Javier Pagola

“Millones de individuos no llegan a ser personas: su vida es solo producir, consumir y divertirse”

Hay muchas experiencias de innovación educativa en nuestro país: necesitamos construir un banco estatal de buenas prácticas escolares. Debemos fortalecer la influencia del sistema educativo en la disminución de las desigualdades. Para ello, las prioridades en recursos humanos, económicos y sociales en el ámbito educativo han de concentrarse en los sectores empobrecidos. Necesitamos poner en relación y coordinar mejor la acción educativa de la familia, el profesorado y los movimientos que actúan en el tiempo libre y la educación no formal. Precisamos recuperar las sabidurías emancipatorias que hay en las diferentes culturas y explorar las experiencias de las religiones que nos enseñan qué es vivir bien, para liberarnos del modelo de sociedad de mercado.

“Las religiones surgen del miedo a la muerte y también de la afirmación de la vida”

En el siglo XXI Dios no es un dato seguro, ni para la filosofía, ni para las sociedades secularizadas de nuestro tiempo. Dios es, en el mejor de los casos, un postulado, un anhelo, frente a aquella fatal quiebra que tanto le preocupaba a Unamuno, quien no se resignaba a que “nuestro trabajado linaje humano” se reduzca a “una fatídica procesión de fantasmas que van de la nada a la nada”. Pero lo cierto es que, deseos aparte, nada ni nadie puede asegurar que exista Dios. Dios carece ya de detractores empedernidos y de defensores acalorados. Su hegemonía de antaño ha entrado en declive. Dios se ha eclipsado, pero este es, sin embargo, el tiempo de lo religioso. Disminuye el número de creyentes y aumenta el de personas que buscan, por libre, la Trascendencia y una espiritualidad laica.

Jesús Núñez, experto en geopolítica, seguridad y cooperación

Jesús Núñez es codirector del Instituto IECAH sobre Conflictos y Acción Humanitaria, profesor de Relaciones Internacionales en ICADE, escritor y comentarista. En su tercera visita al Foro Gogoa habló sobre “Islam-Occidente, más allá de estereotipos”.

¿Por qué dominan tanto los estereotipos al considerar las relaciones entre Occidente y el mundo islámico?

Una cosa es la realidad y otra, muy distinta, el discurso dominante sobre ella, ante el que yo voy contracorriente. Hay que admitir que los estereotipos son recíprocos. En una mezcla de ignorancia y de interés porque esa ignorancia se mantenga, se ha ido asentando una serie de estereotipos que dan como resultado unas difíciles relaciones. Occidente no es, para nada, homogéneo. De igual manera, hay muchas expresiones diferentes dentro del islam. Las esquematizaciones y caricaturas simplificadoras no ayudan a comprender, ni a relacionarse bien. Así como desde ámbitos islámicos se reduce la compleja realidad occidental y se considera que hemos perdido todos nuestros valores y principios, también desde Occidente hay un reduccionismo que arroja sobre el islam todo lo negativo que se nos ocurra imaginar. Eso viene de lejos en la historia, pero se ha agudizado en nuestro tiempo.

“Los idiomas no son sexistas, ni xenófobos. Los usos lingüísticos son los que causan desigualdad”

Amelia Barquín, filóloga y feminista, es profesora de Educación Intercultural y de Educación y Género en la facultad de Humanidades y Educación (HUEZI) de Mondragon Unibertsitatea. Ofreció en el Foro Gogoa una charla sobre Los lenguajes con que construimos la desigualdad.

Amelia Barquín se reconoce y habla como feminista. Es también filóloga. ¿Cuál sería una definición atinada de feminismo?

Bueno. En el diccionario se pueden encontrar acepciones precisas. A mí me gusta una definición de la escritora y periodista Nuria Varela, que dice que “el feminismo pretende que los seres humanos sean lo que quieran ser y vivan como quieran vivir, sin un destino marcado por el sexo biológico con el que hayan nacido”. Esa definición hace hincapié en la igualdad y en la libertad. Marina Subirats, feminista y educadora, escribió que “cada ser humano debe ser libre para elegir aquellas actitudes que le son afines, debe poder combinar las características masculinas o femeninas que habitan en su persona y poder hacerlo desde la libertad, en la dosis y en las circunstancias que le parezcan más convenientes”. ¿Quién dice que la ternura es una cualidad femenina o que la valentía es un valor masculino? Ambas cosas, ternura y valentía son cualidades humanas.