«Antimilitarismo, oposición a las guerras y pro desarme, los tres ejes de la paz en todo el mundo»

Hoy en Alandar entrevistamos a Tica Font. Tica tiene una larga trayectoria de trabajo por la paz como investigadora y divulgadora y como militante. En este ámbito, ha sido directora del Institut Català Internacional de la Pau (ICIP) y una de las fundadoras del Centre Delàs de Estudios por la Paz, flamante premio Alandar 2024, siendo la encargada de recibirlo. Tuvo un papel fundamental en la aprobación de la Llei de Foment i Pau a Catalunya (2003), una ley pionera en el Estado español. Actualmente es investigadora en el Delàs, coautora de numerosas investigaciones y publicaciones sobre cultura de paz. En la conversación salen nombres fundamentales del compromiso por la paz: Vicent Martínez, Joan Gomis o Arcadi Oliveres con los que trabajó codo con codo.

Tica Font recogiendo el premio Alandar 2023 por el reconocimiento de estupendo trabajo en el centro Delàs.

Pregunta.- ¿Cómo nació tu interés por el trabajo por la paz?

Respuesta.- Yo vengo de un pueblo obrero, la Vall d’Uxó, con trayectoria de lucha obrera marcado por una fábrica en la que, prácticamente, trabajaba todo el pueblo. Los curas obreros de los 50’, 60’, 70’… estaban allí, apoyando la creación de grupos políticos, del movimiento obrero, de sindicatos obreros, de asociaciones de vecinos… La Iglesia siempre estaba abierta a todos estos movimientos. Cuando era adolescente entré en el movimiento Junior, de Acción Católica, donde hice un aprendizaje de fuerte compromiso militante.

El sobrino del cura había emigrado con su familia a Alemania y cuando venían de vacaciones me encontraba con él, que era de mi edad y se había unido a Los Verdes. Era ecologista, anti misiles, anti energía nuclear… y yo también. En el instituto empiezo a hacer campaña contra las centrales nucleares. Aunque éramos vecinos y nuestros padres eran amigos, es allí donde me relaciono con Vicent Martínez Guzmán. Con Vicent aprendí lo que es filosóficamente el trabajo por la paz, más allá de las concreciones de desarme, antimilitarismo, etc.

En el 84 me vine a trabajar a Barcelona y me uní al movimiento anti OTAN. Cuando perdemos el referéndum en el 86, Arcadi Oliveras y Joan Gomis me plantearon ir a Justicia i Pau (JP) para crear una comisión para trabajar por la paz, en algún tema concreto, porque veíamos que trabajar por la paz en general no nos llevaría a ningún lado. Arcadi estaba haciendo la tesis sobre la industria armamentística y Vicenç Fisas empezaba a trabajar en exportación de armas del Gobierno español, así que decidimos centrarnos en la oposición a las guerras y, por tanto, a las armas.

P.- Es el germen del Centre Delàs…

R.-…que nace como una campaña contra el comercio de armas. Al cabo de 10 ó 12 años lo de la campaña ya sonaba raro, así que decidimos ser un Centro de Estudio. El nombre viene de Josep Manuel Delàs, presidente de JP de Girona, que había sido militar de la Unión Militar Democrática (UMD), había apoyado mucho la objeción de conciencia y murió cuando estábamos en éstas. Pensamos que una persona cercana, militar y antimilitarista era una buena opción de nombre. Siempre hemos estado en estos temas: antimilitarismo, contra las guerras y pro desarme. Son los tres ejes de las grandes coaliciones por la paz en todo el mundo.

Siempre hemos estado en estos temas: antimilitarismo, contra las guerras y pro desarme. Son los tres ejes de las grandes coaliciones por la paz en todo el mundo

Mi otro gran salto en el trabajo por la paz fue cuando se crea la Mesa por Colombia (Taula catalana per la pau i els drets humans a Colòmbia). En 2006 o así, me proponen ir a Colombia porque desde JP, que allí no es episcopal, sino una Comisión intereclesial, van a crear un grupo que recoja la memoria de las masacres. Ahí descubrí otra dimensión, el acercamiento a las víctimas de violencia armada y todo lo que representa de dureza, de dolor. Fue todo un aprendizaje sobre otras dimensiones de la paz, como memoria, justicia, reparación hacia las víctimas y cómo trabajar para que esos hechos no vuelvan a producirse. Se te abre todo un mundo. Entiendes que hay que abordar otras violencias, como las económicas, que no suelen abordarse y, en general, otras perspectivas del trabajo por la paz.

