Necesitamos un Pepe

Espero que nadie lea el título de esta columna acentuando la “e” final de Pepe porque caería en un grave error. El PEPE al que me refiero es Pepe Múgica, presidente de Uruguay desde hace pocos meses y que, a sus 74 años, ha pasado de militante de los Tupamaros a presidente del “paisito”. Ha vivido quince años de su vida en prisión y dos en el fondo de un pozo, completamente incomunicado y sin ver la luz del sol, alimentando con miguitas de pan a siete pequeñas ranas y suspirando por encontrar como papel higiénico pedazos de diarios viejos para saber qué pasaba fuera. A pesar de eso dice: “Puede parecer una monstruosidad, pero doy gracias a la vida por todo lo que viví; si yo no hubiese pasado por esos años y aprendido el oficio de galopar hacia dentro de mí mismo, habría perdido lo mejor de mí”.

No se ha mudado al palacio presidencial y sigue viviendo en la charca donde se ganaba la vida cultivando flores. Y desde ahí ha escrito recientemente esta joya:

«Ustedes saben mejor que nadie que en el conocimiento y la cultura no sólo hay esfuerzo sino también placer: llega un punto donde estudiar, o investigar, o aprender, ya no es un esfuerzo y es puro disfrute. ¡Qué bueno sería que estos manjares estuvieran a disposición de mucha gente! Qué bueno sería si en la canasta de la calidad de la vida que el Uruguay puede ofrecer a su gente hubiera una buena cantidad de consumos intelectuales. No porque sea elegante sino porque es placentero. Porque se disfruta, con la misma intensidad con la que se puede disfrutar un plato de tallarines. ¡No hay una lista obligatoria de las cosas que nos hacen felices! Algunos pueden pensar que el mundo ideal es un lugar repleto de shopping centers. En ese mundo la gente es feliz porque todos pueden salir llenos de bolsas de ropa y de cajas de electrodomésticos. No tengo nada contra esa visión, sólo digo que no es la única posible. Digo que también podemos pensar en un país donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto chico en lugar de un auto grande, elige abrigarse en lugar de subir la calefacción. Así que amigos, vayan y contagien el placer por el conocimiento. Y amigos, el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación y las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas. Pero hay que hacerlo. Se lo debemos a nuestros hijos y nietos. El milagro tecnológico de Internet abre oportunidades nunca vistas de acceso al conocimiento. A mí con Internet se me agotó la capacidad de sorpresa. Me siento como aquellos humanos que vieron una rueda o el fuego por primera vez. Se están abriendo las puertas de todas las bibliotecas y de todos los museos; van a estar a disposición todas las revistas científicas y todos los libros del mundo. Y probablemente todas las películas y todas las músicas del mundo. Es abrumador. Por eso necesitamos que todos los uruguayos y sobre todo los uruguayitos sepan subirse a esa corriente y navegar en ella como pez en el agua. Nos obliga a ir más lejos y más hondo en la educación. No hay tarea más grande delante de nosotros».

De pronto me he puesto a pensar en cómo reaccionaríamos si recibiéramos una carta así de algún obispo y casi ni soy capaz de imaginármelo. Una carta que nos invitara a galopar hacia dentro de nosotros mismos y a vivir el Evangelio no como una obligación, sino como algo que puede llegar a ser placentero. Una carta en la que, en vez de hablar de todo aquello a lo que tenemos que oponernos, nos animara a ir más lejos y más hondo para descubrir alternativas de felicidad y a vivir más sobriamente para poder compartir. Una carta que despertara nuestra inquietud por el modelo de Iglesia que vamos a dejar a nuestros hijos y nietos. Una carta que nos impulsara a zambullirnos como peces en las corrientes del Espíritu y que terminara con algo parecido a esto: “Así que, amigos, vayan y contagien la alegría de ser cristianos”.

A lo mejor alguien va a escribirnos una carta así pero es todavía monaguillo en una parroquia. O es una niña y nos dan la sorpresa. Mientras, nosotros tranquilos, recordando el consejo de aquel graffiti de Managua: “Dejen el desánimo para tiempos mejores”.

