Como es sabido, el día 6 de junio se inauguró en la sala O_LUMEN de Madrid una exposición sobre los 40 años de Alandar. Como espontáneo tuve una intervención sobre el humor en Alandar y una amiga me ha animado a reproducirla en mi columna. Es lo que voy a hacer a continuación, con la benevolencia de los que ya la escucharon en su momento.
Alandar nació como una revista mensual de información religiosa en la que, de entrada, no había espacio para el humor. Dos tiras de cómic que salieron sucesivamente -Don Green y Don Inocencio- eran más bien una reflexión gráfica sobre la ecología y la Iglesia.
El primer número inauguraba una sección –“A quien corresponda”- de Martín Valmaseda, que iba comentando, a veces con humor, diversos temas de actualidad.
Quien conozca a Martín no se extrañará de que a veces hiciera propuestas como la de un calendario del año en clave de humor: 7 de enero, se van los magos; 8 de enero, se quedan los camellos; 1 de diciembre, san Eloy; 2 de diciembre, san el Mañana… Así hasta 365 días. Un verdadero tour de force.
En ese mismo número 1 empezaba un cómic realizado por mí mismo en que se relataba la historia de la entonces diócesis de Madrid-Alcalá. Como los sucesos que relataba no eran sino sucesos, coloqué un personaje, un chaval joven que hacía contrapuntos y comentarios. Por ejemplo: al primer obispo de Madrid lo mató un cura de un disparo al salir de una misa. El chaval comentaba: “fue un acto criminal y además inútil. Muerto un obispo, enseguida ponen otro”.
Como es lógico, cuando la historia de la diócesis llegó a la actualidad, puso fin al cómic. Hubo que inventar algo y así eché mano de un género entonces en boga, las fotonovelas. Tomaba fotos de alguna de ellas, cambiaba los bocadillos y construía una pequeña historia. Por ejemplo: alguien dice a su mujer: “Nuestro hijo quiere seguir una de las carreras más peligrosas”. “¿El qué, bombero?” “No, no es bombero”. “¿GEO?” “No. Quiere ser teólogo”. “¿Teólogo? Dios mío, ¡qué habremos hecho para merecer esto!” Eran los tiempos de Ratzinger.
Entretanto, de una manera no muy regular, José Luis Cortés insertaba sus dibujos como “el Cántico de las criaturillas”, un remake del cántico de las criaturas de san Francisco de Asís y algún dibujo a toda página con muchos personajes como la titulada “Y el Verbo se hizo pis”, que tuvo gran éxito.
Más adelante inició un cómic titulado “Abba”, en el que Dios era un anciano en bata y pantuflas.
No hay que olvidar la serie de “Mis santos favoritos”, redactada por Araceli Caballero, con su humor andaluz pasado por Cataluña. Por ejemplo: San Dalia, Santa Cita, San Dokán, San Sirolé, Santa Ladro y, por fin, Sanseacabó.
Poco a poco se fue configurando la penúltima página. La mitad inferior era una fotonovela o una foto a la que Martín Valmaseda ponía un comentario. En el cuadrante superior izquierdo iba algo de actualidad y en el derecho “guindillas”, frases cómicas.
Como yo siempre tengo suerte, en un viaje a Italia para un encuentro de estudiantes compré un libro titulado Anche le formiche nel loro piccoleza si arrabiano (“También las hormigas en su pequeñez se cabrean”, así se llamaba). Era una colección de frases cómicas, divertidas e ingeniosas.
De ahí salieron las “guindillas” de Alandar. Como estas dos de Woody Allen. La primera: “He dejado de fumar. Viviré una semana más, pero seguro que llueve”. La segunda: “Me voy, tengo prisa porque estoy dando un curso sobre masturbación y si me retraso empiezan sin mí”.
Y, para terminar, una anécdota: el año 2004 se concedió el premio Alandar al dibujante José Luis Cortés. Me correspondió a mí hacer la laudatio pero su contestación fue muy triste, porque consistió en anunciar que dejaba para siempre de dibujar y que se retiraba a vivir con su perro- “no es mi pareja, es sólo una buena amistad”, así dijo- y dos chistes:
“Un obispo visita una parroquia y se dirige a un niño de catequesis: -Dime una frase de la Biblia. El niño contesta: y fue Judas y se ahorcó. El obispo, sorprendido, se dirige a otro niño; -Dime tú otra. Y el segundo niño: -vete y haz tú lo mismo”.
“En una comunidad de religiosas había una monja muy mal hablada y eso molestaba a las demás. Acordaron que cuando dijese algún taco, todas se levantarían y la dejarían sola. Una mañana, en el desayuno, llega muy contenta: -Hermanas, mirad qué noticia. Se va a fletar un barco de putas para Cuba. Cuando ve que todas se levantan y se marchan, añade: Hermanas, que no es hoy, que es dentro de una semana.
Humor en Alandar. Que no decaiga.
