Mª Teresa de Febrer

Nací a mediados del siglo pasado en el Mediterráneo. Estudié Derecho y contemplé un amplio horizonte de posibilidades, pero el descubrimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos marcó mi rumbo, personal y laboral. Ya jubilada, intento compartir mi cosecha vital y abrir nuevos surcos para la siembra y el reconocimiento de los derechos humanos.

El desarrollo humano universal: objetivo realizable

Cuando hablamos de desarrollo humano nos referimos a la creación de capacidades humanas y mecanismos de participación activa para que las personas puedan mejorar sus vidas. De este modo, el crecimiento económico es un medio importante para el logro del desarrollo humano, pero no es el único. Tampoco es el fin último.

Lograr el desarrollo humano para todas las personas no es un sueño sino un objetivo realizable, en opinión de los expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que han elaborado el informe correspondiente a 2016, presentado recientemente. El informe, titulado “Desarrollo humano para todos”, tiene como telón de fondo acuerdos internacionales tan importantes como la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible y el Acuerdo de París para el cambio climático, poniendo el acento en la necesidad de que el desarrollo sea universal y una realidad para todas las personas. En definitiva, que “nadie se quede atrás”, como ya se señalaba en la Agenda 2030.

Datos para no dejar a ninguna mujer atrás

Si afirmo que hablar hoy de la situación de la mujer en el mundo sigue siendo un tema que, en determinados ámbitos, levanta ampollas, creo que no exagero. En el siglo XXI, en ningún país del mundo está reconocida, en la práctica, la igualdad de género. Es decir, muchos países en sus constituciones reconocen dicha igualdad, incluso sus respectivas legislaciones, pero la realidad convierte en papel mojado los textos legislativos, porque la igualdad formal no significa igualdad real.

Las viejas formas de actuar ya no funcionan

Hemos comenzado el año 2017 con un equipaje cargado de incertidumbre, de retos, de promesas incumplidas, de palabras huecas y mensajes vacíos. ¿Hacia dónde vamos? El sociólogo polaco Zygmunt Bauman afirma que “Estamos en un estado de interregno, entre una etapa en que teníamos certezas y otra en que la vieja forma de actuar ya no funciona. No sabemos qué va a reemplazar esto. Las certezas han sido abolidas”. Nos hemos instalado en la aceleración diaria que nos impide analizar el verdadero sentido de la vida. El griterío exterior que nos acosa constantemente acalla los escasos mensajes elaborados con la razón y de forma coherente.

La capacidad de abastecimiento de la tierra cumple para alimentar a toda su población.

Satisfacer las necesidades, no la codicia

Escribo esta columna el día 16 de octubre, el Día Mundial de la Alimentación. Soy consciente de que cuando aparezca en alandar, en el mes de noviembre, desde diversos ámbitos ya se habrá recordado la magnitud del problema del hambre, cuestión grave que arrastramos desde tiempos inmemoriales, una de cuyas consecuencias es la muerte diaria de miles de personas o, lo que es lo mismo, una catástrofe humana diaria, silenciosa y silenciada, porque no es noticia el escandaloso e injustificable número de personas que pasan hambre, unos 800 millones según apunta la FAO, sin contar las que no aparecen en las estadísticas porque ni sus vidas ni sus muertes se registran.