Connaturalidad

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Las cosas parecidas mezclan de maravilla, las realidades semejantes sintonizan “suavemente, como gota de agua que entra en una esponja”, dice San Ignacio en el número 335 de los Ejercicios. Sin estrépito, “como en propia casa a puerta abierta”, sin esfuerzo.

Quizá por eso funcionan aparentemente tan bien los encuentros eclesiales de masas, precedidos por aparato mediático y publicitario. Entran en el circuito de eventos de consumo instantáneo y televisivo, botones en el vértigo de zapping de un público que no discrimina entre la boda de William y Kate, la canonización del papa o un gran premio de Fórmula 1. Eso para los que siguen las concentraciones incrustados en el share; a los participantes se les invita a ir “a encontrarse con Dios” por bombardeo de cuñas de radio y patrocinadas por marcas de cerveza, bancos, grandes almacenes, operadoras de telefonía, un periódico y, cómo no, la Coca-cola. La estética y la lógica del mercado también en lo nuestro.

¿Es esa la manera de “encontrarse con Dios”? ¿Ese es el ámbito para hacer experiencia del Padre de Jesús? ¿No habla más bien el Evangelio de caminar, de procesos de descubrimiento del Reino, pequeño, en las personas y en el mundo? ¿No es más de Jesús lo que crece lentamente, no es más pedagógico el proceso personal de fe bien acompañado? Los fogonazos tienen su sitio, pero son sólo aparentemente eficaces; quitan la sensación de hambre rápidamente, como los platos precocinados, pero no pueden compararse a lo que sacia un guiso preparado a fuego lento.

Una evangelización montada sobre este tipo de macro-encuentros sin duda conecta connaturalmente con la sensibilidad de hoy, que huye del silencio y del compromiso y que busca el resultado instantáneo, vendible como éxito numérico. Fotos de multitudes sembradas de banderas, que aclaman enfervorizadas; pifostios que cuestan muchos miles de euros a mayor gloria de los organizadores. Como los actos electorales masivos del partido perdedor en las últimas elecciones… con los resultados conocidos. Claro que en los acontecimientos eclesiales al menos está asegurado hacer caja. ¿Cuándo vamos a empezar a tomar en serio lo de “no podéis servir a Dios y al dinero” y vamos a proceder “contrario modo” (Ejercicios 335) a las tendencias de la globalización de la injusticia que imperan hoy?

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