Aminetu, la voz de la dignidad

aminetu.jpgLos medios de comunicación nos han acostumbrado a que lo noticiable gire en torno a la muerte y el espectáculo. Por eso, llama mucho más la atención el hecho de que una mujer desconocida en España, con un simple gesto de negarse a comer, llegara a acaparar tantas portadas, noticias, editoriales, artículos y comentarios de la noche a la mañana. Aminetu Haidar, viajaba desde Nueva York a su ciudad (El Aaiún) y las autoridades aduaneras le retiraron su pasaporte marroquí y la metieron en un avión con destino a Lanzarote por el simple hecho de manifestar por escrito que se sentía saharaui.

Tras su llegada al aeropuerto canario, Aminetu decidió plantarse y protestar empleando la huelga de hambre. Y dijo que no abandonaría su acción hasta que le permitieran volver a su ciudad y le devolvieran el pasaporte. Lo que exigía Haidar no era nada extraordinario. Pero el modo que eligió para hacerlo y los argumentos que esgrimió en cada una de sus intervenciones públicas, le granjearon la simpatía y el apoyo de cientos de miles de personas. Internet se transformó en una plataforma fantástica para difundir su mensaje. La presión ciudadana tuvo unos resultados que poca gente se hubiera imaginado al ver a una mujer acampada, junto a una pancarta en la sala de espera de un aeropuerto.

Aminetu Haidar, militante de la causa saharaui y defensora de los derechos humanos de su pueblo, estuvo dispuesta a perder su vida y casi la pierde. Treinta y dos días de huelga de hambre la convirtieron en un potente símbolo, en el estandarte de la dignidad humana, de la fuerza que puede alcanzar una protesta ante la injusticia cuando se hace desde la convicción y la honestidad.

Cuando el año finalizaba, y una vez recuperada en parte de la debilidad en la que le postraron tantos días sin probar bocado, Aminetu envió un mensaje a toda la gente que le dio su apoyo y su cariño durante los difíciles días transcurridos en el aeropuerto de Lanzarote. “Vosotros, que me alojasteis en mi refugio y me acogisteis en mi adversidad, me habéis dado las razones para la firmeza, fortalecísteis en mí la esperanza de la constancia y en ningún momento sentí que sufría sola«, escribió Haidar.

Militante de la causa saharaui, en noviembre de 1987, llamaron a la puerta de Aminetu. Un tío suyo, hermano de su madre, acompañaba a los policías. Fueron muy correctos: informaron a la familia de que se llevaban a Aminetu para interrogarla, pero que en unos 20 minutos la muchacha estaría de vuelta. Sin embargo, cuando el coche policial dobló la primera esquina, los agentes le ataron las manos, le vendaron los ojos y le metieron la cabeza entre las piernas. Durante casi cuatro años, Aminetu desapareció del mundo.

Cuando salió de prisión, en la que le torturaron salvajemente, Aminetu era otra persona. «Más comprometida, más decidida y también más obstinada«, recuerda una amiga. Un año después de ser puesta en libertad, en 1992, se casó con un compañero de cautiverio, El Kassimi Mohamed Ali, y se trasladó a vivir a la casa de su suegro, en la parte antigua de El Aaiún. Fue entonces cuando comenzó su tarea de denuncia de las violaciones de los derechos humanos de los saharauis.
Pero no fue hasta junio de 2005 cuando se convirtió en la figura emblemática de los saharauis que habitan en el territorio ocupado por Marruecos. Aquel día había organizado una sentada en memoria de Basir Mohamed, Basiri, el primer líder independentista saharaui, asesinado por el Ejército español en 1970. Cuando los manifestantes estaban llegando al lugar, la policía cargó contra ellos. Un agente estrelló su porra contra la cabeza de Aminatu y le abrió una gran brecha. La sangre le corría por el rostro, y la melfa amarilla que llevaba se tiñó de rojo. Antes de llevarla al hospital, sus compañeros le hicieron una foto -un dramático primer plano- y la difundieron por Internet. Tal vez aquella imagen no hubiera tenido tanta repercusión si Aminetu no hubiese sido detenida horas más tarde, a la salida del hospital en el que acababan de hacerle una cura.

Fue encerrada en la Cárcel Negra de El Aaiún bajo la acusación de formar parte de una banda criminal. Y entonces ella lanzó su desafío: comenzó una huelga de hambre para que la juzgaran por un delito político, no por uno común. Rechazó las visitas de sus familiares y ayunó durante 47 días. Tras siete meses de lucha, las autoridades de Rabat cedieron a las presiones internacionales: en enero de 2006 fue puesta en libertad, y dos meses más tarde las gestiones de Estados Unidos lograron que Marruecos le devolviera el pasaporte que le había quitado nueve años antes, cuando fue desaparecida.

La sociedad española tuvo que movilizarse como hace muchos años que no se recordaba y, tras presionar a un gobierno (el de Zapatero) remiso a ponerse a las malas con su aliado marroquí, conseguir que las autoridades de aquel país le devolvieran un pasaporte que nunca debieron quitarle.

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