Los nuevos hijos de Noé

«Dios bendijo a Noé y a sus hijos y les dijo: Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra», comienza diciendo el noveno capítulo del libro del Génesis. Estas últimas semanas nos ha interrumpido la profundidad del misterio de la Encarnación que acabamos de celebrar en Navidad. Pero lo cierto es que veníamos enfrascados en discusiones pastorales y teológicas sobre bendiciones, sobre todo de parejas, y de la fecundidad de estas mismas.

Icono representación de San Sergio y San Baco, patronos de las relaciones entre personas del mismo sexo.
Icono que es una representación de San Sergio y San Baco, patronos de las relaciones entre personas del mismo sexo. Pintado por un miembro de CRISMHOM, misionero en este momento en Mozambique.

Curiosa forma de acabar el Adviento, ¿no creéis? Todo un mes haciendo hueco en nuestro ser a ese Dios necesitado que se encarna, para que nos pille discutiendo si su Iglesia debe bendecir a parejas en situación irregular; para que nos pille con las lámparas apagadas. Nos hemos marcado un Marta de Betania, podríamos decir en lenguaje coloquial. Y si los que estábamos metidos en este tema éramos Marta, ¿quién era María?

Volvamos, pues, a lo importante, a escuchar a Jesús de Nazaret. En el Evangelio ¿qué dice Jesús sobre las personas homosexuales? Nada. Es cierto que por su contexto histórico poco podía decir. Pero soy de la opinión de que si no tocó el tema nunca es porque no es lo más importante. ¿Y qué dijo sobre las personas que vivían juntas sin estar casadas, o sobre las divorciadas? Sobre esto, sí habló algo más. Jesús fue un gran defensor del matrimonio y mencionó alguna vez que era porque lo consideraba algo de Dios. No obstante, observamos en esos momentos deliciosos, en los que se encontró con la mujer adúltera y con la cananea, que para Él lo más sagrado no es el matrimonio como tal, sino la persona, imagen y semejanza de Dios.

En CRISMHOM, comunidad cristiana ecuménica LGTBI+H de Madrid, consideramos que esta es la línea que sigue el sonado documento Fiducia Supplicans. No corrige una coma del magisterio de la Iglesia católica sobre el matrimonio. No es un texto teológico, sino pastoral. Teniendo fija la entelequia del matrimonio, la Iglesia está empezando a dejar de mirar hacia esta para mirar a los ojos a cada persona. Está empezando a mirar como lo hace Jesús tantas veces en el Evangelio. Creemos que es un paso hacia adelante, un paso hacia la total integración de las personas LGTBI en la Iglesia.

Pero es simplemente eso, un paso hacia adelante. Si una revisión pastoral acaba de realizarse, sigue siendo tarea pendiente una revisión teológica. Volvamos al fragmento del relato de Noé: el mandato de Dios, por el cual los bendice, es «Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra». Mandato que, de hecho, es reiterado, pues ya lo enuncia en Génesis, 1. El problema está en que interpretamos esta directriz divina de una forma muy simplista. Naturalmente, el deseo de Dios de multiplicación hace referencia a la procreación, al crecimiento en número del ser humano. Pero interpretar la fecundidad de la misma forma nos lleva a una pobreza en nuestra mirada. La fecundidad de una persona y de una pareja no está sólo en el número, va mucho más allá de la multiplicidad numérica de la vida. La vida tiene muchas dimensiones, como las tiene la fecundidad de una pareja. La procreativa, la pastoral, la del cuidado, la de la permanencia, la unitiva, la de la comunión, la comunicativa, la sacerdotal… son sólo algunas de las dimensiones que tiene la vida. Si una pareja vive uno sólo de estos aspectos, ¿es posible argumentar que no es fecunda? De esta forma, la bendición que da Dios a Noé y a sus hijos para que sean fecundos es extensiva para toda forma de fecundidad. No es posible argumentar que únicamente se puede bendecir y considerar a las parejas que tengan hijos.

En una bendición se da gracias a Dios por los dones que ha depositado en aquello que se bendice. Por tanto, en el documento Fiducia Supplicans la Iglesia reconoce la posibilidad de que nuestras parejas alberguen dones de Dios. Asimismo, también reconoce la existencia de estas parejas en sus comunidades y acerca la visión que tiene hacia nosotros. Ya no tiene sentido llamarnos alejados, como hacía. Estas bendiciones muestran que no somos personas alejadas, ni de Dios ni de la Iglesia, y que somos parte constituyente de las comunidades de base. Estamos tan dentro de la Iglesia como los demás.

El hecho de que ahora esta visión cuente con el beneplácito del Dicasterio para la Doctrina de la Fe no es un arrebato de modernidad por parte de algunas esferas vaticanas, sino que obedece a una necesidad actual, al ser un hecho que ya empezaba a ser manifiesto en algunas comunidades de base de forma cotidiana y sin hacer ruido. Únicamente faltaba que fuera admitido por la jerarquía. Los cambios siempre se producen de abajo hacia arriba.

Por otro lado, es importante también revisar la teología sacramental. Por ahora, no ha madurado la idea que tiene la Iglesia católica sobre el matrimonio. Sin embargo, ese momento habrá de llegar. Las bendiciones son un tipo de sacramental. Pero nuestras relaciones de pareja son sacramento, dado que son mediación con Dios. Son relaciones cristianas en las que Él es el centro y, por mucho que sean relaciones LGTBI, no pueden ser consideradas de segunda clase. Nuestras relaciones de pareja son matrimonio.

En el relato bíblico, justamente tras hacer salir del arca y bendecir a Noé y sus hijos, Dios les dice: «Pongo mi arco en las nubes, que servirá de señal de la alianza entre Yo y la Tierra». La señal de esta alianza es el arcoíris. Y, por “diosidades” de la vida, el arcoíris resulta ser, asimismo, el símbolo de la diversidad sexual y de género.

Pensemos también en el arcoíris cómo metáfora de esta pequeña alianza, de este puente que se acaba de tender entre la Iglesia y el colectivo LGTBI.

1 comentario en «Los nuevos hijos de Noé»

  1. Amigas y amigos de Crismhom. Me alegra leer vuestro artículo en Alandar con esa bella imagen de Sergio y Baco. Soy Deme Orte, miembro de una pequeña comunidad de base en Valencia, y he acompañado muchos años al grupo cristiano LGTBI (con diversas denominaciones) en Lambda . A raíz del documento Fiducia Supplicans, me he permitido publicar una opinión mía, que si me facilitáis una dirección de correo electrónico puedo enviaros con mucho gusto. Valoro el documento como un paso de apertura, pero también soy crítico en que parece dar «una de cal y otra de arena» en cuanto a que se queda muy corto en reconocer la igualdad y diversidad, el valor «sacramental» de muchas realidades («sacramentos de la vida» más allá de los 7), y del matrimonio igualitario como tal. Tengamos «paciencia histórica» de que los cambios en la Iglesia van muy lentos, pero a la vez, empujemos desde abajo para hacerlos, como creo que hacéis vosotros y hacemos humildemente algunas pequeñas comunidades desde nuestras periferias. Un abrazo. Deme Orte

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