Marciano Vidal, exdirector del Instituto Superior de Ciencias Morales de Madrid, es autor del manual Moral de Actitudes y ultima la redacción del séptimo tomo de una Historia de la Teología Moral. En el Foro Gogoa habló sobre la renovación que el papa Francisco trae a la moral católica.

“Los medios de comunicación –dice el papa Francisco- determinan nuestras formas de conducta”. Pero esos medios transmiten la información de manera veloz, telegráfica y muy selectiva. Adela Cortina, catedrática de ética, sugiere que a un periodista que le preguntara, buscando un titular,  en qué consiste la ética, le respondería que “La ética consiste en conjugar la justicia y la felicidad”. ¿Qué le parece esa respuesta?

Estoy de acuerdo con esa apreciación ética sobre la influencia de los medios y sus mensajes. También con lo que dice Adela Cortina: hay que conjugar la felicidad y la realización personal con la justicia. Justicia para todos y vida en plenitud.

¿Qué papel específico puede jugar hoy la moral cristiana en el conjunto de las ciencias que se ocupan de la ética? ¿Es capaz de proponer estilos de vida, valores y normas de comportamiento propios?

Esa es una pregunta radical, fundamental, que afecta no solo a los obispos, sino a todos los creyentes. ¿Qué podemos ofrecer? Los cristianos somos un grupo más que, como otros, hace discernimiento sobre qué es lo humano. Lo propio de la moral cristiana no son los contenidos, en ellos coincide con los de cualquier otro grupo que busque lo que es humano. Pero tenemos un horizonte de sentido, el sentido que aporta Jesús de Nazaret, abierto a la esperanza y la trascendencia, que da fuerza y orientación y ese es un capital moral de primer orden, acorde con las demandas de cada tiempo.

Los profesores de Teología Moral, usted entre ellos, han tenido muchos problemas con los papas anteriores y con el Vaticano, después del Concilio. ¿Eso ha cambiado con Francisco?

Los problemas fueron muchos, sí. Me he sentido muy gratificado al ver el esfuerzo de este papa por llevar adelante la reforma conciliar, que superó una etapa de moral de actos concretos, para centrarse en otra de procesos. Francisco, de modo distinto a sus antecesores, no ha dicho una sola palabra sobre cómo hay que interpretar el Concilio, sino que se ha puesto a practicarlo. Por otro lado, la dimisión de Benedicto XVI ha marcado la historia de la Iglesia católica: los cargos no son para exaltar a las personas, sino para el servicio de la comunidad. Estamos en un tiempo nuevo, en que el Evangelio aparece como la norma definitiva.

¿De qué modos expresa Francisco sus propuestas?

Lo hace con palabras y con gestos muy significativos. Su magisterio se ha expresado en encíclicas y exhortaciones pastorales. Pero también en discursos ante los movimientos sociales, sobre todo en Bolivia, en la isla de Lampedusa, o ante el Parlamento Europeo, el Consejo de Europa o el Congreso de los Estados Unidos y en conversaciones con periodistas, en el avión al regreso de sus viajes, que son las que suscitan mayor interés en la opinión pública. Francisco propone una Iglesia abierta al mundo, acogedora y testigo de la buena noticia para todos los seres humanos. Se ha hecho protagonista del  magisterio en Roma: él ha tomado la iniciativa y los dicasterios -o departamentos de la curia romana- como la Congregación para la Doctrina de la Fe, que antes producía documentos con frecuencia, han enmudecido y están al servicio del papa, sin producir textos paralelos. Francisco está interesado también en que su magisterio conecte con el de las Conferencias Episcopales de todos los países, a las que cita constantemente.

¿Qué renovación ha traído el papa Francisco?

Ha traído algunas innovaciones, ha puesto en la actualidad algunas cuestiones que ya estaban dichas, pero olvidadas y ha esbozado algunas propuestas de futuro. La moral no es tanto una cuestión casuística, de actos concretos, cuanto un tema de procesos. El papa insiste mucho en la precariedad de la libertad humana condicionada por la formación que cada persona ha tenido, sus dificultades somáticas y psíquicas y los cambios acelerados del mundo actual. Si atendemos a los elementos de análisis moral se puede afirmar que hoy en la Iglesia católica hay un cambio de paradigma.

¿En qué cuestiones resulta innovador?

