Exiguo balance en la Cumbre del Clima de Dubai

Con mucha más pena que gloria terminó otra cumbre del clima de la ONU (COP28), el principal foro político para abordar la crisis climática, celebrado entre el 30 de noviembre y 12 de diciembre en Dubái, Emiratos Árabes Unidos. El diagnóstico del planeta Tierra aún puede empeorar. La temperatura del planeta ha aumentado 1,2ºC desde la época preindustrial (finales del siglo XIX). Debido a ello, cientos de millones de personas han sido y son víctimas de incendios, inundaciones, sequías interminables, huracanes y olas de calor insoportables.

Los líderes mundiales durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28), en Dubai, Emiratos Árabes Unidos, en diciembre de 2023. Neville Hopwood /REUTERS en la web de Consilium Europa.

En 2015, el acuerdo climático de París diseñó medidas para evitar que a finales del siglo XXI el aumento de la temperatura sea superior a 2ºC, -idealmente a 1,5ºC-. Pero no hemos avanzado. Según los científicos, nunca ha habido tanto dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera como actualmente, debido a las emisiones contaminantes de los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). 2023 ha sido el año más caluroso registrado en la Tierra. Más de 3.000 millones de personas viven ya en lugares altamente vulnerables al cambio climático. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, anualmente, la contaminación del aire causa la muerte a unos siete millones de personas, al tiempo que el dengue y otras enfermedades infecciosas van en aumento. Los países con escasos recursos son los más afectados.

Los científicos de la ONU indican que, para frenar el calentamiento global deberían reducirse las emisiones de efecto invernadero el 43% para el año 2030 y el 60% para 2035 -con relación a 2019-, y cero emisiones en 2050. Sin embargo, calculan que, al ritmo actual, las emisiones sólo habrán disminuido el 2% en 2030. De hecho, en 2023 han aumentado el 1,1%. Es muy probable que en 2030 el calentamiento global supere 1,5ºC.

La celebración de la COP28 en Dubái, uno de los lugares donde se origina la mayor contaminación del planeta, no era el más adecuado para una conferencia en la que se deberían tomar medidas para detener el cambio climático. Emiratos Árabes Unidos (EAU) es uno de los 10 grandes países productores de petróleo, donde los derechos humanos no cuentan y los representantes de ONG ecologistas y otras organizaciones de la sociedad civil son constantemente vigilados. La Conferencia fue presidida por el sultán Ahmed Al Jaber, ministro de Industria y Tecnología Avanzada de EAU y director de la Abu Dhabi National Oil Company, la cuarta mayor empresa de combustibles del planeta, con uno de los planes más ambiciosos del mundo para la expansión de su negocio petrolero y gasista. Al Jaber no tuvo reparo en afirmar que “no hay evidencias científicas” que justifiquen reducir el consumo de energías fósiles, y que la eliminación gradual de los combustibles fósiles no permitiría el desarrollo sostenible «a menos que se quiera llevar al mundo nuevamente a las cuevas».

En la COP28 se acreditaron más de 1.000 representantes de la industria fósil (ExxonMobil, Chevron, Shell, Total, BP… 42 representantes de energéticas españolas) todo un “ejército” para presionar en favor de sus intereses y para que los grandes contaminadores sigan escribiendo las reglas. Hace 30 años, el lobby de las petroleras inició una estrategia para sembrar el escepticismo con respecto a los datos científicos, despreciar las políticas que dañaran sus beneficios y oponerse a regulaciones para limitar el uso de los combustibles fósiles. Paralelamente, los científicos han ido desenmascarado las falsedades de esos mercaderes de la duda.

Los representantes de casi 200 países firmaron in extremis un acuerdo de mínimos”, como ya es costumbre en estas Cumbres. Se escucharon frases como «acuerdo histórico» o «éxito importante». Pero, a la hora de concretar el supuesto éxito, el mejor argumento exhibido fue que, por primera vez, se “mencionen” en el documento final los combustibles fósiles. A lo más que llega el pacto, situándose en una postura dilacionista, es a exhortar a un abandono” voluntario de esos combustibles en los sistemas energéticos a partir de esta década, de manera justa, ordenada y equitativa”. Se evitó la palabra “eliminación” y una fecha concreta para el “abandono”. Una clara cesión a los países y compañías productores de petróleo, gas y carbón que siguen con sus proyectos de ampliación.

El Acuerdo invita a triplicar la capacidad de energía renovable en todo el mundo de aquí a 2030, duplicar el ritmo de eficiencia energética durante el mismo periodo, reducir rápidamente el uso del carbón, acelerar los esfuerzos hacia sistemas energéticos con cero emisiones netas, como las energías renovables, la energía nuclear y las tecnologías de reducción y eliminación, la captura y almacenamiento de carbono y la eliminación “gradualmente, lo antes posible, de los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles”. Las organizaciones ambientalistas sostienen que la mayoría de esas medidas son falsas soluciones o mecanismos de distracción para retrasar las verdaderas soluciones.

¿Qué puede significar que se triplique la capacidad de la energía renovable, cuando solo aporta el 2,5% de la energía que consumimos, mientras el petróleo, el carbón y el gas aportan en conjunto el 81,8%? Qué decir de las tecnologías e instalaciones para capturar carbono de la atmósfera, que aún no se han inaugurado… ¿Es razonable colocar la energía nuclear al mismo nivel que las energías renovables entre las alternativas a los combustibles fósiles, habida cuenta de su peligrosidad? ¿Alguien puede confiar en que se eliminen los subsidios a los combustibles fósiles, cuando la realidad es la contraria? En 2021 absorbieron 500.000 millones de dólares y 1,3 billones en 2022. Con el importe de esos subsidios podría cubrirse el 70% del gasto sanitario mundial.

En el documento de mínimos, se insiste en la responsabilidad histórica de los países del Norte global y su obligación de apoyar la financiación de 250.000 millones de dólares que los países en desarrollo necesitarían cada año, según la ONU, sólo para adaptarse a un mundo más cálido. Todo queda en la indefinición, la falta de concreción, de claridad y de compromiso que aumenta las desconfianzas de los países más vulnerables. Y recordemos, las medidas aprobadas no son vinculantes.

El documento final de Dubái es decepcionante y exiguo: una nueva constatación de que los intereses económicos se anteponen a la vida de las personas. ¿Merece la pena celebrar cumbres de este tipo (¡y van 28!), con la movilización de casi 100.000 personas para que nada cambie? El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, advirtió que, de acuerdo con la ciencia, “el límite de 1,5ºC solo es posible si dejamos de quemar todos los combustibles fósiles. No podemos salvar un planeta en llamas con una manguera de combustibles fósiles”. Al finalizar la Cumbre, un delegado declaró: «Hemos salvado la Cumbre de Dubái, pero no el planeta«.

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