La nueva ayuda humanitaria

La ayuda humanitaria ha disminuido y sigue disminuyendo de forma alarmante y hay países que ya se encuentran en el camino marcado por el presidente de Estados Unidos de eliminar agencias y programas de cooperación. Las consecuencias se reflejan ya en miles de muertes diarias en muchos países.

Protestas por el cierre de USAID

Una de las primeras medidas de Donald Trump, al acceder a la presidencia de Estados Unidos a principios del pasado año fue abolir la ayuda humanitaria de su país. En primer lugar, canceló el 83% de los programas y proyectos que estaba llevando a cabo la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y, a mediados de año, desapareció la propia agencia con el consiguiente corte de fondos para ejecutar proyectos de salud comunitaria, promoción de los derechos humanos y el desarrollo en regiones de África, Asia y América Latina. Además, cerraron muchas ONG cuya labor ha sido vilipendiada desde el propio Gobierno de Estados Unidos.

Posteriormente, la Administración Trump ha ido perfilando su nueva forma de ayuda a través de su Estrategia de Salud Global Estados Unidos Primero, reflejada en estas palabras del secretario de Estado: “Tendremos una misión en Estados Unidos de financiación exterior que dé prioridad a nuestros intereses nacionales (…). De ahora en adelante, utilizaremos nuestra asistencia humanitaria exterior para impulsar las prioridades de Estados Unidos (…). Las ayudas serán instrumentos de política exterior estadounidense destinados a promover nuestros intereses nacionales (…). El nuevo modelo impulsará nuestros intereses estratégicos en regiones clave del mundo”. 

Con la nueva estrategia, presentada como una reforma ambiciosa en el modo en que Estados Unidos brinda asistencia sanitaria en el mundo, la ayuda humanitaria se canalizará mediante acuerdos país por país, individualmente, en lugar de distribuirse a través de organizaciones internacionales, ONG u otros socios del ámbito de la ayuda humanitaria. El objetivo declarado es que los países receptores desarrollen más sus propios sistemas de salud y que Estados Unidos reduzca su gasto en asistencia.

Estados Unidos también abandonó la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la que era el principal contribuyente. Lo hizo, además, de manera irregular, dejando varios cientos de millones de dólares sin abonar.

Tedros Adhanom, director general de la OMS

La Administración Trump ha dejado claro que no habrá ayuda gratis y desinteresada, sino que tendrá como primer y principal objetivo fortalecer a Estados Unidos y requerirá de los países receptores inversiones y cambios de gobernanza. En esa línea, se han firmado ya acuerdos con 22 países africanos, con una duración de cinco años. Estados Unidos aportará el 62 % de los fondos y los países receptores el 38 %.

No es casualidad que Estados Unidos esté ensayando esa “nueva ayuda humanitaria” en África, continente en el que se encuentra el 30% de las reservas mundiales de minerales críticos -litio, cobalto, níquel, cobre, grafito-, así llamados porque tienen una gran demanda y la cadena de suministro puede verse interrumpida por cuestiones geopolíticas. 

Un caso paradigmático es el de la República Democrática del Congo (RDC), donde el gobierno libra una guerra contra el movimiento rebelde M-23 que, apoyado por el ejército de Ruanda, controla una parte del territorio (Kivu Norte), de donde se extraen materiales estratégicos, sobre todo coltán, y se envía ilegalmente a Ruanda, desde donde se distribuye por Europa y Estados Unidos.

En diciembre pasado, Trump y los presidentes del Congo y de Ruanda firmaron un acuerdo de paz (que no ha traído la paz) entre los dos países. Al mismo tiempo, Estados Unidos y el Congo firmaban otro acuerdo por el que este país se convertía en socio estratégico de Estados Unidos, ofreciéndole así todo tipo de facilidades para acceder a los minerales estratégicos que se encuentran en el Congo.

Posteriormente, firmaron otro acuerdo de cooperación en materia de salud por el que Estados Unidos aportaría 900 millones de dólares en cinco años y el Congo 300 millones para la lucha contra el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria, y para mejorar la salud materna, neonatal e infantil. El acuerdo permite a Estados Unidos acceder a datos sanitarios congoleños y pone un especial énfasis en proteger al país donante de brotes epidémicos.

Conviene recordar que el 73,5 % de la población de la RDC vive con menos de 2,15 dólares al día, y el 64% carece de acceso básico a agua potable. Aproximadamente, el 30% de las explotaciones mineras congoleñas emplean a niños, muchos de ellos de siete años, a menudo sin protecciones básicas de salud o seguridad.

No todos los países africanos aceptan esas condiciones estadounidenses. En febrero pasado, el Gobierno de Estados Unidos anunció la retirada de toda la ayuda humanitaria a siete países, porque “no existe una conexión sólida entre la respuesta humanitaria y los intereses nacionales de Estados Unidos”. Es decir, porque no aceptan que las empresas estadounidenses tengan vía libre para acceder a minerales estratégicos a cambio de algunos aportes para la sanidad. Los países que no sigan las directrices estadounidenses no recibirán ayuda.

Firma del tratado de paz entre Ruanda y RDC

Un ejemplo lo tenemos en las negociaciones entre Zimbabue y Estados Unidos para formalizar un acuerdo bilateral en la línea estadounidense, negociaciones que están suspendidas desde hace meses porque Estados Unidos pretende acceder a los minerales críticos y el Gobierno de Zimbabue -primer exportador africano de litio, imprescindible para las baterías eléctricas-  quiere que las empresas extranjeras se comprometan a crear en ese país una industria de transformación con el objetivo de obtener mayores beneficios.

Desde el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de África se señala que la exigencia estadounidense de que los países beneficiados compartan rápidamente información sobre patógenos que puedan ser la causa de epidemias, permitiría a las empresas estadounidenses fabricar vacunas que, posteriormente, podrían ser vendidas a los países beneficiarios de las ayudas. “Al prevenir los brotes (de epidemias) no solo salvamos vidas, sino que también protegemos a la industria y a los trabajadores estadounidenses”, en palabras del secretario de Estado estadounidense.

Según Naciones Unidas, la ayuda o acción humanitaria, debe regirse por cuatro principios fundamentales: la humanidad, la neutralidad, la imparcialidad y la independencia. Concretamente, el principio de independencia significa que “la ayuda humanitaria debe ser autónoma respecto a los objetivos políticos, económicos, militares o de otra índole”.

Así de claro: la nueva ayuda humanitaria definida por el Gobierno de Estados Unidos ni es nueva ni es ayuda humanitaria.

Autoría

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *