Ahorro solidario y microcréditos para el desarrollo

253movimientos2.jpgFrente al economicismo frío, deformador e inhumano que ha invadido todos los ámbitos de nuestra vida personal, social y económica, se alzan cada vez más voces e iniciativas que buscan devolver la economía a su papel original, de medio para la satisfacción de las verdaderas necesidades de las personas y de la sociedad. Buen ejemplo de dichas iniciativas son, sin ir más lejos, el comercio justo y el consumo responsable, cada vez más conocidos, apoyados y puestos en práctica en nuestra sociedad.

Las iniciativas de banca ética, las finanzas alternativas, y el ahorro solidario y responsable constituyen -en conjunto- otro movimiento en esa misma línea, y pretenden concienciar a las personas y a las entidades de la necesidad de reflexionar sobre nuestras relaciones con el sistema financiero y sobre el tipo de sociedad al que contribuimos a través de las mismas. Por ejemplo, preocuparnos no sólo por la rentabilidad monetaria que obtenemos de nuestro dinero, sino también por su “rentabilidad social”, es decir, por su capacidad de impulsar hacia un mundo mejor, más justo y solidario.

Coherencia económica

Básicamente, las motivaciones de las personas y entidades que se interesan y se involucran en las finanzas éticas proceden de dos enfoques, dos perspectivas de acercamiento, distintas pero complementarias.

Por un lado, se asientan en un proceso de reflexión en busca de una mayor coherencia interna entre nuestros valores y nuestras prácticas concretas y reales. Por ejemplo, cada vez existen más personas y entidades comprometidas y ocupadas al servicio de valores como la paz, la justicia, la solidaridad, el empleo digno o el desarrollo sostenible. Y perciben como un contrasentido que –mientras tanto- su dinero trabaje sin descanso, veinticuatro horas al día, al servicio de intereses opuestos o contradictorios, mientras es manejado por la mayoría de la gran banca tradicional. Puesto que toda decisión económica tiene evidentes implicaciones éticas, deciden terminar con su propia complicidad en esta situación, y optan por gestionar sus recursos económicos con coherencia y al servicio de sus propios valores, rescatándolos de los “circuitos tradicionales” y “poniéndolos a trabajar” para intervenir en la transformación social por un mundo mejor y más justo.

El otro modo de acercamiento nace de un análisis de la realidad desde el punto de vista de sus estructuras económicas. No es difícil concluir en que es necesaria otra economía, inspirada por otros valores opuestos a los capitalistas, para fomentar y ayudar a construir ese “otro mundo posible” que muchos deseamos y por el que trabajamos. Otra economía, alternativa y solidaria, que ya existe a nuestro alrededor y no deja de crecer. En consecuencia, otro sistema financiero va a ser necesario para nutrir a esa otra economía, pero claro está, basado en otros valores y principios, en resumen, en otro modelo diferente al actual.

Un sistema que se sirve de las personas

Y es que resulta difícil no alarmarse ante las consecuencias de dicho modelo actual. Están ahí, a la vista de cualquier observador: bancos y cajas con escasa transparencia, obsesionados con maximizar el beneficio económico, que se dedican a la especulación financiera o inmobiliaria, que comercian con paraísos fiscales para facilitar la evasión de impuestos, que –gracias al secreto bancario- amparan negocios oscuros o abiertamente inconfesables, y permiten la corrupción y el lavado de dinero. Un sistema financiero que más bien parece que se sirve de las personas, que las usa como instrumentos en su búsqueda ciega de beneficios, pero que no nos sirve en nuestros deseos de impulsar una sociedad más humana, más justa y más solidaria.

Para combatir estas consecuencias se hace necesario atacar las causas. Por un lado, procurando que la ciudadanía se reapropie, en la medida de sus posibilidades, de la propiedad, el control y la gestión de unas entidades financieras actualmente en manos de élites, ávidas únicamente del máximo lucro económico. Por otro lado, participando también en la construcción de estructuras financieras alternativas, al servicio de las verdaderas necesidades sociales y personales.

