El jardín de los justos

Desde el 5 de mayo de 2009 Milán tiene ya su Jardín de los Justos, que recibirá cada año los árboles que recuerdan, por ejemplo, a 440 Justos italianos que salvaron a hebreos, arrancándolos a las deportaciones en los lager nazis. Pero no sólo. Otros cinco árboles llevan los nombres de héroes que no han cedido al silencio y han denunciado injusticias en sus propios países, salvando de ese modo miles de vidas y restituyendo dignidad al ser humano. Nos recuerdan cada día que en la vida se puede decir siempre un si o un no.

Toma así forma el precioso mensaje de Moshe Bejski, creador del Jardín de los Justos de Jerusalén, que afirmaba con firme convicción que era necesario ampliar el reconocimiento de los justos a toda la humanidad. No son pocos los Países que han aprendido y apreciado la lección, dedicando espacios públicos al recuerdo de sus héroes.

En Milán, gracias al Ayuntamiento y a las comunidades hebreas, el objetivo ha sido alcanzado. Se dejarán acunar por el viento los nombres que llevan el nombre de Anna Politkovskaja, periodista que ha pagado con la vida la denuncia de las brutalidades cometidas por los rusos en Chechenia; de Hrant Dink, el periodista armeno che murió por haber luchado contra la cancelación de la memoria y el negacionismo turcos; de Dusko Kondor, profesor de filosofía, que fue asesinado por aver testimoniado sobre el masacre de 26 musulmanes masacrados por los serbios durante la guerra en Bosnia; del consul italiano en Kigali Pierantonio Costa, que durante el genocidio en Rwanda salvó a 2.000 persone, entre los cuales 375 niños; y por último Khaled Abdul Wahab, el tunecino que salvó a decenas de hebreos, escondiéndolos en su casa durante la ocupación nazi de su país.

Este último es un caso verdaderamente emblemático. Entre los Justos de Jerusalén se cuentan de hecho numerosos musulmanes que, en Europa, escondieron, protegieron y salvaron de la muerte a centenares de hebreos. Pero nunca había sido analizada la figura de un árabe valiente de las ex colonias francesas. El departamento de los justos del Yad Vashem, como ha recordado polémicamente el ex director Mordecai Paldiel, no ha decidido aun si honorarlo, pues no habría pruebas de que Khaled hubiera puesto en peligro su propia vida. Tesis rechazada por el histórico americano Robert Satloff, que en su libro «Historias perdidas del Holocausto en los Países Arabes» cuenta la vida de aquel tunecino de 32 años, rico y atractivo que hacía de trámite entre la población y los ocupantes nazis, ofreciendo a éstos últimos -para conquistarlos- comilonas, vino y diversiones, impidiendo que los verdugos tocaran a los hebreos. Escondió a unos 30 en su casa de campo hasta la llegada de los británicos, que echaron a los alemanes del país.

Es ciertamente curioso el denominador común de muchos héroes, que salvaron a los hebreos el Holocausto. Khaled Abdul Wahab, como Oskar Schindler, como el sueco Raoul Wallemberg, como el búlgaro Dimitar Peshev, eran amantes de los placeres de la vida. Fue ésta, probablemente, la inconsciente máscara que, tranquilizando a los nazis, permitió impedir el exterminio de miles de personas.

En el Monte Stella de Milán, el 5 de Mayo estuvieron la viuda de Hrant Dink, el cónsul Costa, la hija de Ana Politkovskaja, los familiares di Kondor, y también una valiente mujer tunecina, Faiza, que no ha cedido a la conveniencia del silencio sobre lo que hizo su padre para salvar a los hebreos, en un momento muy tenso de las relaciones entre Israel y los países árabes. Sobre él su hija está preparando un documental para darlo a conocer al mundo.

Espléndido ejemplo de fe en la convivencia y en sus valores. ¡Chapeau!

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