Durante casi una semana, del sábado 6 al viernes 12 de junio, el viaje del papa León XIV a España copó casi todos los titulares de la prensa española. A lo largo de su visita, el Pontífice visitó Madrid, Barcelona y las Islas Canarias, se encontró con autoridades, pronunció más de una veintena de discursos -incluyendo, por primera vez en la historia, uno en el Congreso-, visitó centros de acogida y de atención a personas vulnerables, y bendijo a decenas de niños. Habló de la acogida a las personas migrantes, a favor del diálogo y en contra de la polarización política. Mantuvo un secretísimo y polémico encuentro con víctimas de abusos sexuales al que no fueron invitados las principales asociaciones de víctimas, protagonizó una cinematográfica bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia…
El viaje de León XIV ha dado para mucho. Cada palabra, cada gesto (por acción u omisión) ha generado multitud de análisis y comentarios. Queremos brindar a la comunidad de Alandar la oportunidad de seguir reflexionando sobre una visita que, sin duda, ha sido muy significativa. Así, hemos preguntado a distintas personas cercanas a la revista su opinión sobre el viaje.

Compartimos con todos y todas vosotras las respuestas de Pepa Torres, teóloga y activista social; Rafael Ruíz de Andrés, profesor de sociología de la UCM especialista en Sociología de las Religiones; Mª Ángeles López Romero, periodista y escritora; Javier Baeza, sacerdote responsable del Centro Pastoral San Carlos Borromeo; Carlos Cabrera, profesor de filosofía y animador cultural; María Mercader, técnica de pastoral de la Fundación Pere Tarrés; y Luis Aranguren, filósofo, escritor y animador de comunidades cristianas.







¿Por qué esta visita ahora, apenas un año después de la llegada al papado de León XIV, cuando en 12 años de pontificado de Francisco no hubo ninguna?
Pepa Torres:
León XIV es un hombre profundamente estratégico. Hay sobre todo tres temas que le preocupan especialmente del país, y su visita está relacionada con ellos:
El primero, la polarización extrema y el actual clima político en España, con una derecha y una ultraderecha muy violentas, que intentan legitimarse como defensoras de los valores católicos y apropiarse del discurso público de la fe. El Papa, con sus discursos y su presencia en el Congreso, ha venido a cuestionar esta identificación, aunque no sé si con mucho éxito.
El segundo, la gravísima situación de los abusos en España y las dificultades de la Conferencia Episcopal para llegar a acuerdos con el Gobierno y con las víctimas desde su exigencia de verdad, justicia y reparación. La visita a España tiene que ver con reforzar esos acuerdos Iglesia-Estado para la reparación de las víctimas, aunque, para muchos y muchas, ha tenido algunas lagunas en este sentido.
La tercera es la realidad de las migraciones y la situación estratégica de España como puerta de Europa. Era un viaje pendiente del papa Francisco y, en la línea continuista con Francisco, esperable. Las fronteras siguen siendo lugar de muerte -a la vez que de esperanza-, en donde se vulnera constantemente la dignidad humana, uno de los temas que atraviesa la agenda política y pastoral de León XIV.
Rafael Ruíz de Andrés
En León XIV observamos continuidades claras con Francisco, pero con acentos propios. Durante el papado de Francisco, el foco de sus viajes se situó en las periferias de nuestro mundo y de la Iglesia. Aunque no vino a España, durante los últimos años se hablaba de una próxima visita a las islas Canarias por lo que este enclave nos revela sobre el drama humano de la migración.
León XIV ha retomado esa intención, añadiendo una preocupación adicional: el presente y el futuro del catolicismo en un Occidente secularizado en el que no sólo se sigue haciendo patente la importancia de lo religioso y espiritual para la vida social e individual, sino que también en ocasiones es objeto de secuestro por parte de los discursos de la derecha radical, como señala el sociólogo Olivier Roy. De hecho, Francia, otro territorio histórico de la cristiandad será el próximo destino de León XIV.
