Pilar Ramírez y Jesús Mario Lorente son los nombres detrás del cómic ‘El Rey de los mindundis’, un libro que se ha popularizado en poco tiempo en gran cantidad de ámbitos y que les ha llevado a ganar el Premio Joven Alandar 2018.

Por Juan Ignacio Cortés

PREGUNTA: Pilar, Jesús Mario, ¿’El Rey de los Mindundis’?

RESPUESTA: El rey de los Mindundis es un deseo de hacer llegar a la gente la figura de Jesús de Nazaret tal cual. Sobre todo de hacer llegar el anuncio del Evangelio.

Es un personaje bastante peculiar, porque su única ley es el corazón y eso es algo que no abunda demasiado hoy.

Bueno, su única ley es el amor e intentamos difundir el mensaje de Jesús de Nazaret, el mensaje más profundo, desde la parte más universal del mensaje. Jesús se define así y por eso ‘El Rey de los Mindundis’ se define así.

Pilar Ramírez y JEsús Mario Lorente son los creadores del El Rey de los Mindundis

‘El rey de los mindundis’ ha ganado el Premio Alandar Joven 2018. FOTO: ÁLVARO MOTA

P: También es un personaje que no se calla nunca, que siempre dice la verdad, que siempre dice lo que piensa. Eso tampoco es muy común.

R: No, y además los cristianos deberíamos aprender de eso mucho y tomárnoslo muy en serio porque hay cosas y casos y situaciones en los que nuestro silencio termina siendo cómplice de lo que ocurre y no está bien. Estamos llamados a ser felices, pero estamos llamados a ser felices con los demás y a veces los demás necesitan de nuestra actitud y el no callarse con nada tiene mucho que decir en ese sentido.

P: El proyecto de ‘El Rey de los Mindundis’ tiene un indudable componente educativo, ¿no?

R: Sí, es un material que está pensado para que pueda servir tanto para trabajar personalmente, para profundizar; como evidentemente para trabajarlo dentro del aula, en grupo, catequesis, parroquia, familia… Al final lo que intentamos proponer es un mensaje que nos ayude a todos a pensar, a profundizar dependiendo del momento vital en el que cada uno se encuentre.

P: ¿De dónde nace la idea de adaptar el mensaje de Jesús de Nazaret a un cómic?

R: Hace unos 17 años más o menos que surgió la idea. Nosotros venimos del mundo de la comunicación, nos dedicamos a eso y dentro de lo que es nuestra visión, ponemos dones al servicio del Evangelio. Dándole vueltas a cómo hablar, cómo comunicar, surgió hacerlo de una manera muy sencilla y que el nombre aludiese a lo más sencillo y a lo último. La palabra mindundis como algo que muchos desprecian. Desde entonces llevamos dándole vueltas a la idea. Lo que pasa es que nos hemos encontrado en ese camino con gente de la editorial Edelvives y salió rápidamente una novela gráfica de este tipo.

P: ¿Cómo fue el proceso? ¿Llevabais con la idea 17 años y de repente Edelvives se acercó a vosotros, vosotros os acercasteis a Edelvives y les “vendisteis” la idea?

R: Comenzamos a trabajar con ellos realizando distintos tipos de materiales. Nosotros llevábamos ya más de 17 años trabajando todo este tipo de materiales, realizando temas de pastoral con distintas instituciones, colegios, diócesis de toda España… Vieron uno de nuestros trabajos y, a raíz de ahí, comenzamos a trabajar juntos y, comentando proyectos y posibilidad de hacer cosas, compartimos con ellos las ideas que teníamos andadas durante tanto tiempo. Ellos rápidamente se enamoraron de la idea y nos pusimos manos a la obra para darle forma definitiva.

Además, tenemos que reconocer que ellos lo vieron rapidísimo y que en seguida nos dijeron “oye, dale tú la forma para que ya tenga una presentación real y montarlo porque creemos que tiene muchísima fuerza y puede tener muchísimas posibilidades”. Ellos decían: “siempre cabe la posibilidad de una equivocación, pero creemos que este personaje puede tener mucho recorrido”. Y se han equivocado poco, la verdad.

P: ¿Qué dificultades os encontrasteis a la hora de trasladar o traducir el Evangelio a un cómic?

R: Lo primero es abandonar nuestras ideas preconcebidas. A lo de Dios siempre le damos muchas vueltas, “ya me lo sé”. ¿Cómo intentar que fuese todo un anuncio, una buena nueva, un sol de esperanza? Los dos tuvimos que hacer mucho trabajo y ser críticos el uno con el otro para que saliese algo bonito y esperanzador.

P: Normalmente vosotros ¿cómo trabajáis? ¿Uno hace los textos y otro los dibujos? ¿Cómo es el proceso creativo?

R: Nosotros desde que vivimos en Pueblo de Dios hace 25 años hemos trabajado mucho juntos. Al tomárnoslo más como un tema de vivir nuestra fe juntos y compartir, nosotros siempre hemos estado metidos el uno con el otro. Pilar escribe más que yo y yo dibujo más que ella. Yo me meto en los textos y ella se mete en los dibujos. Pero nuestra forma no es lo normal, no es lo corriente, pero funcionamos y creemos que es muy bueno para que la crítica que te hace crecer se mantenga en el día a día.

P: Vosotros decís, en la explicación de lo que hacéis, que apostáis por los nuevos signos y por la forma como una parte importante de comunicar el mensaje. ¿Cuáles creéis que deben ser las características de esa manera de comunicar un mensaje muy antiguo, de más de 2000 años, a una sociedad muy diferente del tiempo de Jesús?

R: Nosotros creemos firmemente que el mensaje es bueno y que es nuevo, porque la invitación del evangelio es a nacer de nuevo continuamente, con lo cual creemos firmemente que el mensaje ha de ser nuevo cada día. Lo que falla son las formas, que sí son muy antiguas, repetitivas y huelen a rancio. La comunicación dentro del mensaje de Jesús de Nazaret necesita un vuelco. De ahí ponemos nuestros dones al servicio, pensando que las formas nunca son neutras, suman o restan. Los cristianos no debemos dejar de lado, como si fuese algo superficial, la forma ni separarla del mensaje. Sin una buena forma el mensaje no llega, se pierde. No es necesario hacer cosas extraordinarias. Simplemente actualizarnos igual que ahora usamos WhatsApp. Si damos pasos en esa dirección ¿por qué lo de Dios se queda atrás?

P: En esa búsqueda de una nueva forma de comunicar un mensaje tan antiguo, ¿de qué habéis tratado de huir y hacia dónde habéis tratado de caminar?

R: Huir de lo que hay, y también de las cosas de nosotros mismos, de hacer las cosas siempre de la misma manera. Hacer las cosas nuevas supone arriesgarse. Huir de todas las cosas que se dan por buenas, sobre todo en temas de comunicación. Caminar hacia la certeza de que es un mensaje tan fresco y universal que en él cabemos todos.