Esperar contra toda esperanza

Traducción de Carlos Fernández Barberá.

Conversación de Christophe Henning con Timothy Radcliffe.
La Croix. 2-1-2024 https://kiosque.la-croix.com/journal-quotidien/edition-mardi-2-janvier-2024

El británico, Timothy Radcliffe, nos dice que como cristianos tenemos que creer que esperamos la plenitud de la felicidad, con Dios.

Timothy Radcliffe, de 78 años, fue maestro general de la Orden de Predicadores de 1992 a 2001. En 2002 regresó a su comunidad de Oxford. Su palabra y conocimientos son reclamados en todo el mundo.

Del 1 al 3 de octubre del año pasado, los 354 participantes en los trabajos del Sínodo compartieron un retiro espiritual con el título Esperar contra toda esperanza”, que fue confiado al padre Radcliffe.

Para un cristiano la esperanza consiste en creer que esperamos la plenitud de la felicidad a la que aspiramos, es decir, a Dios”

Pregunta.- En el Sínodo usted ha meditado a partir de la frase esperar contra toda esperanza”. ¿Hay que ser un poco loco, inconsciente, audaz para esperar contra toda esperanza?

Respuesta.- Yo diría lo contrario: que sería raro -es decir, loco- no esperar la  felicidad infinita. A veces los seres humanos son tocados por la sed de un amor sin límites, incondicional. Si rechazamos eso como una ilusión, decimos que en el corazón de nuestra humanidad hay un engaño. Creo que esta profunda sed humana de felicidad infinita, que todos sentimos alguna vez, es la cosa más bella que existe. Esperar es vivir en el mundo real. Los niños lo saben. Yo espero que la educación no destruya esta esperanza que es el centro secreto de nuestra humanidad.

P.- ¿Cómo evitar el miedo en un mundo tomado por la violencia?

R.- Es natural tener miedo en un mundo peligroso. El valor no consiste en no tener miedo sino en no ser prisionero del miedo. Algunas de las personas más valerosas que conozco son las que tienen miedo pero, de todos modos, hacen lo que hay que hacer. Pienso en un dominico canadiense, EIvon Pnerleau, que se atrevió a volver a Ruanda, arriesgando su vida, cuando el genocidio. El ejército fue a buscarlo a nuestra comunidad. Todos los hermanos tuvieron que echarse al suelo, fueron interrogados para saber dónde se encontraba. Él me dijo que estaba allí, temblando de miedo, pero que no había huido. Ese es el verdadero valor. El teólogo dominico Herbert McCabe: “Si amas serás herido y hasta muerto. Si no amas, ya estás muerto”. Sí, seremos heridos pero el Señor ha resucitado, ha aparecido a sus discípulos y les ha mostrado sus heridas. Nosotros somos los hermanos y hermanas de nuestro Señor herido y nuestras heridas son el signo de que nos hemos atrevido a vivir y a compartir su esperanza.

P.- ¿Cómo tener confianza frente a la incertidumbre del futuro?

R.- Confianza es una palabra magnífica que significa literalmente “creer juntos”, con-fidens en latín. Nosotros no esperamos solos sino en la comunidad de fe. Cuando tengo dudas, otra persona puede tener la esperanza necesaria para sostenerme. Cuando alguien pierde la esperanza, yo puedo quizá ayudarle. Así, cuando el futuro es más peligroso, es más urgente que busquemos juntos el bien común y no nos encerremos en nuestra propia vida.

P.- Poner su confianza en Dios ¿es un refugio o una huida?

R.-Yo he tenido la gran fortuna de vivir con personas como el bienaventurado Pierre Claverie, mártir en Argelia en 1996. Consagró su vida al diálogo con sus hermanos musulmanes. Sabía que iban a matarle, pero afrontó el futuro con confianza en Dios y nos ha dado confianza a nosotros, sus hermanos, sus hermanas y amigos. Pienso igualmente en Albert Nolan, dominico que combatió valerosamente el apartheid en Sudáfrica, poniendo su vida en peligro. Ha sido tan alentador vivir con personas que afrontan terribles enfermedades y, finalmente, la muerte con valor y alegría.

P.- ¿De dónde puede nacer la esperanza? ¿De la oración, del encuentro con los otros, del Evangelio?

R.- Todo puede contribuir. San Oscar Romero tuvo miedo de morir, pero no se dejó vencer por este miedo porque era un hombre de oración. La eucaristía es nuestra invitación cotidiana a vivir en esperanza; evoca ese momento de la noche precedente a su muerte, cuando Jesús ha sido abandonado y renegado por sus amigos más cercanos. Todo lo que le esperaba era la tortura y una muerte atroz. En ese momento, el más sombrío, ha realizado el más bello acto de esperanza generosa: este es mi cuerpo entregado por vosotros. Así, cuando perdemos la esperanza, lo mejor que podemos hacer es acercarnos a la eucaristía, el sacramento de la esperanza.

P.- ¿Cuáles son los signos que le reconfortan, que le reconcilian con la vida?

R.- Cada vez que he visitado lugares en guerra -Irak, Siria, Ruanda, Angola…, he vuelto con una fe y una esperanza renovadas. Por ejemplo, recuerdo los momentos que pasé con mis hermanas dominicas en Irak. A pesar de todas sus dificultades, expulsadas de sus casas, con un futuro incierto, compartieron conmigo su fe y su esperanza y yo volví con una felicidad renovada. Tengo el privilegio de vivir con jóvenes dominicos en Oxford. Su humanidad, su fe y su valor me dan esperanza para el futuro. Debería haber un pacto de esperanza entre generaciones: los mayores compartiendo su esperanza con los jóvenes y viceversa.

P.-Personalmente ¿qué le ayuda a plantar cara a las dificultades?

R.- Aparte de la eucaristía, dos cosas están profundamente ligadas: el silencio y la amistad. Uno de mis amigos más cercanos era un compañero de noviciado, David Sanders, murió de COVID. A menudo íbamos juntos de vacaciones y yo aprendí hasta qué punto están unidos el silencio y la amistad. Era un hombre de oración profunda, silenciosa, con el Señor; era el fundamento de su vida, todo lo que decía partía de ahí. Con nuestros mejores amigos podemos callarnos y hablar más profundamente y ser conducidos a un silencio aún más profundo. Algunos de mis recuerdos más preciosos son de momentos pasados con los amigos en silencio, en presencia de la belleza, quizá con un vaso en la mano.

P.- ¿Cuáles son sus deseos para el nuevo año?

R.- Me gustaría escuchar más música, estoy convencido de que la música es esencial para nuestra búsqueda de la paz y de la armonía. La música abre la puerta a la trascendencia. Mi vida ha sido a menudo una carrera desenfrenada en la que intentaba hacer un centenar de cosas. Debería consagrar más tiempo a la música. Es también una buena preparación para la eternidad que, sin duda, ya no está muy lejos.

Autoría

  • Carlos F. Barberá

    Nací el año antes de la guerra y en esta larga vida he tenido mucha suerte y hecho muchas cosas. He sido párroco, laborterapeuta, traductor, director de revistas, autor de libros, presidente de una ONG, dibujante de cómics, pintor a ratos... Todo a pequeña escala: parroquias pequeñas, revistas pequeñas, libros pequeños, cómics pequeños, cuadros pequeños, una ONG pequeña... He oído que de los pequeños es el reino de los cielos. Como resumen y copiando a Eugenio d'Ors: Mucho me será perdonado porque me he divertido mucho.

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