“Dios nos ha creado con el derecho a la libertad”

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-	Elfriede Harth durante una reciente visita a Madrid. Foto. Didier Vanhoutte En la teología de la liberación hoy por hoy los movimientos feministas realizan cada vez más aportaciones, a menudo desde la palabra y el estudio de mujeres valientes que alzan la voz frente a la desigualdad en la Iglesia católica. Una de ellas es la socióloga colombiana de origen alemán Elfriede Harth, que participará en el próximo Congreso de Teología en el diálogo “Sobre feminismo, derechos humanos y teología de la liberación en Europa”. Harth cuenta con una larga trayectoria de compromiso social y político, vive en Frankfurt y es integrante del colectivo Católicas por el Derecho a Decidir en Europa. Hemos charlado con ella sobre la vigencia de la teología de la liberación en nuestros días y sobre el papel que juega en ella la teología feminista.

¿Cree que sigue viva hoy la teología de la liberación?

¡Cómo no! Siempre que alguien “habla de Dios” (teo-logía) y busca y encuentra en este discurso la noticia, la revelación de que Dios nos ha creado con el derecho a la libertad, tanto a la libertad de conciencia como la libertad del buen vivir, de una vida en plenitud, entonces se esta haciendo teología de la liberación. Es una teología que parte del contexto concreto del grupo, de la sociedad en la que vive alguien y que busca cómo lograr esa libertad. Es un fenómeno plural. No hay una teología de la liberación sino muchas teologías de la liberación.

¿Cómo ha cambiado el mundo desde que surgió en los años 60 la teología de la liberación?

Estas tres décadas han visto el surgimiento y la imposición del “Pensamiento Único”. Se crea una alianza entre una cúpula estadounidense que introduce en la política una terminología religiosa para luchar contra el comunismo y una cúpula del Vaticano que se lanza en una ofensiva diplomática para combatir igualmente el comunismo. Y esta alianza se acompaña de lo que Naomi Klein denomina la “estrategia del shock”: aprovechando cataclismos naturales o convulsiones políticas y económicas que parecen, al menos en parte, haber sido deliberadamente provocadas, las elites políticas de diferentes países se convierten en implementadoras del desmantelamiento de bienes públicos a favor de las corporaciones multinacionales. El fundamentalismo neoliberal triunfa.

Ante esto, ¿qué ha aportado la teología de la liberación desde su nacimiento hasta ahora?

En diferentes lugares del globo grupos y personas marginadas, expulsadas, y vulneradas no se dan por vencidas. Trabajando con el método del ver-juzgar-actuar, descifran las contradicciones que vivencian y descubren que sí hay alternativas. Aunque sean remotas y aunque parezcan insignificantes frente al gigantismo neoliberal. Estos son los focos de la resistencia y del cambio que subsisten o que van surgiendo.

¿Qué papel juega la teología feminista en la teología de la liberación actualmente?

Para mí, juega un papel central. Pues el pensamiento feminista ha introducido algo, paulatinamente, que hasta ahora había quedado oculto y es la diversidad, la idea de alteridad. Precisamente de que no hay una realidad única, sino plural. Y que tenemos que aprender a ver el mundo en su pluralidad, a razonar a partir de la pluralidad. Se trata de abandonar las polaridades por los continuos. De ver que el mundo no es ni blanco y negro ni tampoco hecho de matices grises, sino que esta compuesto de infinitos colores. No se trata de cambiar una opresión por otra, de dividir, oponer y jerarquizar, sino de incluir, colaborar, unir, comunicar. Se trata de aprender –por haber vivido en el margen o del otro lado de la frontera– a vivir sin fronteras, sin claridad completa, a aceptar ciertas contradicciones y conflictos que son propios a la pluralidad, pero que no por eso imposibilitan la coexistencia y el convivir.

¿Hablamos de teología hecha por mujeres o de teología feminista?

La teología hecha por mujeres –hoy como ayer– no es necesariamente feminista si no trata de volverle la espalda a esa antropología que se basa en una normatividad de lo humano, para la cual todo lo que no corresponda a esa norma única es una desviación.