Mª Ángeles López Romero
Podría deberse a que el papa León XIV fue elegido como una figura de conciliación y ha decidido venir a España para restañar las heridas que se produjeron entre Francisco y su episcopado a causa, entre otras, de la atención a los casos de abuso sexual. Tiene todo el sentido que León XIV quisiera consumar el viaje diseñado por Francisco para visitar las Islas Canarias y poner en el centro de su discurso la acogida y cuidado de las personas migrantes. Y el centenario de Gaudí y la inauguración de la torre que da por concluida la Sagrada Familia sería en sí mismo más que motivo suficiente para un viaje papal. Pero ni yo ni nadie sabemos los motivos reales.
Escuchados todos sus discursos de estos días, la impresión es que España ha servido al interés de León XIV por marcar una hoja de ruta clara y contundente en cuestiones que van a ser claves en su pontificado, como el foco en las personas víctimas de cualquier tipo de exclusión o la apertura a una sociedad con la que construir redes de colaboración que nos salven de la inhumanidad y de una tecnología sin corazón.
Javier Baeza
La razón objetiva no la conozco. Sí me consta que Francisco sabía y conocía que no era del agrado de muchos obispos y creyentes españoles. Quizás con esta visita se ha querido restablecer los puentes con la Iglesia española que las hordas más conservadoras dinamitaron en los años de Francisco.
Carlos Cabrera
La primera visita de León XIV a España y, especialmente, a Canarias, constituye un acontecimiento histórico que trasciende el ámbito eclesial. Más allá de ser la primera presencia de un Papa en el archipiélago, el viaje permite identificar algunas claves de un pontificado que, en clara continuidad con Francisco, comienza a mostrar un perfil propio tanto en lo pastoral como lo geopolítico.
El nuevo Papa parece haber asumido varios compromisos que quedaron pendientes durante el pontificado anterior. Entre ellos, la atención a Canarias como símbolo de los grandes desafíos migratorios y el reconocimiento de la singularidad del catolicismo catalán. A ello añadió una significativa estancia en Madrid, interpretada por muchos como un respaldo a la línea pastoral del cardenal José Cobo y a una determinada forma de entender el futuro de la Iglesia española.
Sin embargo, el alcance del viaje va mucho más allá de las dinámicas internas de la Iglesia porque León XIV ha demostrado desde el inicio de su pontificado una notable sensibilidad hacia las transformaciones globales que marcan nuestra época. Su preocupación por los cambios geopolíticos, el papel emergente de Asia, el futuro de África, las tensiones internacionales y el impacto de la inteligencia artificial revela una comprensión amplia de los desafíos contemporáneos.
María Mercader
Francisco mantuvo una relación muy distinta con España. Nunca quiso convertir una visita en un gran acontecimiento político ni eclesial. Su prioridad fueron siempre las periferias en donde la Iglesia apenas tiene poder, pero el Evangelio resulta más necesario.
Con León XIV sucede algo diferente. Apenas un año después de su elección, la visita responde también a una necesidad simbólica. El nuevo pontificado necesitaba presentarse en uno de los países históricamente más influyentes del catolicismo europeo y consolidar un relato propio.
En sus discursos León XIV ha recuperado con fuerza elementos centrales del Evangelio que hoy resultan profundamente incómodos: la dignidad incondicional de toda persona, la denuncia de una economía que excluye, la defensa de los migrantes, la llamada constante a poner a los pobres en el centro y la crítica a la indiferencia. Son palabras que siguen teniendo una enorme capacidad transformadora.
Precisamente ahí aparece la gran tensión. El Papa habla con frecuencia de una Iglesia que sale al encuentro, que escucha y que pone a las personas antes que las normas. Sin embargo, esa apertura apenas encuentra traducción en las estructuras eclesiales. Se reconoce la dignidad de todas las personas, pero siguen sin revisarse cuestiones fundamentales relacionadas con las mujeres, las personas LGTBIQ+, el acceso al ministerio o las formas de ejercer el poder dentro de la Iglesia.