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3 comentarios en «Necesitamos un Pepe»

  1. Necesitamos un Pepe
    Las miradas folclóricas sobre nuestra realidad no colaboran; jamás se me hubiese ocurrido sentenciar «necesitamos un Felipe» y conste que que podríamos jugar con las palabras pues el nombre del político andaluz sirve entre nosotros los montevideanos para ubicar uno de los tipos de pan. Nuestro legítimo presidente cuenta con un verbo ocurridizo, asistido con frases propias de la región, y con modismos que nadie con su nivel académico emplea, pero sus asesores, no se equivocan al indicarle este camino artificial, esta impostación que atrae en especial a los más postergados y no en menor medida a sectores alejados de la pobreza. A lo lejos se mira de otra manera, por lo general las dimensiones se distorsionan.“Puede parecer una monstruosidad, pero doy gracias a la vida por todo lo que viví; si yo no hubiese pasado por esos años y aprendido el oficio de galopar hacia dentro de mí mismo, habría perdido lo mejor de mí”. Quisiera que una ponderada opinión se recogiera de todos aquellos que pasaron por tormentos similares a los de Mujica, sin la experiencia del «estrellato» mediático que inevitablemente impone la carrera política, también quisiera que se amplificara la voz de todos aquellos que se enfrentaron a los diabólicos planes de la ultraderecha por otros medios que los empleados por los tupamaros; de éstos quisiera escuchar un «nos equivocamos» tan sincero que repara lo destruido. Que Mujica Cordano convenza a sus secuaces con apelativos a la frugalidad, quienes lo votamos constreñidos por la escasez de opciones deseamos señales más nítidas. De nuestro primer mandatario es célebre su dicho «como te digo una cosa te digo la otra», que nos advierta con dilatada antelación.

    1. Necesitamos un Pepe
      Estimado Daniel, tu no debes de haber escuchado cuando Pepe, nuestro Presidente, al igual que otros tupamaros dijeron que creyeron que era lo mejor lo que habían hecho….pero que se habían equivocado.

      1. Necesitamos un Pepe
        Confieso que es la primera vez que me uno en estas polémicas, y estoy arrepentido. Como » en Uruguay nos conocemos todos» el destinatario tiene rostro. Quizás mi comentario fue demasiado corto, de vuelo bajo, debí señalar que desde lejos las dimensiones son diversas, y que resulta poco nítido convocar la atención de la gente sobre un primer mandatario que para algunos resulta desconocido; desconcierta además el título y el contenido final, pues se clausura con opiniones sobre la Iglesia. Tengo el pellejo grueso, no tendrían que dolerme las palabras que acusan mi distracción al no escuchar las palabras de arrepentimiento de Mujica y de otros de sus compañeros…convengamos que la cosa no es tan sencilla, me irrita aclarar mi pensamiento, no me explayaré, solamente deseo provocar la reflexión de los posibles lectores acerca de los tantos militantes del MLN que hoy no disponen de facilidades mediáticas, y de otras personas que sufrieron con fuerza la represión, en la izquierda también entra el pecado de Adán, las versiones oficiales aplastan fácilmente el drama de tanta gente, en ocasiones de diversos sectores políticos que fue a la batalla con un tenedor.
        Me entristece esta discusión, temo herir y lo peor y casi inevitable a esta altura: mezclar casilleros, la dinámica de nuestras comunidades con temas partidarios. Me cuido mucho en la vida eclesial de no lastimar a nadie con sentencias de corte político, y confieso que me molesta la actitud de quienes homologan sus opiniones a las del Evangelio, hecho que se da entre los sectores conservadores y también progresistas, en uno y otro caso, podríamos deslizarnos hacia el fundamentalismo.
        Dios quiera que no nos involucremos en ninguna batalla y que el tenedor no resulte superfluo en ningún hogar. Si alguien tuviera que escribir un artículo sobre nuestra Comunidad Iglesia, le sugeriría el título : «Necesitamos un Resucitado».
        Daniel

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