Polémica entre «los dos papas»

Evaristo Villar

En la ficción de Netflix hay menos intrigas que en la realidad vaticana.

Desde que saltó a los medios esta polémica, no he podido evitar la idea de que se trata de una “resistencia nostálgica”, y condenada al fracaso, al arrollador proceso cambiante de la historia. Resistencia muy eclesiástica, por cierto, pero con muy poco contenido evangélico. Y es que el Evangelio, por cualquier lado que se mire, siempre sale malparado en este asunto, bien sea por parte del núcleo duro opositor a Francisco, o bien por parte de sus curiales defensores.

Pongamos sobre la mesa brevemente algunos datos. Domingo por la tarde del 12 de enero 2020, el diario ‘Le figaro’ lanza la explosiva noticia de que el papa emérito Benedicto XVI va a publicar el día 15 un libro “a cuatro manos” con el cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y uno de los más activos del considerado “núcleo duro” de oposición a Francisco. 

El medio francés que da la noticia adelanta ya el título del libro, ‘Desde lo más profundo de nuestros corazones’, y algunos de sus contenidos más mediáticos. Se trata precisamente de aquellos que levantaron mayor polémica y expectación en el reciente Sínodo Amazónico y sobre los que se espera que el papa Francisco, en breve, tome postura. Es decir, el celibato de los curas y el posible sacerdocio ministerial de los “viri probati” (laicos casados). 

A este propósito, dos párrafos parecen realmente explosivos: “El celibato de los sacerdotes es indispensable; no puedo callar” (Benedicto XVI); y “Hay un vínculo ontológico-sacramental entre el sacerdocio y el celibato. Cada vez que se redimensiona este vínculo se cuestiona el magisterio del concilio y de los Papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Suplico humildemente al Papa Francisco que nos proteja definitivamente de esta eventualidad, vetando toda debilitación de la ley del celibato sacerdotal” (cardenal Sarah).

El jolgorio mediático no se hizo esperar. La polémica entre los dos papas, esperada y temida, estaba servida. Se destacó inmediatamente que se trataba de un bombazo de la oposición francoamericana contra las tímidas propuestas liberadoras del Sínodo Amazónico y un “ataque preventivo” a lo que pueda decidir Francisco en su próxima Exhortación Apostólica. La verdad es que cada vez que aparece un desencuentro en las alturas, quien lo sufre es la gente de abajo y quien acaba pagándolo es el Dios de los pobres. Hay que añadir también que a este boom en los medios coadyubó, quizás sin pretenderlo, la buena película del director brasileño Fernando Meirelles, ‘Los dos papas’.

Los “defensores curiales” salieron en tromba para desacreditar el futuro libro: Se trata, dicen, de una burda manipulación de una persona “física (y quizás mentalmente) debilitada”. “Benedicto XVI -recapituló pronto el ABC- nunca vio, ni aprobó el libro que el cardenal Sarah presenta como de ambos”.

Por su parte, el cardenal Sarah, harto de estas farsas, reaccionó en twitter diciendo: “Los ataques parecen indicar una mentira de mi parte. Estas deformaciones son de una especial gravedad. Esta noche doy las primeras pruebas de mi estrecha colaboración con Benedicto XVI para escribir este texto a favor del celibato”. Y luego, por la noche, presentó tres cartas, firmadas por Benedicto XVI, sobre el proyecto del libro.  En la tercera y última carta, el emérito pontífice concluye: “Por mi parte, el texto puede ser publicado en la forma por usted prevista”.

Sea lo que fuere de la verdad de esta polémica, no podemos olvidar que estamos en la era de las fake news que, por desgracia, azotan, como un incontrolable tsunami, hasta las cimas más altas de la sacralidad. Desde una sensibilidad que quiere ser evangélica, se me ocurren, para terminar, estas dos reflexiones.

La figura de Ratzinger no ha podido ser, ni lo es ahora, indiferente: Gran teólogo del Vaticano II (que, llegado a la alta jerarquía, no ha tenido inconveniente en desdecir sus propias posiciones teológicas anteriores e interpretar “a su aire” los textos conciliares que él mismo ayudó a construir); que, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, castigó severamente a muchos teólogos y obispos conciliares (se habla de unos 500); y que, finalmente, llegado a la cátedra de Pedro como Benedicto XVI, mantuvo una postura, digamos, “confusa”, tanto en lo referente a las finanzas de la Iglesia como al denigrante tema de la pederastia. Todo esto explica que sus palabras y posicionamientos doctrinales, máxime si van contracorriente de la sensibilidad pastoral de la Iglesia de hoy, no sean indiferentes para nadie y tengan tanta repercusión mediática.

Por otra parte, la presencia de un “papa emérito”, algo tan inusual en la Iglesia, está levantando muchos interrogantes. Entre ellos este: ¿debería contar esta figura nueva en la Iglesia con un estatus propio en previsión de que pueda reiterarse (o acrecentarse) en futuro? Opino que no. También hasta un papa emérito llega el mandato de Jesús: “Yo estoy entre vosotros como el que sirve”, Lc 22, 27.

Tengo para mí que en la Iglesia de hoy hay demasiados dúplex y faltan residencias comunes donde todo el mundo pueda disfrutar de los mismos servicios. Desde el Deuteroisaías (sg. VI) con la figura del Siervose acrecienta una corriente éticorreligiosa provocadora que desemboca en el himno judeocristiano que Pablo, aplicándolo al Jesús de la historia, recoge en su carta a los Filipenses: hacerse uno de tantos”. Además del desafío ético innegable que supone, “hacerse uno de tantos” se introduce en un espacio místicoteológico: “Se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, haciéndose uno de tantos”. (Fil 2, 6-11). 

¡Ojalá que el reto de “hacerse uno/a de tantos/as” encuentre en la “Iglesia en salida” del papa Francisco el impulso necesario no solo para superar la resistencia nostálgica al cambio, sino, y sobre todo, para estar evangélicamente con la historia en el momento actual!