La teología feminista lleva décadas recordándonos que no basta con cambiar el lenguaje si permanecen intactas las relaciones de poder. Por ejemplo, Marcella Althaus-Reid hablaba de la necesidad de una teología indecente, capaz de desvestir las normalidades que el propio cristianismo ha convertido en sagradas. Mientras determinadas estructuras permanezcan intocables, la inclusión corre el riesgo de convertirse únicamente en hospitalidad paternalista. Entonces, la Iglesia continúa hablando muchas veces desde un único lugar de experiencia: masculino, clerical, occidental y célibe. La diversidad no consiste únicamente en escuchar testimonios; consiste en compartir autoridad.
Luis Aranguren
A Francisco nunca le interesó hacer viajes a los países del Norte; le importaban las periferias, los países y pueblos invisibilizados. Dentro del Norte rico puso el dedo en la llaga de Lampedusa, y desde su cercanía con los migrantes, sus luchas y sus duelos, deseaba viajar a Canarias, no como visita a España, sino como un modo de estar presente juntos con los migrantes empobrecidos.
Creo que León XIV quiere retomar la vieja escuela viajera de Juan Pablo II y, en ese sentido, España era un buen punto de partida. El centenario de la muerte de Gaudí precipitó la fecha de este viaje; en torno a ese evento en Barcelona se construyó toda la visita.

¿Que ha supuesto la visita? ¿Cuál es su significado e impacto?
Pepa Torres
Su persona y sus discursos, sobre todo en lo que se refiere a doctrina social, han desmarcado a la Iglesia de los intereses de las derechas y las ultraderechas mundiales, aunque no sabe si estas se quieren dar por enteradas y no sé si tampoco las iglesias locales.
León XIV se ha posicionado contra las políticas de la crueldad, los discursos del odio, la polarización y los totalitarismos; ha reconocido al Islam y la convivencia intercultural como una realidad que forma parte de lo mejor de nuestra historia y nos ha animado a seguir cultivándola (en este sentido, se ha posicionado muy inteligentemente contra las políticas de prioridad nacional que pretendenimponerse en nuestro país)y nos ha recordado que un principio fundamental del cristianismo es la dignidad de toda persona, sea cual sea su condición.
Sin embargo, hay que pasar del discurso a la práctica, y las mujeres, las personas LGTB, las divorciadas somos, entre otros colectivos, el ejemplo de la dinámica de exclusión e invisibilización dentro de la Iglesia.
León XIV es un papa muy abierto y comprometido en lo social, pero, tristemente, no presenta ningún avance en lo que se refiere a la moral sexual, las políticas reproductivas y el derecho a una muerte digna. En este sentido, podemos decir que no es sensible al sufrimiento humano de quienes están atravesados por estas realidades.
Rafael Ruíz de Andrés
La visita ha constituido un hito muy relevante tanto para la Iglesia en España como para la relación entre la sociedad española y el catolicismo. Respecto a otros momentos de nuestro pasado reciente, la presencia, los actos y los discursos del Papa le llevan a afirmar que en España se está consolidando la postsecularidad: frente a las tensiones históricas entre secularismo y religión, una amplia audiencia secular ha seguido con interés este evento, comprende la contribución de las religiones a nuestra sociedad y alberga expectativas ante el mensaje de León XIV, cuyas palabras gozan en estos tiempos de una particular autoridad moral, intensificada por el erial de voces de referencia a escala global.
Por otra parte, hemos visto una Iglesia que, lejos de la tentación de imponer, propone y se muestra dispuesta a colaborar con otros actores en retos compartidos, como la justicia social o los riesgos tecnológicos. Igualmente, ha quedado de manifiesto que, en una sociedad secularizada como la española, las religiones siguen siendo un actor fundamental, y que un sector importante de la población, también juvenil, se deja interpelar por su mensaje en sus búsquedas de sentido.
Mª Ángeles López Romero
Creo que hay que leer los discursos del Papa durante su visita a España como un corpus dotado de sentido en su conjunto, que ha tenido un inicio y un cierre coherentes en el primer acto con público, en el centro CEDIA de Atención a Personas Sin Hogar de Cáritas Madrid, y en Canarias escuchando y abrazando a las víctimas de la trata o el tráfico de personas. Ambos momentos definen, en mi opinión, lo que el Papa quería realmente que fuera este viaje: una demostración de la predilección por quienes sufren cualquier tipo de exclusión.