¿Representa la teología feminista hoy en día un avance respecto a aquella teología de la liberación de los años 60? Si es así, ¿en qué aspectos?

La teología de la liberación que se formuló en los años 60 fue una crítica de una teología que ponía en el centro de su preocupación el sufrimiento como valor en sí, que hablaba de un Dios sádico que se complacía con el sufrimiento, en cuyos ojos el mérito de cada uno de sus hijos e hijas se medía por la cantidad de sufrimiento que ésta o éste asumiera. Hasta el punto que se practicaban mortificaciones de todo tipo. Fue una crítica de que la religión sirviera para justificar la sumisión, la miseria y la pasividad frente a la opresión y la injusticia. Para sedar a los esclavizados y explotados y facilitar así su explotación por las clases dominantes. La teología feminista es aún más radical. Muestra que la opresión no es solo un fenómeno de clase, sino algo mucho más complejo y múltiple: tiene un componente de género, raza, sexualidad, edad… y que la verdadera liberación tiene que tener en cuenta todas esas dimensiones.

¿Es posible realmente una teología inclusiva y que parta de un planteamiento de igualdad entre hombres y mujeres?

Me parece muy importante llevar el método inductivo hasta su extremo. Es decir, tomar como punto de partida lo mas básico de la existencia humana, aquello de lo que “no se habla”. Es así como Ina Praetorius, quien se define a sí misma como filosofa post-patriarcal, ha desarrollado lo que llama la “mierdología”, que es la filosofía, epistemología o economía de la mierda: ¿qué representan en la vida de un ser humano o de un grupo humano estos –y todos los demás– desechos, cómo se organiza un grupo para resolver su “manejo”, qué división de trabajo resulta de ello y cómo se valora el trabajo relacionado con este “manejo” y la persona o personas que lo desempeñen? Suena sacrílego casi decir que “hay que aprender a ver a Dios en todo”, pero es precisamente esa subversión de las cosas la que hay que tener el valor de realizar.

¿Tienen lugar los derechos sexuales y reproductivos en la teología? Si es así, ¿en qué sentido?

Claro que tienen lugar. Toda nuestra eclesiología, con la que se justifican las estructuras actuales de la Iglesia, está basada en el sexo, la sexualidad y la reproducción. Basta recordar que el principal requisito para recibir el sacramento de la ordenación consiste en disponer de un pene, considerado como órgano reproductivo masculino. A este requisito se le vienen a agregar otros, como el de que no se debe utilizar este pene para propósitos reproductivos. Sabiendo que la utilización de los órganos sexuales, tanto femeninos como masculinos, está estrictamente reglamentada. Por lo tanto, no habrá reforma eclesial posible sin una teología liberadora de los derechos sexuales y reproductivos.

Desde Católicas por el Derecho a Decidir usted desarrolla su militancia por los derechos de las mujeres. ¿Es compatible la teología con la militancia?

Absolutamente. Pues las teologías feministas también utilizan, entre otras cosas, el método del ver-juzgar-actuar. Queremos comprender para poder actuar, para que se haga visible el Reino de Dios entre nosotras y nosotros.

Y, más aún, ¿implica militancia necesariamente la teología de la liberación?

Si, absolutamente también. Empezado con nosotras mismas, cambiando primero que todo nuestra propia vida.

¿Qué liberaciones tenemos pendientes las mujeres en el siglo XXI, tanto en la sociedad en general como en la Iglesia?

Tenemos que liberarnos de todos los estereotipos y normas que se nos han inculcado y que la sociedad del consumo totalitario nos impone e inculca despiadadamente. Tenemos que liberarnos de las exigencias del neoliberalismo: ser mercancías que se deben vender en algún mercado: en el laboral, en el matrimonial… Tenemos que liberar nuestra maternidad, lo cual es uno de los derechos reproductivos. No solo debe tener la mujer el derecho a decidir sobre un embarazo no deseado, sino que también es necesario que las condiciones socio-económicas y laborales permitan que las mujeres que quieran ser madres puedan serlo.
En la Iglesia, cuando logremos la liberación de la teología en materia de sexualidad y reproducción humanas, la liberación de las mujeres se nos dará por añadidura.

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