Por Luis Esteban Rubio

A Carlos Taibo, Jorge Riechmann y Florent Marcellesi

Con el objetivo de mejorar la comprensión y el análisis ideológico del ecologismo, en el presente artículo se realiza, en primer lugar, la distinción entre ecologismo y medioambientalismo; en segundo lugar, se muestran las diferencias básicas entre ecologismo y ecofascismo; en tercer lugar, se exponen una serie de principios fundamentales del ecologismo; en cuarto lugar, se presentan brevemente las que, a juicio del autor, son las corrientes principales del ecologismo; y, por último, se realiza una propuesta terminológica: ecologismo libertario como sinónimo de ecología política.

Diferencias entre ecologismo y medioambientalismo

Se ha de resaltar la diferencia entre ecologismo y medioambientalismo para entender adecuadamente el primero y que éste no quede reducido meramente a asuntos medioambientales. Uno de los principales teóricos del ecologismo, Andrew Dobson, en el Prólogo a la Edición española de su obra de referencia Pensamiento político verde (Barcelona: Paidós, 1997), señala que existen diferencias importantes entre medioambientalismo y ecologismo: “El primero se refiere a aproximaciones administrativas, técnicas y poco sistemáticas a la hora de afrontar problemas medioambientales, mientras que el segundo hace referencia a los profundos cambios que los ecologistas políticos consideran necesarios en el ámbito de la organización social y de las actitudes respecto al mundo natural no humano”.

Ecologismo libertario como sinónimo de ecología política.

Ecologismo libertario como sinónimo de ecología política. IMAGEN SHUTTERSTOCK

Para aumentar la claridad de esta distinción, Dobson señala en el mismo prólogo que “el medioambientalismo es compatible con otras ideologías políticas en una forma en que el ecologismo no lo es, puesto que el segundo pone en tela de juicio muchos de los presupuestos fundamentales de la conocida lista de ideologías. Es muy fácil ser medioambientalista y liberal, por ejemplo, pero mucho más difícil ser capaz de concebir la idea de un ecologista liberal”.

Según señalan los autores del libro Produire plus, polluer moins: l’impossible découplage? [Producir más, contaminar menos: ¿el desacoplamiento imposible?], todavía no existe ningún ejemplo en el cual se haya producido un desacoplamiento absoluto entre el crecimiento de la economía y el crecimiento del consumo de recursos naturales. Por ello, toda política económica socialdemócrata o liberal que abogue por el “crecimiento verde” o “crecimiento sostenible” será productivista y seguirá consumiendo recursos por encima de los límites del planeta Tierra. Se puede afirmar así que no existe un ecologismo socialdemócrata o un ecologismo liberal. La socialdemocracia y el liberalismo podrán pues incorporar un mayor o menor número de medidas medioambientalistas, pero, en ningún caso, serán ideologías dentro del marco del ecologismo. En España, por ejemplo, personas como Cristina Narbona (PSOE) y Carolina Punset (Ciudadanos) representarían, respectivamente, la socialdemocracia y el liberalismo social con tintes medioambientalistas; sin embargo, ninguna de ellas podría ser considerada como ecologista.

Diferencias entre ecologismo y ecofascismo

Federico Ruiz, en su artículo “Ecofascismo” publicado en el nº 83 de El Ecologista, definía el ecofascismo como el “régimen autoritario que posibilita que cada vez menos personas, las que tienen poder económico y/o militar, sigan sosteniendo su estilo de vida acaparando recursos a costa de que mucha más gente no pueda acceder a los mínimos materiales de existencia digna”. De esta manera, dichos sistemas tendrían como objetivo fundamental “asegurar durante el colapso y el postcolapso la supervivencia de sus élites y el mantenimiento, en la medida de lo posible, de sus suntuosas condiciones de existencia material”. Se crearía así lo que Jean Gadrey, en su Adiós al crecimiento, denomina el apartheid ecológico: “confrontados a la marea humana de los refugiados climáticos, de los refugiados de la escasez de agua y tierras, de los refugiados de la miseria, los más ricos buscarán, apoyados por la policía y las fuerzas armadas, reservarse un espacio ecológico de calidad en donde sea posible, rodeándose de muros de todo tipo”.