El Concilio Vaticano II, pensando en el ecumenismo, había dejado claro que hay una jerarquía de verdades en la fe cristiana. Pero nadie como Francisco ha puesto eso de relieve. No es lo mismo creer en la Resurrección, es decir, que Jesús vive, que su causa no ha terminado y abre esperanza de futuro, que seguir creyendo en el valor de las indulgencias. También hay una jerarquía de verdades en la moral, pero en el pasado todo se consideraba igual. Por ejemplo, desde el siglo XVI, en materia de moral sexual, cualquier expresión de lujuria era pecado mortal y no existía ninguna consideración de situaciones diferentes. Claro que hay una jerarquización de principios morales. Hoy lo que resulta gravísimo es que mueran a diario miles de niños por causas evitables o clama al cielo la situación de tantas personas desplazadas que sufren y mueren cuando huyen de la guerra y la miseria y no encuentran acogida. Ese modo de vivir la moral, esa jerarquía de verdades y comportamientos morales, es algo nuevo y se ha impuesto ya. Y también lo que la teología de la liberación ha llamado “el pecado estructural”, que se relaciona con instituciones, estructuras y acciones económicas, sociales y políticas injustas. De ello ya había hablado Juan Pablo II en Puebla.

Marciano Vidal, teólogo moral, es entrevistado sobre la figura de Francisco.ero

Marciano Vidal en un momento de la entrevista. Foto: Oskar Montero

¿Hay verdades morales que son más verdad según cada momento?

Francisco repite, a menudo, que “el tiempo es mayor que el espacio”. Pudieron existir en tiempo pasado valores que hoy no lo son tanto y aparecerán en el futuro otros nuevos. Hay variaciones morales en el tiempo. El papa usa otra imagen: dice que prefiere entender la realidad como un poliedro más que como una esfera. La esfera es algo totalmente hecho y terminado. La realidad se asemeja más a un poliedro que tiene muchas caras y puede mirarse de diferentes maneras. Como decía Don Quijote: “Ándate con cuidado, muchacho, porque, para sacar una verdad en limpio, menester son muchas pruebas y repruebas”. Manuel de Falla puso música bellamente a esa consideración de Cervantes.

¿La conciencia ha vuelto a la actualidad en el discurso moral del papa?

Sí. Ha habido en la Iglesia tensiones entre la moral de los objetos y la de los sujetos, la moral de la conciencia. El papa propone que demos importancia a la tradición jesuítica del discernimiento. Discernir no es simplemente no aplicar una ley general a cada caso concreto. Ya hace tiempo el teólogo Cullmann escribió que el discernimiento es la principal categoría moral en el Nuevo Testamento. Este papa saca muchas aplicaciones de ese principio y la usa al considerar la situación de las personas casadas que se separaron, han vuelto a rehacer sus vidas y quieren participar en la vida de la Iglesia y recibir los sacramentos. Esas personas pertenecen íntegramente a la comunidad cristiana. En la nota 351 de su exhortación La Alegría del Amor, el papa afirma el valor de la conciencia personal a la hora de que se acerquen a participar en la eucaristía. Los laicos, dice Francisco, deben formar su conciencia y, siguiéndola, actuar con autonomía, como quería el Concilio en el número 16  de la Constitución sobre la Iglesia en el mundo moderno. Y el papa insiste mucho también en que “el magisterio eclesiástico no tiene que decirlo todo en moral”. En cuestiones tan nuevas como las de la bioética, Francisco llama a escuchar pareceres distintos, a conocer los datos científicos y lograr una convergencia en lo esencial, antes de hacer pronunciamientos.

[quote_right]En la antigüedad los cristianos se unían en pareja secularmente como las demás personas y vivían su amor mutuo desde la fe[/quote_right]

¿Qué hay de nuevo en la moral social de la Iglesia?

Lo más importante es el rechazo del capitalismo “financiarizado”, donde el dinero, las finanzas por las finanzas, adquieren la función primaria. El papa dice que “esta economía mata”. Mata y es inmoral porque no realiza el fin principal humanizador de la economía, crea necesariamente desigualdades y origina personas y grupos descartados, excluidos. Francisco dice también que nuestro mundo está, a pedazos, en una guerra y denuncia constantemente la situación de los desplazados

¿Es el compromiso ecológico lo que más ha despertado simpatía por el papa?

Francisco asegura que la Iglesia no busca prestigio, sino cumplir su misión. Pero, con el compromiso hacia el cuidado del planeta el papa ha adquirido un liderazgo moral que involucra a los movimientos sociales ecologistas. La encíclica Laudato si’ es, hoy por hoy, la mejor propuesta internacional de ética ecológica que tenemos.

¿Qué hay sobre el matrimonio en la exhortación La Alegría del Amor?

