La violación de los derechos agrava la pobreza de las mujeres

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Brigitte Kafui participó recientemente en un encuentro en Madrid organizado por Intermón Oxfam. Dicen que nacer en una familia de etnia ewé en Togo significa que tienes muchas posibilidades de dedicarte a la política. No sabemos si esto es así, pero el pronóstico se ha cumplido plenamente con Brigitte Kafui Adjamagbo-Johnson, quien, en 1989, ingresa en política al ser una de las fundadoras de la CDPA (Convención Democrática de los Pueblos Africanos), partido de ideología socialdemócrata que en el año 2010 la presentó como candidata a la presidencia, siendo la primera mujer que lo hacía en este país del África subsahariana. Años antes había sido ministra de bienestar social y derechos humanos y, desde siempre, una destacada activista de la sociedad civil, especialmente comprometida en la defensa de los derechos de las mujeres. “La situación de la mujer en África no es homogénea, pero hay un fondo común, señala Kafui, que es de discriminación, de marginalidad, con una cotidianidad que está llena de violaciones de derechos”.

Pero las mujeres africanas no se quedan paradas y se organizan cada vez mejor para sus reivindicaciones. Esta doctora en derecho muestra su satisfacción recordando que este año se cumple el décimo aniversario del Protocolo de la Carta Africana de los Derechos Humanos, adoptada por la Unión Africana, en la que se reconoce los derechos jurídicos de las mujeres. Aunque no siempre se respeta, son muchos los países que han ratificado el protocolo –Cabo Verde, Uganda, Senegal, Sudáfrica, Ghana- y “esto es muy importante”, indica Kafui, “porque ello permite a las mujeres pedir que las leyes nacionales, que aún son discriminatorias, que refuerzan las costumbres, que aceptan e -incluso- impulsan la desigualdad entre hombres y mujeres, se cambien y que el Estado trabaje para hacer que evolucionen las costumbres”.

Una labor de hormiguita

Profesora en la Universidad de Lomé, Brigitte Kafui Adjamagbo-Johnson afirma que hay que trabajar mucho, que “es una labor de hormiguitas”, pero que voluntad política existe, incluso entre los jefes de los pueblos, para alcanzar el cambio en la vida de las mujeres. “Lo que hace falta para experimentar este cambio –añade- es realizar sobre el terreno programas que permitan a las mujeres conocer sus derechos y reivindicarlos. Ello supone una educación adecuada en la igualdad y que ellas mismas vayan sensibilizando a la población”.

Cuando se le pregunta a Kafui en dónde incide más la violación de los derechos de las mujeres se queda pensativa un momento y responde: “Es difícil contestar, porque el día a día de las mujeres es una constante violación de derechos: en la familia, en la comunidad, en el trabajo. Cada día las mujeres son objeto de violencia, acosadas sexualmente, impedidas para que trabajen la tierra, no tienen acceso al crédito, ni a la tecnología… Es fácil para un hombre dejar a una mujer y a su posible prole. Todo esto agrava la pobreza de la mujer”.

Una de las frases que se escucha con frecuencia de labios de Kafui es que actuar solo en los pasillos del poder no es suficiente para el cambio social. Efectivamente, para la ex ministra togolesa “hay que hacer un esfuerzo importante para tender redes de solidaridad, porque el poder sabe qué hacer para impedir este desarrollo en las áreas rurales: decir que las mujeres urbanas son diferentes. Este es un gran desafío porque muchas veces la información no llega”. Y hace una petición para que las mujeres africanas estén apoyadas por otras mujeres y por organismos internacionales.

La ex ministra togolesa compartió con alandar la situación de las mujeres en dicho país africano.

Una sola voz

En este sentido, Adjamagbo-Johnson afirma que “necesitamos unir nuestras fuerzas, coordinarnos alrededor de una plataforma común de todas las mujeres africanas”. Para ello, han tomado la iniciativa de trabajar en red, celebrando reuniones antes de las cumbres de jefes de Estado de la Unión Africana, discutiendo los problemas que se van a tratar en la misma desde la perspectiva de la mujer. “Pedimos un espacio para hablar con una sola voz, pero los desafíos son enormes. Tenemos que evitar la tentación de la competitividad y superar nuestras contradicciones internas para tener más fuerza”, añade Brigitte Kafui.

Para esta incansable luchadora es muy importante dejar claro que reivindicar los derechos de la mujer no va contra los hombres, sino que se trata de ir en común para construir una sociedad más igualitaria. Por ello resalta la importancia que se da en África a los Comités Comunitarios en defensa de los derechos de la mujer, en los que también participan los hombres. “Las mujeres africanas lo saben y buscan aliados entre todos los miembros de la comunidad: líderes, maestros, enfermeros… Éstos convencerán a otros de que es posible una sociedad más justa”, afirma Adjamagbo-Johnson, quien recuerda que en la Comisión de la Unión Africana se ha conseguido la paridad entre mujeres y hombres. “Ahora, indica, queremos que esto se traslade a los parlamentos de los diferentes países”.

Lucha para sobrevivir

La ex ministra togolesa reconoce que “estamos en una fase en la que las mujeres no constituyen la mayor fuerza reivindicativa. En países como Togo la lucha ha cansado a las mujeres, porque por múltiples motivos ha erosionado su capacidad económica. Muchas de ellas tienen que luchar cada día para sobrevivir”. Pero confía en recuperar intensidades pasadas, como las de la década de los noventa.

A este “cansancio” no es ajena la política desarrollada en el país por el presidente Fauré Gnassingbé, que sucedió a su padre en el año 2005. “Togo tiene que salir de la dictadura, aunque formalmente no se denomine así”, afirma Brgitte Kafui para añadir, a continuación, que “todavía estamos luchando contra una política de hace cincuenta años. El actual presidente ha cambiado de método, pero con una democracia que es pura fachada de cara a la comunidad internacional. El juego político es tan violento, aunque no haya violencia física, que toda la población tiene como prioridad que la oposición pueda desbancar a Fauré Gnassingbé”.

Pese a todo, Brigitte Kafui Adjamagbo-Johnson mantiene la esperanza porque “en África las sociedades están en plena mutación y sabremos aprovechar las oportunidades para que las mujeres sean percibidas como la gran alternativa para mejorar este mundo en crisis”.

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