Alegría del Evangelio

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Hace ya muchos meses que Jesús, a través de nuestra amiga Marisol, nos preguntó si queríamos formar parte de un grupo para reflexionar sobre la encíclica del papa Francisco La alegría del Evangelio. Le contestamos, sin duda alguna, que sería una verdadera alegría también para nosotros el poder ser partícipes de tan maravillosa experiencia.

Pusimos en esas reuniones todas nuestras ilusiones, pues ansiábamos querer volver de nuevo a sentir la presencia del Espíritu Santo, como ya lo habíamos presentido en las reuniones que teníamos en la iglesia de San Pedro Apóstol, de Carabanchel Alto, en nuestro catecumenado de adultos, durante los últimos 20 años, hasta que nos trasladamos a Moralzarzal. Por eso no dudamos de esa llamada de Jesús hacia esta nueva singladura.

La alegría del Evangelio, ¡qué bonito y que significativo! Reuniones para reflexionar sobre la alegría del Evangelio y lo necesitada de esa alegría que está la Iglesia a la que pertenecemos y lo necesitados que estamos también nosotros de querer contagiarnos de esa alegría tan maravillosa.

Las reuniones comenzaron bajo la sabia inducción teológica que nos transmitía Juan, con su humildad y con una bendita inocencia no carente de fundamentos, que nos ha abierto puertas hacia una nueva forma de comprender y conocer a un Jesús más humano y muchísimo más cercano. Ese Jesús de la vida, ese Jesús que no está en los libros que nosotros conocíamos y que nos están ayudando a conocernos mejor también.

Gracias a unos compañeros de aventuras que son ejemplos de vida, que saben darse a los demás y que, día a día, reunión tras reunión, nos hablan de sus vivencias con Cristo, de sus miedos a lo desconocido, de sus dudas y esperanzas y que nos empapan de su sabiduría y de todos los dones que a cada uno les ha sido concedido, siempre bajo la amorosa tutela del Espíritu Santo.

Saber ser amigo es la única manera de tener amigos, pues la amistad implica amor, sacrificio, sinceridad, rectitud de intención y empatía.

Hoy también nosotros somos un grupo de amigos que tenemos muchos intereses en común, pero el interés más fuerte y el que más nos incita a amarnos sobrenaturalmente es el interés que tenemos todos de caminar junto a Jesús, tomados de la mano como una sola persona. Si algún día hay algún mal entendido, lo que hará ese malentendido, precisamente, es que nuestro grupo salga más fortalecido en el amor ya que en nombre de Nuestro Señor Jesucristo, esas pequeñas diferencias siempre las sabremos conciliar, pues estamos completamente seguros de que Jesús no puede dejar que su pequeña obra nuestra sea aniquilada por los enemigos de siempre. Dios es enteramente justo, bueno, amoroso e inteligente y jamás nos dejará de su mano.

Sigamos, pues, llenando nuestros corazones de alegría; dejemos que entre el amor y demos la espalda al odio, porque estamos seguros de que cada preciado segundo de cada una de nuestras reuniones quedará atesorado eternamente en nuestros corazones.

Solo el que sabe dar es capaz y es merecedor de recibir. Nosotros os vamos a dar nuestro corazón abierto y os entregamos nuestra amistad sin condiciones, pero como buenos amigos, que lo intentamos y que lo ejercemos, vamos a ser ladrones de vuestro tiempo. De verdad que lo sentimos por vosotros, porque estamos decididos a robaros todo el tiempo que necesitemos y, por ello, anticipadamente, os damos eternamente las gracias: por recibir “gratuitamente” cada segundo de ese tiempo. De ese tiempo para escuchar nuestros problemas y nuestras inquietudes y ayudarnos a solucionarlos, de este tiempo para demostrar vuestra preocupación por nuestro grupo, de ese tiempo para mostrarnos vuestras mejores caricias, afectos y abrazos y, sobre todo, de ese tiempo para compartir y sentir como propia, vuestra alegría del Evangelio, como así lo pide Jesús a través de Nuestro Santo Padre.

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