Una experiencia alternativa

Oikocredit se ofrece como una alternativa a los valores y a las prácticas que se observan en la mayoría de las entidades bancarias “tradicionales”. Se trata de una cooperativa de crédito de ámbito internacional, fundada en 1975, que promueve la justicia global animando a personas, entidades sociales y otros grupos a compartir sus recursos a través de inversiones socialmente responsables, y que actualmente gestiona el ahorro responsable y solidario de unas 30000 personas y entidades de todo el mundo, por un importe superior a 320 millones de euros. Esos fondos se destinan a prestar microcréditos y otros servicios financieros a organizaciones que promueven proyectos e iniciativas económicas viables y sostenibles en las regiones más empobrecidas del planeta, beneficiándose más de 620.000 familias a través de más de 700 proyectos, en más de 60 países. De esta forma, apoyando mediante crédito y servicios financieros adecuados a las personas más empobrecidas, se pretende ayudar a que sean protagonistas de su propio desarrollo económico, tratando de paliar la exclusión que sufren por parte de las entidades financieras convencionales, quienes habitualmente consideran que las personas empobrecidas y sus iniciativas emprendedoras para labrarse un futuro mejor no son dignas de crédito. Todo ello con un objetivo esencial, que los ahorradores solidarios compartimos plenamente: contribuir a erradicar la pobreza.

Los proyectos financiables por Oikocredit en los países empobrecidos deben adecuarse a una serie de criterios. En primer lugar, el proyecto debe beneficiar a los pobres, a grupos de personas en situaciones de desventaja, y contribuir al desarrollo social y económico de la comunidad de su localidad: sus ganancias no deben enriquecer sólo a unas cuantas personas. En segundo lugar, no se presta a personas individuales sino a grupos o entidades, favoreciendo especialmente la estructura cooperativa, porque permite a los beneficiarios participar directamente en el funcionamiento y administración del proyecto. En tercer lugar, se otorga preferencia a las iniciativas en las que las mujeres son beneficiarias directas y participan en las estructuras y toma de decisiones. Además, se requiere un mínimo de viabilidad: el proyecto o empresa deberá ser económicamente viable, y contar con la administración y la dirección técnica adecuadas, y deberá ser autosuficiente dentro de un período de tiempo razonable. Debe existir también una clara necesidad de inversiones extranjeras. Por último, se presta especial atención al impacto ecológico y a la protección ambiental. Para evaluar y garantizar el cumplimiento de estos criterios se requiere una gran cercanía a los proyectos, una monitorización y asesoramientos sostenidos en el tiempo y un amplio conocimiento de cada realidad local, que son posibles gracias a una característica especial y distintiva, que diferencia a Oikocredit de otras organizaciones: su red de profesionales locales, integrada por 11 oficinas regionales y 23 representaciones de país, distribuidas por Asia, África, Latinoamérica y Europa Oriental.

Pese a que las donaciones y ayudas “a fondo perdido” siempre serán necesarias, por ejemplo para la educación, la salud pública, el desarrollo comunitario y las emergencias humanitarias, Oikocredit trabaja esencialmente con préstamos, ya que está comprobado que están más indicados para las iniciativas generadoras de ingresos, pues fomentan la mentalidad emprendedora necesaria para un desarrollo sostenible y conducen a la autonomía y la no-dependencia, estableciendo una relación de equidad y confianza basada en la igualdad y la dignidad. Además y por supuesto, Oikocredit mantiene un compromiso con los ahorradores de que siempre podrán recuperar su dinero cuando lo necesiten de nuevo.

Desde el punto de vista del ahorrador, desde un mínimo de 200€ a un plazo mínimo de un año, Oikocredit ofrece un vehículo de inversión que permite participar activamente en el desarrollo sostenible de las regiones más empobrecidas del planeta. Procura un alto impacto social a nuestros ahorros y una moderada aunque constante rentabilidad económica (usualmente el 2% anual). Aunque se asume cierto riesgo –inherente a la misión de Oikocredit-, en 33 años de actividad ningún inversor en Oikocredit ha perdido nunca ni un céntimo de sus ahorros. Como organización ofrece plenas garantías, pues está supervisada y controlada por la autoridad competente de los Países Bajos, donde se encuentra la sede y la Oficina Internacional.

La red internacional de Asociaciones de Apoyo aglutina a los ahorradores solidarios, y provee a Oikocredit de la gran mayoría de sus fondos prestables. Está formada por 35 asociaciones y 4 Oficinas Nacionales distribuidas por 19 países, en su mayoría de Europa Occidental, y sus principales funciones son la captación de fondos mediante depósitos y la realización de actividades de sensibilización sobre ahorro solidario y de difusión del modelo propio de “banca alternativa”. En nuestro país, los ahorradores interesados en contactar o en recibir mayor información, además de visitar el sitio web http://www.oikocredit.org, pueden dirigirse a cualquiera de las tres Asociaciones de Apoyo con sede en Sevilla, Bilbao y Barcelona.

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