P.- La campaña “Dividendo por la paz”, tras el final de la Guerra Fría, promovía que la esperada disminución de los gastos militares se destinara a inversión social, que de las lanzas se hicieran arados, pero los gastos militares no paraban de crecer.

R.- Durante 30 años, de 1960 a 1990, tuvimos la paz liberal, la “paz del vencedor” que se ha de imponer en todo el mundo. Luego, desde 1990 hasta 2020 más o menos, no bajaban, pero los aumentos eran más comedidos. Eso se ha acabado. Cuando Estados Unidos decide que se va de Afganistán, el mundo entra en otra dimensión. Ahora dicen, tenemos un competidor que es China. El mundo se está reorganizando de una manera que no nos es favorable. La OTAN ya lo dice: nos tenemos que rearmar y Ucrania es el punto de inflexión para establecer que nos tenemos que preparar para la guerra. Y esto se traduce en unos gastos militares y para la investigación militar disparados.

P.- Paul Valéry escribió que la guerra es una masacre en la que se matan gentes que no se conocen, en favor de gente que se conoce, pero no se mata. ¿Son estas gentes que no se matan quienes mantienen las guerras?

R.- La guerra siempre ha respondido a la defensa de intereses económicos, eso en primer lugar. Y ahora lo que se plantea a nivel mundial es: China puede superarnos; en economía está a punto de superarnos y ser la potencia hegemónica. Objetivo: tenemos que poner las trabas suficientes para que ese proceso sea lo más lento posible; hay que retrasarlo. En el terreno militar se está fortaleciendo mucho y está teniendo muchas actuaciones militares en beneficio de sus intereses. Pero lo que más nos preocupa es el desarrollo tecnológico.

P.- En un artículo titulado Cal acceptar la guerra amb resignació? (¿Hay que aceptar la guerra con resignación?) te refieres a los medios. ¿Qué papel juegan en estas ansias guerreras?

R.- Los medios, en relación a la guerra de Ucrania, han sido una voz unísona transmisora de la posición gubernamental; se han situado de manera clara en que había que estar con Ucrania y han jugado con las emotividades y con los sentimientos en la manera de construir las noticias. Yo me he preguntado permanentemente “¿qué no me muestran?”. Por ejemplo, nunca nos han enseñado un bombardeo ucraniano en territorio ucraniano. ¿Dónde caen esas bombas? No has podido ver ni una. Si yo sé que tiran miles al día, ¿dónde caen? Sólo ves lo malo que hace Rusia. Aplican a rajatabla lo que podría llamarse “El manual del periodismo de guerra”: nosotros somos los buenos, los otros son los malos; tenemos que demostrar lo miserable, lo malo, las masacres… todo el mal que hace el otro y, si los nuestros cometen algún error, se minimiza.

Nos van llevando, además, sin ninguna reflexión: todo es emoción. ¿No tienen nadie más a quien ponerle la alcachofa que a la mujer que va llorando por la calle? ¿No hay intelectuales, no hay nadie de la Universidad en Ucrania a quien entrevistar que sea capaz de poner reflexión, de analizar? No ha habido análisis ni reflexión, y eso induce a que la gente acabe aceptando lo que los medios han planteado: la guerra es buena, la guerra es justa, de manera que hay que apoyar todo: envío de armas, la propia guerra, etc. Fíjate que ha sido imposible una gran manifestación contra esta guerra; más de 500, 1000, 2000 personas no se han conseguido.

P.- Ahora parece que sólo hay dos guerras -Ucrania y la masacre de Palestina-, incluso una de ellas ha bajado en presencia mediática…

R.- Eso demuestra el cansancio, que es otro elemento relevante. Siempre nos han planteado que en la guerra de Ucrania se participa para ganar, y no ganarán si es imposible. ¿Cómo pueden plantear que sólo puede acabar en una victoria militar? No pasará eso. ¿Qué me preocupa a mí ahora? La limpieza étnica en esos territorios. La política que está siguiendo Rusia es: construyo viviendas en la zona que he devastado, pero todo aquel que quiera casa, trabajo, pensión o ayuda o escuelas, tiene que pedir la nacionalidad rusa y pasaporte ruso. Y mientras más dure, más difícil será encontrar soluciones, no digo ya equilibradas. La cuestión es ¿se puede convivir o no en un territorio con facciones de gente que tiene apuestas políticas diferentes? Unos ucranianos dicen que quieren estar en la Unión Europea y otros ucranianos, o de ascendencia rusa, dicen no. Pero tienen que convivir. Y mientras más odio se acumule, más difícil será.