A quienes daban por muertos los frutos del pontificado de Francisco, León XIV les ha confirmado su apuesta por la sinodalidad y las periferias. En tiempos de espiritualidad cargada de emotividad, pero hueca de empatía y compromiso, el Papa ha lanzado mensajes tan contundentes como “nadie puede arrodillarse ante Dios y despreciar al hermano”. Otra cosa es quiénes de cuántos han asistido a eventos con el Papa y aplaudido sus discursos se han dejado interpelar verdaderamente por sus mensajes.
Javier Baeza
Los frutos, de haberlos, se verán con el tiempo. Desde luego, los mensajes de León XIV han sido muy contundentes respecto a la migración y a la centralidad del ser humano. La emoción del puerto de Arguineguín debe llevarnos a replantear -estaba presente el responsable último de aquella tragedia, Pedro Sánchez- las políticas migratorias y también nuestra forma de acercarnos y cuidar la realidad de las personas migrantes. Tristemente, en ningún momento del acto apareció la palabra Justicia o Derecho. Seguramente, el significado no haya sido la visita física cuanto los mensajes que ha dejado. Ahora hemos de ser los creyentes quienes, con lo dicho por el Papa, trabajemos incansablemente por seguir “curando enfermos, resucitando muertos, limpiando leprosos…”.
Carlos Cabrera
La elección de las islas no es casual. Situadas entre tres continentes y convertidas en uno de los principales puntos de llegada de personas migrantes, representan de forma especialmente visible las desigualdades, conflictos y fracturas que atraviesan el mundo actual. En este contexto, León XIV retomó con fuerza la dimensión profética que Francisco quiso imprimir a la Iglesia. Sus gestos y discursos en lugares como Arguineguín o el centro de Las Raíces insistieron en una idea fundamental: no existe auténtica experiencia de Dios sin compromiso con quienes más sufren. Con esto, el Papa recordó que la dignidad humana constituye un principio irrenunciable tanto para la tradición cristiana como para la cultura de los derechos humanos. Denunció la trata de personas y reclamó a las administraciones españolas y europeas políticas de acogida e integración capaces de responder a la complejidad del fenómeno migratorio sin renunciar a los valores de justicia y solidaridad.
Además, alertó sobre los riesgos de la polarización política y social, especialmente cuando se alimenta mediante discursos interesados que terminan erosionando la cohesión de las sociedades democráticas. Frente a ello, propuso una visión basada en la unidad dentro de la diversidad, tanto para Europa como para la propia Iglesia, insistiendo en la necesidad de respetar las distintas realidades culturales sin perder la comunión fundamental.
Otro de los aspectos relevantes del viaje fue su defensa de una laicidad inclusiva, capaz de reconocer la contribución pública de las tradiciones religiosas sin poner en cuestión el carácter plural de las sociedades contemporáneas. Es una propuesta que abre debates importantes sobre la convivencia entre convicciones diversas y el lugar que corresponde a las religiones en el espacio público europeo.
María Mercader
La visita ha mostrado que el mensaje social del Evangelio continúa teniendo una enorme fuerza pública. En un contexto marcado por el individualismo y el miedo al diferente, escuchar a un Papa hablar de acogida, justicia social y dignidad humana sigue siendo una buena noticia.
Pero también ha puesto de manifiesto una paradoja. Miles de personas han celebrado un mensaje profundamente evangélico mientras buena parte de quienes encarnan hoy ese mismo Evangelio desde los márgenes –mujeres teólogas, personas LGTBIQ+ creyentes, comunidades de base, movimientos feministas, colectivos migrantes o experiencias eclesiales alternativas– han permanecido prácticamente invisibles dentro del relato oficial.
Quizá ese sea el principal significado de la visita: ha evidenciado que existe una Iglesia mucho más plural de lo que aparece en los actos institucionales. Una Iglesia que no puede entenderse únicamente desde Roma, sino desde las múltiples comunidades donde el Evangelio sigue haciéndose vida.
