Por una democracia en Colombia

Muchos de los políticos, y de los medios, de esta democracia nuestra a veces (demasiado a menudo) nos avergüenzan. Ver a nuestros representantes difundiendo a los cuatro vientos su malestar por la muerte en la cárcel de un disidente en Cuba mientras callan (llevan años callando) ante lo que sucede en muchos otros países muestra una hipocresía y una falsedad sumas. Por ejemplo, los asesinatos y masacres sucedidos en Colombia de mano de los paramilitares y de los cuerpos y fuerzas de (in)seguridad del Estado, bajo el paraguas de la seudodemocracia de Uribe .

No está mal que protesten cuando las autoridades cubanas actúan mal y que lo hagan en nombre de la democracia y de los Derechos Humanos. Lo que no nos gusta es que piensen que los colombianos y las colombianas no se merecen ni democracia ni Derechos Humanos. Porque lo piensan, sospecho, ya que si no lo pensaran pondrían el grito en el cielo ante las aberraciones que se cometen en el régimen uribista y que suponen una continuación aún más desoladora y sangrienta de lo que vino sucediendo en Colombia durante gran parte del siglo XX.

En los últimos años ha habido un crecimiento del número de desplazamientos internos, de asesinatos de sindicalistas, de civiles muertos a manos de las fuerzas de seguridad y persecución de defensores de los derechos humanos, campesinos, indígenas, estudiantes, líderes sociales y populares y opositores políticos. Continúan además las operaciones de paramilitares, aunque el gobierno lo niegue, que incluyen masacres, asesinatos, violaciones sexuales, desapariciones, desplazamientos forzosos, amenazas y un largo etcétera. Entre 2006 y 2008, se exhumaron de 1.441 fosas los cadáveres de unas 1.778 personas que habían sido víctima de desapariciones forzadas a manos de los paramilitares.

Por fortuna, algunos parlamentarios españoles ya se han atrevido a mirar más allá y, recientemente, a la vuelta de una misión de verificación organizada por la Plataforma por la Paz y los Derechos Humanos en Colombia, reconocieron que «los testimonios de sufrimiento de las víctimas de la vulneración de los derechos humanos nos han producido una fuerte conmoción y consideramos que ellas han de ser el objetivo preferente de las agendas nacional e internacional». Ahora, ¿qué?

Hace falta que nuestro Gobierno y los dos grandes partidos dejen de ser cómplices, por callada, por simpatía o por intereses, de unas autoridades que torturan, asesinan, masacran y cometen todo tipo de violaciones de Derechos Humanos. No de un disidente muerto en huelga de hambre. Sino de cientos de ellos asesinados impunemente.

Si tuvieran algo de decencia, hace tiempo hubieran llamado al embajador a consultas y hubieran roto relaciones con Uribe y sus compinches.

Publicado en El Periódico Extremadura el 2 de marzo de 2010

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