Orígenes de la teología de la liberación

Luis Fernando Crespo
Sacerdote diocesano, asesor de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos (UNEC) y profesor de teología en la Pontificia Universidad Católica del Perú.Fuente: Puntoedu

La publicación del libro “Teología de la Liberación. Perspectivas”, hace 50 años, resultó un acontecimiento teológico de primera magnitud, a juzgar por el interés que rápidamente suscitó. Por ello, es preciso reconocer lo que en su momento significó, para valorar los desarrollos que inspiró y para impulsar los intentos de reflexión teológica ante las nuevas sensibilidades y nuevos compromisos, con los que mujeres y varones, creyentes o no, generosamente, ponen su vida al servicio de una humanidad más humana, justa y fraterna, objetivo del proceso de liberación.

Breve reseña de los “orígenes”

Una primera presentación en julio de 1968 en Chimbote, en el contexto de un encuentro del grupo sacerdotal ONIS. El tema propuesto: “Teología y Desarrollo”, correspondía a las inquietudes de los presentes y era de actualidad en el ambiente teológico suscitado por el Concilio, Gustavo respondió con un enfoque nuevo y una nueva formulación: “Hacia una Teología de la liberación”. En noviembre de 1969, en Cartigni (Suiza), en una reunión de teólogos de diversos continentes, Gustavo presenta la ponencia: “Notas para una Teología de la Liberación”. También aquí, como había realizado en Chimbote, y más convencido de la pertinencia de su enfoque, no desarrolla el tema solicitado: “El significado del desarrollo”, que focalizaba el interés e intención de los organizadores del encuentro. En esta presentación, se anticipa la estructura del libro y se esbozan y precisan los temas teológicos que se desarrollarán en él. Finalmente, el 31 de diciembre de 1971, sale a la luz la primera edición de “Teología de la Liberación. Perspectivas”.

Un despertar teológico latinoamericano

  1. Una nueva experiencia de compromiso político

En esa época, en América Latina, y en concreto en el Perú, muchos cristianos y cristianas habían asumido que su fe demandaba un compromiso más firme y radical contra la pobreza y la miseria, por el cambio social; y eso implicaba una participación, de maneras nuevas y diversas, en el campo de la política y, en general, en el compromiso social. Como se decía: un cambio “revolucionario”. Se vivía con pasión en el mundo popular, en el urbano y en el rural, y con particular efervescencia en el medio juvenil universitario. El compromiso político se convertía en el eje central de la vida. Muchos estudiantes se plantearon dejar sus estudios en la universidad para insertarse más directamente en las luchas populares; surgieron no pocas veces tensiones muy fuertes en la relación con el ámbito familiar.

El cambio reclamaba más finos análisis de la realidad social y nuevas propuestas que apuntaban hacia un enfoque socialista de la sociedad. Se hacía necesario un mejor conocimiento de los aportes de las ciencias sociales, y en concreto del marxismo, que despertaba un interés creciente en el mundo universitario, especialmente a raíz del impacto de la revolución cubana, también en los sindicatos obreros y en el movimiento campesino, en el mundo popular. Lo que no dejaba de plantear, a la vez, serios cuestionamientos y recelos en el mundo cristiano por sus planteamientos filosóficos y sobre todo por su crítica teórica y práctica de la religión. Un mejor conocimiento se hacía necesario para el diálogo y la confrontación.

  1. Novedad también en la espiritualidad

La nueva situación no sólo sacudía el terreno de los compromisos. Los cristianos y las comunidades sentían afectada también su manera de creer y de rezar. Las oraciones expresaban más las nuevas preocupaciones: la pobreza, el sufrimiento, el éxito de las luchas reivindicativas y políticas, que peticiones por necesidades individuales. También comienza a desarrollarse el sentido de la oración de acción de gracias porque, pese a todas las dificultades y oscuridades, se siente y cree la presencia del Dios Padre y de su Espíritu, que acompaña y sostiene. Hay como una reestructuración de la espiritualidad en torno, incipiente aún, al seguimiento de Jesús y su práctica liberadora hacia los pobres.

Gustavo se desempeñaba en esa época como asesor de la Unión Nacional de Estudiantes Católicos (UNEC) en el Perú y estrechamente vinculado a los movimientos de América Latina, que participaban de las mismas inquietudes y desafíos. También cercano, por la relación con otros asesores, a la evolución y reflexión de otros movimientos como la JEC, la JOC, ONIS y la pastoral en barrios marginales de Lima y en otras regiones del Perú y de América Latina. Seguía, por tanto, muy de cerca la experiencia del compromiso de los jóvenes universitarios y había que afrontar con lucidez y madurez teológica las posibilidades y los desafíos que la actividad política planteaba a la vivencia de la fe cristiana. Charlas, jornadas de reflexión y seminarios fueron ocasión para ir adelantando temas, estudios y elaboraciones que después encontraremos reflejados en las páginas del libro.

  1. Una nueva teología

Esta práctica social en la que participan numerosos cristianos, mujeres y varones, pertenecientes a diversas comunidades cristianas, significaba una nueva experiencia en la manera de vivir la fe, una nueva espiritualidad, que desbordaba esquemas tradicionales de comprensión y reclamaba con urgencia una nueva reflexión teológica. En esta tarea, durante estos años, estaba empeñado Gustavo. En diciembre de 1971 nos entregó “Teología de la Liberación”, con el modesto y sugerente subtítulo de “Perspectivas”.

La Teología de la Liberación, más que como un sistema acabado y cerrado, se presenta como “perspectivas”. Éstas se han ido ampliando y enriqueciendo en la medida en que los procesos de liberación se iban desplegando en el tiempo, sensibles a nuevas expresiones y dimensiones de la opresión en la convivencia humana, haciéndose conscientes, y demandando una atención y comprensión desde la fe cristiana, la teología. De alguna manera recoge y se inspira en lo que Juan XXIII y el Vaticano II plantearon como “signos de los tiempos”. Los tiempos y sus “signos” no se detienen. Y, cuando en ellos se juega la vida y el protagonismo liberador de los pobres, podemos reconocerlos como verdaderos “lugares teológicos”.

Tal como Gustavo indica al finalizar su libro: “Pero, en última instancia, no tendremos una auténtica teología de la liberación sino cuando los oprimidos mismos puedan alzar libremente su voz y expresarse directa y creadoramente en la sociedad y en el seno del Pueblo de Dios. Cuando ellos mismos “den cuenta de la esperanza” de que son portadores. Cuando ellos sean los gestores de su propia liberación. Por ahora será necesario limitarse a esfuerzos que contribuyan a que ese proceso apenas iniciado se ahonde y afiance”.

Puede visionarse la conferencia del autor en el Instituto Bartolomé de las Casas en:

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1 comentario en «Orígenes de la teología de la liberación»

  1. Las perspectivas del P.Gustavo Gutiérrez, han originado otras formas de entender la Teología de la Liberación, cómo es la Teología Indígena con los valores que poseen las diversas culturas americanas. Fue una gran revelación iniciar las perspectivas que se continuarán enriqueciendo , en la medida que apliquemos el evangelio de Jesús. Saludos.

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