Luis Aranguren
Esta visita contiene muchas miradas. Es un espaldarazo a la línea pastoral del cardenal Cobo en Madrid y, por ende, una indicación de por dónde debe caminar la Iglesia española. Igualmente, es muy potente el mensaje social y político que pone en el centro la dignidad de la persona y la lucha por la paz basada en la justicia. Son discursos que hay que volver a leer porque tienen mucho contenido. En este viaje, el papa León se ha significado como referente ético especialmente para el mundo no creyente y de izquierdas. En una situación de desfondamiento del progresismo institucional político, el papa León sostiene la bandera de la dignidad, la justicia social y los derechos humanos.
Además, desde un punto de vista pastoral, llama la atención el regreso a las misas multitudinarias y los actos masivos que intentan dar una imagen que no es real. España ya no es católica, aunque haya muchos católicos. La Iglesia de León parece que quiere librar una batalla al pentecostalismo y a la teología de la prosperidad que se asienta en Europa de la mano de parte de la migración latina cristiana. La espectacularidad, el juego de emociones y las masas por doquier hacen su particular agosto.
Mientras, la Iglesia en salida, hospital de campaña, dispersa por el mundo a través de pequeñas fraternidades abiertas, que hacen presente los signos del Reino de justicia y de dignificación real entre las gentes descartadas por el sistema, esa Iglesia a la que nos animó el papa Francisco, queda en segundo plano. Paradójicamente, esa es la Iglesia de CEDIA, en Carabanchel, de la prisión Brians 1 en Barcelona y de los inmigrantes empobrecidos que llegan a Canarias. Pero la nota relevante es la nostalgia de músculo fuerte y de poder de influencia en las masas.

¿Qué le ha faltado o sobrado al viaje del Papa?
Pepa Torres
No me voy a referir tanto a la persona de León XIV como a todo el aparato escénico que se ha montado. Desde su punto de vista, ha sido una gran exaltación de la catolicidad en un país que se declara no confesional en su Constitución y, en ese sentido, poco respetuoso con otras religiones e incluso con los y las no creyentes.
También me deja preguntas este entusiasmo de las masas por su figura. Cierta tendencia, diría, a la idolatría. Ha sobrado, como suele ser en la iglesia institucional, presencia masculina y clerical en todos los lugares de representación y, como suele ser también habitual, ha habido una ausencia de mujeres representativas con una fe y un compromiso cristiano crítico.
También han sobrado demasiados signos externos que evocan no a una Iglesia atenta a los signos de los tiempos, sino a lo de siempre (demasiados clergymans, mantillas, etc.). Hubiera resultado muy evangélico que, en la procesión del Corpus, junto al Papa, hubieran estado en primera línea los y las preferidas de Jesús (personas de la calle, desahuciadas, migrantes, madres de familias monoparentales, etc.). Le ha sobrado la visita a Montserrat, su silencio sobre los abusos que se han cometido en ese mismo lugar y no encontrarse con sus víctimas
Asimismo, ha faltado un encuentro con movimientos sociales (además de con Cáritas, que no deja de ser Iglesia, con organizaciones populares comprometidas con las tres t -techo, tierra y trabajo). Y algunos gestos significativos o proféticos como, por ejemplo, que, con motivo de la visita del papa, la Iglesia de Madrid hubiera animado a poner viviendas a disposición de quienes son desahuciados y de las organizaciones sociales que les representan o haber animado a todos los cristianos y cristianas a empadronar en sus viviendas a las personas a las que el Ayuntamiento está negando esta obligación municipal, con la consecuente exclusión de derechos básicos.
Rafael Ruíz de Andrés
Los acuerdos y desacuerdos entre las distintas posturas políticas y las palabras del Papa son sanos y necesarios en una sociedad democrática. Sin embargo, más que esa reflexión serena y constructiva desde la política, y marcado por el clima existente en este ámbito en España, lo que se ha visto ha sido un asentimiento acrítico que camuflaba una utilización parcial e interesada del discurso de León XIV para la justificación de los distintos idearios.
