo integral y la publicidad de mujeres desnudas? Hay que ser coherente: si la República se lanza a ocuparse de nuestros vestidos, tiene que ocuparse de todos nuestros vestidos”. “Tener un juicio de valor sobre el velo es nuestro derecho. Pero, ¿tiene que terminar eso con reglamentos policiales y patrullas en las calles? Me parece de otro orden de cosas”.

¿Se ha perdido algo la comisión parlamentaria?

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