La apertura a un modo nuevo de entender el matrimonio en la Iglesia, asunto que ya no podía esperar. El teólogo belga Schillebeeckx explicó cómo entró el matrimonio en la Iglesia. En la antigüedad los cristianos se unían en pareja secularmente como las demás personas y vivían su amor mutuo desde la fe. En la alta Edad Media el matrimonio comenzó a ser una estructura de suplencia, porque la Iglesia era dueña del derecho romano que extendió a los pueblos bárbaros. En el siglo XI un teólogo, Pedro Lombardo, propuso sacramentalizar el matrimonio. Y el Concilio de Trento, en el siglo XVI, hizo al matrimonio algo canónico, de la Iglesia. En la modernidad los Estados han reclamado su competencia civil. Y ya hemos llegado, en nuestro país, a una situación en que solo el 22% de las uniones matrimoniales se realizan por la Iglesia. El  Vaticano II superó la idea de que la función principal del matrimonio era la procreación, para hablar de una comunidad de amor. Han de pasar años hasta que la Iglesia aborde esta cuestión a fondo. Yo sueño con un matrimonio cristiano que nada tenga que ver con el derecho canónico, sino que sea una realidad inspirada por el Evangelio y vivida sacramentalmente. El papa ya no se refiere al derecho natural, ni al derecho canónico, sino a las ciencias antropológicas y a la teología y trata de configurar una pastoral nueva.

Y sobre la sexualidad, ¿hay algo nuevo?

Creo que superar el tabú, una visión negativa que venía no tan de antiguo como la Edad Media, sino desde el concilio de Trento.

¿Qué hay de la procreación responsable? El papa insiste en promover los métodos basados en los ritmos naturales de fecundidad. Salvo gente muy conservadora, ¿quedará algún católico que todavía acepte eso?

Creo que el no haber hablado de la procreación responsable ha sido un silencio llamativo. La doctrina de la Humanae Vitae, tan querida de Pablo VI, de Juan Pablo II y de movimientos conservadores como el Opus Dei o Comunión y Liberación, se mantiene, pero el comportamiento de la mayoría los católicos va por otro lado. El texto que se proponía en el Sínodo hablaba de que “prevalezca la conciencia”. Esa redacción movilizó a los grupos más conservadores y a 40 teólogos moralistas de Estados Unidos que se pronunciaron en contra de ese pasaje y su opinión se impuso. Hay muchos católicos, yo entre ellos, a los que desagrada mucho esa postura

[quote_right]El cardenal Hume había dicho también algo muy preciso: “Dios no nos quiere porque seamos heterosexuales, sino porque somos personas”[/quote_right]

¿Qué pasó con el tema de la condición homosexual en el sínodo de la familia?

Un ir y venir en las diferentes redacciones, para desaparecer al final del texto definitivo. El papa hizo aquellas declaraciones a los periodistas en el avión en que regresaba de Brasil a Roma: “¿Quién soy yo para juzgar si personas de condición homosexual viven o no la autenticidad cristiana?”. El cardenal Hume había dicho también algo muy preciso: “Dios no nos quiere porque seamos heterosexuales, sino porque somos personas”. El tema estuvo en la primera redacción y se discutió en la primera semana del sínodo extraordinario. Hubo una nueva redacción de lo discutido, que hizo el teólogo napolitano Bruno Forte, un buen texto. En él se dice que “la comunidad cristiana tiene mucho que agradecer a las personas de condición homosexual”, las asume como parte de la comunidad y sugiere que debe ofrecerles alguna orientación. Esa redacción suscitó una oposición muy fuerte en los grupos conservadores católicos, especialmente de los Estado Unidos. Después de eso, hubo un gran silencio. Pero el asunto sigue ahí, “eppur si muove”, como diría Galileo.

Sobre la homosexualidad el documento que firma el papa dice que “no existe ningún fundamento para establecer analogías entre la unión de personas homosexuales con el matrimonio. ¿Qué espacio queda para la convivencia de homosexuales dentro de la Iglesia?

En ese asunto no hubo silencio. Creo que la redacción obedece a presiones políticas. Pidieron al Sínodo y al papa que apoyaran a los Estados que se oponen a legalizar el matrimonio entre personas homosexuales. No tengo certeza acerca de quiénes pidieron eso. Sospecho que fueron fuerzas poderosas norteamericanas. Sí  puedo decir que no hubo presiones europeas. Este papa tiene la gran ventaja de que los obispos y teólogos alemanes, los mejor formados teológicamente, están con él.