Hay otra cuestión que, aunque fue abordada de manera clara por el Papa en su intervención ante la Conferencia Episcopal, no ha colmado las reclamaciones de parte de la sociedad, y, sobre todo, de parte de las víctimas: los abusos sexuales en la Iglesia. En este punto, una representación más amplia de las víctimas habría permitido no solo visibilizar la situación, sino también que el Papa pudiera obtener una impresión más plural sobre esta profunda herida social y eclesial.
Por último, tanto en el relato mediático como en los actos ha faltado una mayor presencia de voces de otras religiones, que constituyen una de las realidades clave del paisaje de la España postsecular y que, en este tipo de eventos, por el peso histórico y social del catolicismo, tienden a quedar eclipsadas.
Mª Ángeles López Romero
Ha sobrado la papolatría y el tono groupie del evento celebrado en el Santiago Bernabéu, que le pareció incongruente con el mensaje de León XIV a su llegada a España pidiendo que el Evangelio se ponga en el centro. Seguramente también la amonestación moral sobre el aborto y la eutanasia en su discurso en el Congreso, quizás una oportunidad perdida de confirmarse como referente moral para personas no creyentes que se sienten identificadas con el discurso del Papa sobre la guerra, los migrantes o la necesidad de recuperar la humanidad en toda la dimensión de la palabra.
He echado en falta, como siempre, más presencia de mujeres. Una presencia masiva, proporcional al espacio que ocupan en la Iglesia española, de mujeres con voz como las que cada día nutren y enriquecen la toma de decisiones grandes y pequeñas. También habría sido ejemplar y decisiva una visita a la Cañada Real en Madrid, dada la dramática situación de tantas familias que siguen viviendo sin luz. Y desde luego, una representación más real tanto del laicado, colectivo LGTBIQ+ incluido, como de las víctimas de abusos sexuales, de poder y conciencia en el seno de la Iglesia. Aunque no se puede pedir a ningún papa, y tampoco a este, que en una semana resuelva todas las faltas o ausencias de la Iglesia en España.
Pero alabo su cercanía y naturalidad, la humanidad con la que ha abrazado a las personas que sufren y se ha dejado abrazar por los niños; y la esperanza que ha sembrado en quienes, creyentes o no, estamos necesitados de mensajes que recuperen la visión humanista y solidaria del mundo en que vivimos.
Javier Baeza
Ha sobrado espectáculo. Ha habido demasiado ruido mediático. Nuestros medios han de ser otros, más sencillos, más desde el barro del día a día. Me preocupa ese conteo continuo de asistentes… Quizás los números eclipsan los contenidos… He recibido varios mensajes sobre el millón y más que asistieron a no sé qué… y me entristece. Si tanta gente se reúne, en nombre del Señor, a celebrar la vida y la fe… me cuesta aceptar la cantidad de “vicarios de Cristo” (según los santos padres) con los que convivimos y ahí están arrumbados en las calles de nuestra ciudad.
Eché en falta una consideración abierta, atrevida y evangélica sobre el celibato opcional, el ministerio de la mujer o la acogida a las personas LGTBIQ+. Me faltó eso y me sobraron tantas ropas litúrgicas. Hasta para rezar el padrenuestro tenía que revestirse de diferente manera…
Carlos Cabrera
La visita deja interrogantes abiertos. Entre ellos, la profundización de la sinodalidad, el papel efectivo de los laicos y las mujeres en la vida eclesial, la articulación de la pluralidad del catolicismo y la respuesta a demandas que siguen generando debate, como el acceso femenino a determinados ministerios. También continúa pendiente una actuación más decidida frente a la pederastia en la Iglesia y una mayor atención a las causas estructurales de la injusticia social y la crisis ecológica.
Pese a estas cuestiones, la impresión general es que León XIV ha confirmado su voluntad de continuar muchas de las intuiciones fundamentales de Francisco, aunque con un estilo propio. Menos espontáneo, pero más sereno y reflexivo, proyecta una imagen de firmeza tranquila sustentada en una sólida formación intelectual, espiritual y pastoral. Su paso por Canarias deja la sensación de haber asistido no sólo a un acontecimiento histórico para la Iglesia local, sino también a una significativa declaración de intenciones sobre el rumbo que este nuevo pontificado desea imprimir a la Iglesia.