Por otro lado, como señala Federico Ruiz en el artículo mencionado: “hasta hace unos pocos años el término ecofascismo era utilizado principalmente por los media de derecha ultraliberal como arma de combate ideológico contra uno de sus enemigos naturales, los ecologistas. Se trataba de desprestigiar unos planteamientos que, hasta en sus versiones más moderadas, siempre postulaban algún tipo de regulación contraria a la pretensión extremo-liberal de dotar al capital de una absoluta libertad de actuación, y por tanto, afectaba a los intereses de algunos de sus patrocinadores, grandes empresas a las que cualquier reglamentación ecológica suponía una merma de beneficios. La idea era asociar el fascismo con el ecologismo de tal modo que sugiriese una tendencia necesaria de este hacia aquél”. Sin embargo, dos de los valores esenciales del ecologismo son tanto la democracia como la redistribución justa de los recursos, ya sean éstos económicos o naturales. Por ello, el ecofascismo y el ecototalitarismo no tienen cabida dentro del marco ideológico del ecologismo; sus marcos sí son, respectivamente, el fascismo y el totalitarismo.

Ecologismo libertario

Debido a la influencia sustancial de algunos postulados anarquistas en el núcleo esencial de la ecología política, a la dificultad comunicativa y comprensiva que lleva presentando el término ecología política durante décadas y a la voluntad de mejora de la claridad expositiva de las diferentes corrientes del ecologismo, propongo que el término ecologismo libertario sea utilizado como sinónimo de ecología política, al igual que, a nivel ideológico, el término ecoanarquismo se utiliza como sinónimo de ecología social. Para tal consideración me baso en dos argumentos principales:

En primer lugar, parto de las palabras que Rui Tavares, escritor, antiguo eurodiputado y co-fundador de LIVRE, manifestó en una entrevista a los pocos días de celebrarse las últimas elecciones legislativas de Portugal. En dicha entrevista, en relación con el ideario de LIVRE, Rui Tavares señalaba: “Temos o nosso espaço político, espaço de una esquerda libertária, cosmopolita e ecológica”.

En segundo lugar, me baso en la diferencia que propone Carlos Taibo entre los términos “anarquista” y “libertario” en el primer capítulo de su libro Repensar la anarquía: “parece que el primero, anarquista, incorpora una carga ideológica y doctrinal mayor que la que arrastra el segundo, libertario”. En este sentido, Taibo continúa señalando: “Alguien es anarquista -cabe suponer- porque ha leído a Bakunin, a Kropotkin y a Malatesta, y se adhiere, en un grado u otro, a las ideas expresadas por estos autores. La vena ideológica y doctrinal se desvanece un tanto, en cambio, con el adjetivo libertario, que tiene una dimensión identitaria menor y que, al respecto, permite referirse sin más a personas que declaren creer en la democracia directa, en la asamblea y en la autogestión sin ser necesariamente anarquistas”. De esta manera: “no todos los libertarios son al mismo tiempo anarquistas, pero son manifiesta mayoría los anarquistas que, por lógica y por consecuencia, asumen las reglas del juego de la práctica libertaria”.

