Como es sabido, con un objetivo de clara confrontación, una semana antes de la venida del Papa a España, los movimientos evangelistas han convocado un encuentro multitudinario en la plaza de toros de Vista Alegre. Pero ¿qué son estos movimientos?

En la calle Azusa en Los Ángeles a principios del siglo XIX nació lo que se llamó la renovación pentecostal. Era un grupo de personas protestantes que se reunían en sesiones con fuerte carga emocional, que afirmaban haber recibido el “bautismo en el Espíritu Santo”. De ahí procede un movimiento con celebraciones muy emocionales, que pone el acento en la experiencia del Espíritu, que invita a manifestarlo, todo ello unido a veces a fenómenos de sanación, de milagros y profecías.
En principio, pues, no tenía ningún contenido ideológico. Era un modo de espiritualidad que también llegó al catolicismo. De hecho, hay un pentecostalismo católico que no estaba reñido con la acción. Por ejemplo, uno de sus grupos, llamado Basida, estuvo muy activo en el cuidado de enfermos de sida, y recibió en 1991 el premio Alandar. Sin embargo, la orientación y el contenido iban a cambiar radicalmente.
Entre los años 1980 y 1986, miembros de la CIA redactaron los llamados Documentos de Santa Fe, con una serie de estrategias destinadas a combatir en América Latina la influencia de las izquierdas y aumentar la de EE.UU. Entre las variadas sugerencias, se proponía menoscabar la influencia de la Iglesia católica, entonces cercana a los pobres a través de la teología de la liberación.
Y en efecto, en poco tiempo, aquellos pentecostales convertidos en evangelistas comenzaron su asalto. Grupos de predicadores subvencionados por EE.UU. desembarcaron en Latinoamérica. Se alquilaban locales comerciales y se abrían iglesias con distintos nombres, pero con un mensaje común: Dios y yo, Dios que me habita, Dios que me sana.
Nada más allá de las fronteras de la vivencia y el bienestar personal. Hay que reconocer que, frente a parroquias muy jerarquizadas, liturgias monótonas, ese nuevo estilo espiritual tuvo bastante éxito, presentando testimonios de renovación espiritual y social: de gente que se confesaba renacida, alcohólicos que dejaban de beber, maltratadores que dejaban de pegar a sus mujeres.
No hace falta decir que estos movimientos apenas tienen nada que ver con las iglesias de la Reforma protestante, que incluyen comunidades diferentes entre sí, pero que proceden de EE.UU. y que son ellos quienes marcan la pauta.

En esta línea va la nueva vuelta de tuerca en la llamada teología de la prosperidad: si confías en Dios, Él te ayudará a prosperar en este mundo desigual y competitivo. Es la teología de los ricos, los elegidos de Dios. No es casualidad que al encuentro de Vista Alegre acuda Frankin Graham, hijo de Billy Graham, el famoso predicador americano.
Franklin es amigo de Donald Trump, participó en sus dos campañas electorales y rezó en su toma de posesión y ha afirmado expresamente que el presidente de los EE.UU. es un enviado de Dios para ganar la guerra con Irán. Nada menos. De nuevo la religión al servicio de los poderosos, aunque sea con características muy distintas.
Esperemos al encuentro de Madrid, ciudad en la que hay más de mil lugares de culto evangelista frente a setecientos y pico católicos. Y demos gracias por pertenecer a una Iglesia dirigida por León XVI, que se opone a las guerras, que se acerca a los pobres, que se preocupa por la desigualdad. Lo que haría Jesús.
