Una Iglesia que no sale…

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“Una Iglesia que no sale, a la corta o a la larga, se enferma en la atmósfera viciada de su encierro”, afirmó el papa Francisco en su homilía el pasado 6 de mayo. Parece ser que ahora estamos descubriendo una nueva terminología dentro de nuestra Iglesia. Hablamos de: nueva evangelizacion, apostolado seglar, propagandismo… como si estuviéramos descubriendo o inventando algo nuevo tras el concilio Vaticano II, concilio en proceso de instauración dentro de nuestra Iglesia y punto de trabajo para que, como el papa nos dice, no se enferme dentro de sí misma.

Y para no caer en un apolillamiento destructivo de nuestra Iglesia, hemos de trabajar por el “sí”, y hacia fuera. Al igual que Jesús, debemos ir predicando no solo donde ya estamos, sino fuera de nuestros templos y dentro de nuestra sociedad. Dios esta en todas partes, como nos decía santa Teresa, “a Dios se le encuentra hasta en los pucheros”. ¿Por qué no entre cualquier persona?

Hoy, en pleno siglo XXI, nuestra Iglesia católica, por decisión del santo padre, Benedicto XVI ha realizado un sínodo sobre la nueva evangelización. Y ello, ¿a qué se debe? Todo ello se debe a una profunda reflexión que tanto el Santo Padre como muchas otras personas han realizado profundamente y con gran valentía, sacando la importante conclusión de que hoy en día, tanto nuestra Iglesia como los cristianos y laicos que la formamos realizamos una pastoral de mantenimiento que no nos lleva hacia un futuro claro. Podemos preguntarnos: ¿qué queremos decir con una pastoral de mantenimiento? Pues nada mas sencillo: los cristianos, laicos o consagrados, nos hemos acomodado a mantener aquello que tenemos dentro de nuestra Iglesia, movimientos, asociaciones… sin realizar una pastoral enfocada hacia la renovación y atracción de nuevos cristianos a nuestra Iglesia, movimientos, cofradías… Envejecemos no solamente en edad, que se ve claramente, si no en el enfoque misionero de cada uno de nosotros cayendo en el cumplo y el miento, conocido entre nosotros como el cumplimiento. Vivimos en un pasado glorioso, con un presente incierto y hacia un futuro que no existe. Nos hemos acostumbrado a ser evangelizadores, pero no aceptamos ser evangelizados.

Cristo nos envió por el mundo a proclamar su Evangelio, independientemente de ser laicos, religiosos, sacerdotes… Nuestra Iglesia necesita cristianos que dejen su tibieza, trabajando para que quien busca a Dios se acerque a él por medio de la Iglesia, Iglesia que somos todos. Necesitamos introducir en nuestra maleta cuatro instrumentos imprescindibles para poder realizar una evangelización: una silla, una medalla, una brújula, un GPS.

Una silla con cuatro patas que la sostienen y sin las cuales una comunidad eclesial no puede sostenerse. La comunidad, el anuncio, la celebración y el compromiso.

Una medalla, con dos caras plenamente diferenciadas, el rey, Jesucristo y su reino.

Una brújula, con un Norte, que es Cristo; un Sur, la Iglesia; un Este, Mariah y el oeste el amor. Todos estos puntos han de estar muy definidos, pues de ello depende el siguiente elemento de nuestra maleta evangelizadora: un GPS, para definir en él la ruta a seguir y saber dejarnos llevar y conducir hacia la misma. En nuestra vida puede haber muchos GPS, oigamos como ejemplo nuestra propia Iglesia.

Pero una maleta ha de tener movimiento y, para ello, hemos de iniciar la pastoral de la zapatilla. O, mejor dicho, hemos de ir por el mundo predicando el Evangelio, no podemos quedarnos inactivos esperando que aquí me las traigan todas, hemos de movilizarnos en todos los ambientes que nos rodean definiendo en los mismos una identidad que nos lleva hacia una misión evangelizadora.

Al igual que en la parábola de los talentos, hemos de explotar nuestros talentos hacia un futuro lleno de productividad. Echémonos al bolsillo un pastillero repleto de pastillas de humor, amor y paciencia. Para ir siempre constantes y sin miedo con una cara radiante de Dios.

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