Teniendo en cuenta lo anterior, en el ecologismo habría así, por una parte, una corriente anarquista representada por la ecología social o ecoanarquismo, donde el acento se pone en el sustantivo “anarquismo” y cuyo complemento es el prefijo “eco”. Y, por otra, una corriente libertaria, la ecología política o ecologismo libertario, donde la fuerza principal recae sobre el sustantivo “ecologismo” y el adjetivo es representado por la palabra “libertario”. En virtud de ello, se pueden observar tanto una serie de semejanzas como de diferencias fundamentales entre los ecoanarquistas y los ecologistas libertarios:

Por una parte, hay, al menos, cuatro semejanzas principales: a) coincidencia en numerosos elementos de la crítica a la sociedad actual; b) propuesta de dejar atrás el capitalismo; c) en relación con la autogestión, ambos abogan por el desarrollo de una economía ecológica, social y solidaria, así como por el fomento de la soberanía energética y de la soberanía alimentaria; d) en relación con la acción directa, ambos defienden el impulso de iniciativas como las monedas sociales, los bancos del tiempo, los huertos urbanos, la resistencia pacífica activa, los boicots a empresas que vulneran derechos humanos o no respetan el medio ambiente, etc.

Por su parte, el ecologismo libertario y el ecoanarquismo se diferencian principalmente en, al menos, dos asuntos: en primer lugar, el ecologismo libertario defiende la participación política en las instituciones de todos los niveles territoriales (desde lo local hasta lo global, incluyendo pues también al Estado), mientras que Carlos Taibo renuncia a la participación electoral en todos los niveles territoriales y Murray Bookchin únicamente apoya la misma en el nivel local. Y, en segundo lugar, el ecologismo libertario defiende una democracia líquida y participativa, complementaria, y no excluyente, a la democracia directa, para todos los asuntos y niveles territoriales en los que ésta última no sea viable en la práctica.

Por otro lado, y en base a la estrategia multinivel y multidimensional del ecologismo, los ecologistas libertarios, además de su apuesta por la participación política en todos los niveles territoriales, apoyarían, y verían como complementaria, la creación de “una organización libertaria y global” propuesta por Carlos Taibo y encaminada, principalmente, al ámbito social.

Por último, y debido a su relevancia, se considera necesario incluir en este apartado, y no relegado a una nota al final del artículo, la distinción entre el término “libertario” y el de “libertariano”. El término “libertario” fue utilizado por primera vez por anarquistas franceses (libertaire) a mediados del siglo XIX como sinónimo de anarquista y, desde entonces, su uso se extendió con dicho significado. Por su parte, y si bien inicialmente el término inglés libertarian era también sinónimo de anarquista, a partir de mediados del siglo XX empieza a utilizarse de manera general en Estados Unidos para hacer referencia a ultraliberales como Friedrich Hayek (autor de Camino de servidumbre), Robert Nozick (autor de Anarquía, Estado y Utopía) o Milton Friedman (asesor económico de Augusto Pinochet, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, entre otros). De esta forma, mientras (a) en las lenguas romances el término “libertario” sigue siendo sinónimo, por lo general, de anarquista, (b) en inglés, el término “libertarian” es sinónimo, de manera general, de ultraliberal. Por este motivo, y para evitar en castellano, y también en las lenguas romances, la apropiación del término “libertario” por parte de los ultraliberales, se defiende la distinción entre (a) “libertario” como sinónimo de anarquista (con los importantes matices señalados por Carlos Taibo a los que ya se ha hecho referencia), y (b) “libertariano” (etimológicamente más cercano a “libertarian”) como sinónimo de ultraliberal.

Conclusión

Para finalizar, se ha de destacar que el presente artículo ha puesto de manifiesto la amplia variedad interna del marco ideológico del ecologismo; variedad que ha de ser puesta en valor y que, por ello, debe animar permanentemente a buscar puntos de encuentro con el objetivo de unir luchas y fuerzas entre las diferentes corrientes. Dada la debilidad proporcional de fuerzas con las que cuenta actualmente el ecologismo a nivel mundial, parece pues que sólo mediante esos encuentros entre las diferentes corrientes habría, al menos, alguna posibilidad de lograr cambiar el mundo. En nuestras manos está.

¡Piensa y actúa en cada nivel territorial sobre cada una de las dimensiones del poder con objetivos a corto, medio y largo plazo!

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