P.- Yo, que no soy experta, percibo una diferencia notable. En la de Ucrania, mucha gente se alineó con los Gobiernos y proliferaron las banderas ucranianas, en plan “todos somos Ucrania”, pero en la masacre de Palestina, entre los Gobiernos y los pueblos hay un claro divorcio. ¿Por qué?

R.- Creo que en Europa pesa un sentimiento de culpabilidad que nunca desapareció. Primero, en la gran masacre de judíos en la II Guerra Mundial todos participaron: Italia, Austria, Polonia, Alemania, Bélgica, Francia… Los Gobiernos y la población que no se compromete con los judíos, salvo excepciones. Creo que en Europa, salvo España y Portugal, todos participaron, ¡todos! Y no sólo los masacraron sino que, una vez acabada la guerra, ¿quién estuvo dispuesto a ceder territorio a los judíos o a acogerlos? Ningún país, absolutamente ninguno.

Y el Reino Unido dijo  “pues los mandamos allí que aún es Protectorado mío”. Por tanto, Europa es culpable. De ahí viene el respaldo habitual, porque somos quienes los hemos puesto allí. La mala conciencia de Europa es lo que hace que permita a Israel hacer lo que quiera. Por otra parte, como aquello era un gran avispero, ya nos iba bien tener allí a alguien con una mentalidad más occidental, de primer mundo industrial. Y se le han dado todas las facilidades para tener industria armamentística potente, para tener armas nucleares, etc. Tipo “es un cabrón, pero es nuestro cabrón”.

P.- ¿Qué podemos hacer las y los ciudadanos de a pie para trabajar por la paz?

R.- Siempre he creído que la gente no necesita grandes planteamientos ni grandes análisis, pero hay uno muy elemental que yo tengo muy presente: la guerra no es justa. El que gana perderá y con gran dolor, personas y bienes, aunque tiene futuro. El perdedor sufre los mismos dolores, pero no tiene futuro, porque tendrá que estar en silencio, no podrá hablar, perderá derechos. En esto de lo justo siempre hay que preguntar para quién. No es buena para nadie, salvo para los que hacen negocio con ella. Por tanto, oponerse a la guerra, a las armas, siempre preguntándose quién sale ganando y quién perdiendo.

P.- Antes la gente iba al frente y morían los combatientes, pero hace ya tiempo que la inmensa mayoría de los que mueren son civiles.

R.- Ahora la guerra se hace en las ciudades y se ataca todo lo que es vital para la vida humana, cada vez más desde la distancia, teledirigida.

P.- ¿En qué andas ahora?

R.- En cómo trabajar por la paz en el ámbito local. En 2017 Manuela Carmena nos pidió a la Asociación Española de Investigación para la Paz (AIPAZ) trabajar en este tema y hacer un fórum mundial. Se creó el Foro de Ciudades y Territorios de Paz y se han hecho ya cuatro foros mundiales; el próximo será en 2025 en Montevideo. Yo continúo trabajando en el comité científico, en el comité internacional. A ver qué se puede hacer, pero es tan, tan lento…

Hay que tratar las violencias en las ciudades y cómo combatirlas. Hay que ver qué temas entran. Yo promuevo algunos: la migración, que es violencia porque no está decidido por la persona, es forzada, y porque desestabiliza mucho a las ciudades. Aquí, en Europa, la inmigración es mucho más pequeña, pero cuando ves ciudades de África o de Asia en las que cada año hay 20.000/ 30.000 personas nuevas que llegan sin nada, un gran desafío para el ayuntamiento: vivienda, agua, electricidad, asfaltado, servicio de escuelas, sanidad…; cómo se están creando cinturones de chabolismo, de extrema pobreza. Es un gran problema, unido a otros como la gentrificación, la aporofobia, la mercantilización de la ciudad.

Luego están las violencias directas, una especial, la que se ejerce contra las mujeres; otra, lo que algunos llaman extremismos violentos, que aquí es extrema derecha, yihadismo y grupos similares; la corrupción, el crimen organizado, la xenofobia, la aporofobia y la no tolerancia a las diversidades…

Autoría

  • Araceli Caballero

    Periodista y filóloga (además de componente del consejo de redacción de alandar desde sus inicios), lleva más dos décadas trabajando en organizaciones sociales vinculadas a la defensa de los derechos de la gente que habita el Sur pobre del planeta.

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