Por Yolanda Sobero

Acaba de firmarse la paz en el conflicto de Nagorno Karabaj. Detrás del mismo, el interés por mantener la estabilidad de las rutas estratégicas que transportan el gas y el petróleo del Caspio hacia Europa. Al mercado le conviene la calma.

El conflicto, que no termina de resolverse del todo, impide retomar la vida de forma normal a sus habitantes. Foto unsplash

En estos días de pandemia, se ha reavivado un largo conflicto no resuelto en el Cáucaso sur: el de Nagorno Karabaj, que enfrenta a Armenia y Azerbaiyán desde los últimos años de la época soviética.

Desde el verano, tropas azerbaiyanas y armenias se enfrentaron de nuevo en una zona nunca libre de incidentes. A finales de septiembre. los combates se intensifican. Turquía reafirmó su apoyo a Azerbaiyán y Rusia advirtió que intervendrá si es atacado el territorio armenio. Tanto Bakú como Ereván se acusaron mutuamente de violar el alto el fuego vigente, aunque con incidentes, desde 1994. Finalmente, a primeros de noviembre, se «impone» la paz: Armenia, presionada por Rusia, acepta las condiciones de un acuerdo «doloroso» en palabras del primer ministro.

El conflicto Nagorno Karabaj comenzó ya en la época soviética. Dentro del imperio soviético, al igual que durante el imperio zarista, dependió, como república autónoma, de Azarbaiyán. Y esta dependencia se mantuvo hasta las crisis de la Unión Soviética, que abrió la espita de los nacionalismos y, en febrero de 1988, las autoridades de Nagorno Karabaj votaron a favor de su incorporación a Armenia.

Líneas de oleoductos de la región del Caspio (U.S. Central Intelligence Agency, 2002 / Perry-Castañeda Library)

En 1991, tres semanas antes de la disolución de la URSS, Nagorno Karabaj celebró un referéndum para independizarse de Azerbaiyán. El resultado fue positivo y el 6 de enero de 1992 declaró su independencia, lo que provocó una guerra entre Armenia que la apoyaba, y Azerbaiyán. El conflicto, que causó unos 25.000 muertos, así como el desplazamiento y limpieza étnica de miles de azeríes y armenios, se prolongó hasta 1994, cuando se llegó a un alto el fuego.

Desde entonces, Nagorno Karabaj, denominado República de Artsaj, vive en una independencia “de facto”, pese a que el Consejo de Seguridad de la ONU estableció que el territorio es una región autónoma de Azerbaiyán y la secesión tampoco ha recibido reconocimiento internacional alguno. Además, las partes no han logrado firmar un acuerdo de paz y la tensión persiste, de forma más o menos agresiva, en la zona.

El Cáucaso, encrucijada estratégica.

Situado en el centro sur del Cáucaso, Nagorno Karabaj podría parecer un territorio insignificante, una pequeña región montañosa, de apenas 11.500 km2 y unos 138.000 habitantes, la mayoría de ellos armenios. Por ello, podría parecer también un conflicto muy local y secundario.

Nagorno Karabaj podría parecer un territorio insignificante de apenas 11.500 km2 y unos 138.000 habitantes, armenios la mayoría.

Sin embargo, condiciona la política y el desarrollo de una región históricamente estratégica y de gran diversidad. A caballo entre Europa, Oriente Medio y Asia; flanqueado por dos mares interiores, el Negro y el Caspio; entre el cristianismo y el islam; entre los imperios ruso y otomano; entre la expansión de Europa y el avance de Asia. Zona de paso, de intercambio, de expansión de culturas, de rutas comerciales. Y, en las últimas décadas, de las rutas energéticas.

Bakú es una ciudad que huele a petróleo, al igual que otros puntos de la costa azerí del Mar Caspio. Una riqueza conocida desde la Antigüedad y que comenzaría a ser explotada a principios del siglo XIX. La empresa de unos hermanos suecos apellidados Nobel construyó, en 1878, el primer oleoducto en el Caspio. Uno de ellos, llamado Alfred estableció, con sus ganancias, los Premios internacionales que llevan su nombre.

Azerbaiyán es hoy una pieza clave para la explotación y el transporte del gas y del petróleo de los yacimientos del mar Caspio. Y para ello, es imprescindible la estabilidad en la región. Prueba de ello es que, hasta la firma con Armenia de un alto el fuego en Nagorno Karabaj en 1994, Bakú no firmó el que se bautizó como el “Contrato del Siglo” con once grandes petroleras de ocho países. 

Azerbaiyán es hoy una pieza clave para explotación y el transporte de gas y del petróleo de los yacimientos del mar Caspio. Y para ello, es imprescindible la estabilidad en la región.

Su fondo alberga dos grandes yacimientos de los que depende, en buena parte, la economía azerí: el Azerí-Chirag-Gunashli y Shaj-Denis. Sus oleoductos y gasoductos abastecen a Turquía, a Europa y transportan la producción de otros países ribereños. 

Pero ninguno de estos conductos atraviesa por Nagorno Karabaj, dada la inestabilidad en la zona, lo que obliga a reconducir la rutas a través de Georgia, una ruta más larga que la posible a través de Nagorno Karabaj y Armenia. Es el caso de uno de los oleoductos más importantes, el del Cáucaso Sur, que, a lo largo de 970 kilómetros, lleva el combustible a Turquía

De ahí, también el gran interés internacional en esta zona y también en la solución del conflicto de Nagorno Karabaj. Los recursos energéticos de Asia Central interesan a Europa y Azerbaiyán es un país de tránsito.

Es parte del nuevo” gran juego” estratégico del siglo XXI.