María Mercader
Le ha faltado riesgo por parte del Papa y coherencia por parte de la organización. Ha faltado un gesto verdaderamente profético hacia quienes siguen viviendo la exclusión dentro de la propia Iglesia: un encuentro visible con mujeres que reclaman igualdad, con creyentes LGTBIQ+, con víctimas de abusos desde un lugar menos protocolario y más vulnerable, con quienes sostienen comunidades cristianas desde los márgenes. También ha faltado reconocer que muchas de las heridas actuales no son únicamente fruto de errores individuales, sino de estructuras de poder que necesitan ser revisadas.
Le ha sobrado cierta escenografía de poder. Las grandes ceremonias, los protocolos, los espacios reservados, la centralidad de las autoridades civiles y eclesiásticas continúan transmitiendo una imagen de Iglesia difícilmente reconciliable con el Jesús que compartía mesa con quienes quedaban fuera del sistema religioso.
La mayor aportación de León XIV no dependerá de los discursos pronunciados ni del éxito organizativo de la visita. Dependerá de si la Iglesia se atreve a llevar hasta sus últimas consecuencias aquello mismo que el papa ha repetido estos días: que la dignidad humana está por encima de cualquier frontera, que los pobres ocupan el centro del Evangelio y que nadie debería quedar fuera de la mesa común.
Luis Aranguren
Le ha faltado enfrentar los abusos de la Iglesia española de una manera seria, integral y pública. Algo pasa cuando ni siquiera el papa León pronuncia la palabra “abuso” ni la palabra “víctimas”. La Iglesia española sigue dando una imagen de oscurantismo e incomodidad ante una realidad que le rebasa. El trato legal y radicalmente injusto con el que se ha sacado de encima el caso Zornoza es muestra de ello. La sombra alargada de Rouco ha ganado la partida incluso a la habitual contundencia del papa León en este campo minado.
Da la impresión de continuos enfrentamientos entre la voluntad de Cobo –en relación a transparencia, reconocimiento y pasos efectivos (Repara es buena muestra de ello)– y la presidencia de la CEE y sus amigos, y no sé hasta qué punto los codiseñadores del viaje desde el Vaticano. Porque no es de recibo mantener un encuentro en secreto hasta última hora. No se trata de que entren las cámaras de televisión, pues el respeto a la privacidad de las víctimas es intocable; lo que faltaba era agendar públicamente ese encuentro desde el principio y que ese encuentro concitara la máxima representación posible de víctimas, incluso de las que no están agrupadas.
Además, se ha perdido una oportunidad de oro para que la realidad de los abusos en la Iglesia española cambiara de bando, es decir, adquiriera en las víctimas el eje de la consideración, reconocimiento y actuación, como sí se hizo en el acto público de reconocimiento de las víctimas en la catedral de Madrid. El miedo a perder sigue siendo la carta que juega la CEE; sin saber que el Titanic ya ha colisionado estrepitosamente con el iceberg de los abusos, y no hay forma de tapar el boquete abierto.
En mis sueños este viaje podría haberse limitado a los encuentros en Carabanchel, prisión de Barcelona, migrantes en Canarias y personas abusadas (esto último, bien hecho. Claro, otros actos eran igualmente importantes para otros sectores. Me ha parecido interesante el discurso de León en el Congreso, el primero de un papa. Urge que referencias éticas, religiosas o no, suban de vez en cuando a esa cámara de representación política para refrescar fuentes universales del compromiso político.

Pepa Torres, parece más roja que Diana Morant. Si no loes, le ruego que me disculpe.
Su opinión sobre la visita del Santo Padre a España, está lejos de la verdad, sobre todo, de la opinión de la inmensa mayoría de españoles. Afortunadamente, gracias a Dios y a la mayoría mayoría de católicos españoles, su viaje fue todo un éxito.