En recuerdo de ENGRACIA VIDAL ESTÉVEZ

“Profecía de fe e galeguidade”. Así titulamos las Mulleres Cristiás Galegas el libro editado en el año 2010 para celebrar el ochenta cumpleaños de nuestra querida compañera Engracia Vidal Estévez. En aquel momento estaba en plenitud de facultades, activa y entregada y nos consta que disfrutó y agradeció todas las muestras de cariño que llegaron de toda Galicia desde los distintos ámbitos en los que estaba comprometida.

Engracia Vidal, promotora del grupo Mulleres Cristias Galegas y de la revista cristiana Encrucillada. Teóloga

El libro recoge, a modo de entrevista, el relato de la propia Engracia sobre lo que fue su vida. Aunque ya lo sabíamos, leer  (contado por ella misma) tanta labor, tanta entrega, tanto entusiasmo, nos hace sentir orgullosas de su vida y apenadas por no haber sido considerada en el ámbito eclesial  como se merecía por su valía y compromiso.  Sí lo fue en el ámbito social. De todas formas, Engracia nunca se dio por vencida.

Fue monja del Sagrado Corazón, formó parte importante de esa renovación total de algunas congregaciones religiosas femeninas que supuso tantos cambios en sus vidas: salir de los conventos para integrarse en los pueblos allí donde eran más necesarias. Una experiencia increíble, empezando por quitarse el hábito y prescindir de la clausura.

Engracia nos contaba el proyecto que llevara a cabo en Santiago, creando una residencia para las niñas del rural que no tenían medios para trasladarse a estudiar lejos de sus casas. Lo más novedoso era la gestión de la residencia: niñas y monjas mezcladas, menús compartidos, tareas de la casa organizadas e, incluso, la administración llevada a cabo, en equipo, por una monja y dos niñas.

Las monjas buscaron trabajo según sus posibilidades en su afán de ser autónomas. La casa se convirtió pronto en un centro parroquial para la catequesis. Era un lugar de reunión y comunicación, de celebración de eucaristías novedosas y participativas, una casa abierta: eran los frutos del Concilio Vaticano II en acción.

Fue la primera mujer profesora en el Seminario Menor de Santiago. Formó parte del Secretariado Nacional de Catequesis que la envió a impartir cursos en Galicia, al tiempo que trabajaba y dirigía la residencia y colaboraba con la pastoral de la diócesis en Santiago. 

Elaboró materiales, llevaba retiros siguiendo la línea de renovación catequética lo cual le trajo algún problema. Organizaron campamentos para adolescentes, encuentros…una actividad incansable tratando de llevar a la práctica toda la fuerza renovadora del Concilio.

Con el encargo de organizar la creación de una revista escrita en gallego se trasladó a Ferrol donde ejerció la docencia al tiempo que, con un equipo, ponía en marcha la revista. Después de muchas dificultades salió por fin en el año 1975. Su nombre es Encrucillada: revista galega de pensamento cristiá que, aún hoy, después de casi 50 años sigue viva y muy valorada por sus artículos que han recibido distintos premios y menciones. Somos conscientes que fue su compromiso lo que mantuvo en pie una publicación de esta categoría a la que, durante 35 años, le dedicó mucho tiempo y esfuerzo.

Su compromiso con la lengua gallega fue otra de sus luchas constantes. Profesora de gallego en un instituto de Pontevedra, transmitió a sus alumnos el amor por la lengua, su importancia por lo que significa para un pueblo. Por eso aun hoy la recuerdan sus alumnos y alumnas con ese reconocimiento y ese cariño que solamente despiertan los buenos y buenas docentes, las y los maestros.

Podría seguir pero creo que con lo dicho nos podemos hacer una idea de la importancia de esta mujer para Galicia y para la Iglesia gallega.

No quiero acabar estas líneas sin referirme a ella misma fuera de cargos y compromisos. Frágil y fuerte, exigente y tierna, atenta a las necesidades de los demás, sabía escuchar como nadie, su casa era la casa de todos, abierta para recibir, para acoger, para solucionar conflictos, para unir a familiares, a amigos y amigas.

Fue una de las fundadoras de las “Mulleres Cristiás Galegas” siempre animando, sosteniendo, haciendo crecer y creciendo ella misma.

En el año 2000 publicó un libro novedoso y atrevido cuyo título es “POR UNHA IGREXA TAMEN FEMININA”, el libro fue muy bien acogido en determinados círculos y quizá muy ignorado por la oficialidad eclesial, aunque eso ya era una constante en su vida. ¡Qué pena, cuánto talento ignorado!.

A pesar de nuestra pena por su ausencia y al mismo tiempo tan presente, la celebramos como resucitada, como plenificada, como mujer libre y agradecemos profundamente lo que aprendimos de ella.

Nos queda una huella que no se borrará nunca y nos regaló el ejemplo de una mujer valiente, que no tuvo miedo a los cambios y que acertó en el ideal de su vida siguiendo en todos los aspectos de su trayectoria el camino señalado por Jesús del que era una verdadera discípula.

Descansa en paz, Engracia, amiga querida.

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