nortesur1-2.jpgLampedusa es la isla más grande del archipiélago de las Pelagias y la más meridional de Italia. A 205 kilómetros de Sicilia y a 113 de Túnez. Es una de las entradas a Europa desde el Mediterráneo. Una entrada que desde hace un año luce el monumento “Puerta de Lampedusa-Puerta de Europa”, de Mimmo Paladino, pintor y escultor. Se trata de una obra-homenaje a quienes han dejado su vida en esas aguas, donde yacen cuerpos que nos recuerdan que, a pesar de estar tan cerca, África y Europa aún están lejos, separados por un foso a menudo engullidor de sueños y esperanzas. Es el primer monumento de estas características y su primer aniversario bien merece un reconocimiento.
Como suele suceder, esta bella iniciativa llegó de mano de la sociedad civil, que logró forzar que las instituciones se implicaran.

Concretamente los artífices fueron la organización Alternativa Joven, Amani, Arnoldo Mosca Mondadori y la Comunidad Koinonía. Así, solidaridad, cultura y espiritualidad se unieron creando redes y construyendo puentes.

“Es un inmenso placer albergar esta obra, de gran valor moral, en memoria de los inmigrantes muertos en el mar”. Son palabras del concejal de cultura de Lampedusa, Tony Colapinto. “Nuestra isla ya forma parte de los inmigrantes; como los inmigrantes forman parte de Lampedusa”. Así lo siente también la portavoz del Alto Comisariado de Naciones Unidas para los Refugiados, Laura Boldrini. “El monumento dedicado a la memoria de los inmigrantes muertos en el mar forma parte de un proyecto ciudadano que de alguna manera representa a la Italia que no desea ser cómplice de ello y no soporta estas muertes crueles.

El fenómeno de la inmigración va más allá del alarmismo de los medios de comunicación, el Mediterráneo es nuestra nueva frontera humanitaria. Quien arriesga la vida atravesando el Canal de Sicilia en embarcaciones precarias no tiene otra elección. Se trata de personas que huyen de guerras y de persecuciones y que a menudo encuentran la muerte. El Mediterráneo es el camino del asilo político; el 65 por ciento de los inmigrantes que arriban a Lampedusa encuentra de hecho protección en Italia”.

Acogida, solidaridad, cultura, espiritualidad

“Se trata de una iniciativa espiritual y no política”, subrayaba y reconocía Gian Marco Elia, presidente de Amani, asociación de solidaridad con África. “El artista Mimmo Paladino logró representar magníficamente, a través del arte, los diferentes aspectos del drama de la inmigración”. Una iniciativa que tuvo en la gente de movimientos y organizaciones sociales en general, y en la juventud en particular, la savia y el arranque. Fuerza que sigue viva.

Las palabras de Filippo Manninno, de Alternativa Joven, resumen bien el espíritu de la iniciativa y los valores de la gente de Lampedusa; jóvenes que trabajan juntos y derriban barreras culturales e incluso sistémicas. “Somos acogedores y solidarios a la vez que tenemos como objetivo combatir la criminalidad y el negocio económico que están detrás de los viajes de los inmigrantes clandestinos. El monumento honra y hace justicia a todos aquellos que han muerto trágicamente en el mar. Pero Lampedusa no es isla de desesperación, sino de acogida y solidaridad, que desarrolla una labor importante en el respeto a los derechos humanos”.

Hacía ya un año. Un año con más muertes y más tristezas. Y un año también con solidaridad y hermandad, que muchos esperan sea aún mayor y estreche lazos.

La obra

La obra de Paladino consta de una puerta de cerca de cinco metros de altura y tres de ancho, hecha en cerámica refractaria. Todo un recuerdo para quienes dejamos morir en la profundidad de los mares. Solidaridad hecha arte.