Tiempo de agradecer y sembrar

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La parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, situada en el barrio de Hispanoamérica (Chamartín – Madrid), comenzó su andadura hace 50 años, en 1964.

Este año estamos de fiesta pues, además de celebrar tantos años de la vida de nuestra parroquia, también celebramos los 100 años de la congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, que nos acompañan, nos dinamizan y nos impulsaron desde los comienzos a formar la gran comunidad de comunidades que somos.

En nuestro lema parroquial para este curso, “Tiempo de Agradecer y Sembrar”, recogemos todo lo que hemos vivido hasta ahora agradeciendo lo que nos ha sido dado, lo que entre todos hemos ido poniendo con ilusión para colaborar en la construcción de “la Parroquia que queremos ser”. El objetivo parroquial nos invita a “Formar la Comunidad Parroquial, comunidad de comunidades, animada por la Espiritualidad de la Cruz, que acoja y anuncie el mensaje del Evangelio, viva y celebre su fe y trabaje para transformar el ambiente en el que vive”. La manera concreta como se propone vivir el seguimiento de Jesús se estructura desde los fundamentos de toda comunidad cristiana: un grupo de personas que, caminando juntas, comparten y celebran la fe, la vida y el compromiso.

Es un signo de identidad de la parroquia compartir y celebrar la fe en comunidad, que significa vivir juntos la contemplación y la experiencia de Dios-Padre y el seguimiento de Jesús. En cada celebración todos nos sentimos parte de la fiesta que es el banquete del Señor y esta fe se manifiesta así, con alegría y de forma explícita. La sensación que se experimenta es la de “estar en casa” porque se te acoge de forma fraterna. Un ambiente acogedor, fraternal, alegre, festivo, con un lenguaje cercano, con unas formas sencillas, profundas y significativas, bajo la mirada amorosa de Nuestra Señora de Guadalupe.

Compartimos y celebramos la vida tratando de vivir como hermanos y hermanas, construyendo relaciones interpersonales auténticas y evangélicas.

Compartir el compromiso significa trabajar por la transformación del ambiente en el que vive. Este es otro signo de identidad de la parroquia que, en clave evangélica, quiere tomar partido en la sociedad denunciando y posicionándose en contra de la injusticia social. Por otro lado, la corresponsabilidad de las personas laicas es clave para que las áreas y servicios pastorales puedan llevarse a cabo.

Con motivo de los 50 años, desde el Consejo Parroquial (que es el órgano de toma de decisiones y de gobierno de la parroquia, formado por miembros de las diferentes áreas y servicios, elegidos democráticamente, así como por el párroco y un número determinado de misioneros) se nos convocó a la celebración de una Asamblea parroquial en febrero de 2014 para valorar la situación actual de la parroquia, detectar puntos de mejora y soñar juntos la parroquia que queremos ser.

Queremos revitalizar nuestro ser “comunidad de comunidades”. Nuestras vidas, nuestro mundo y nuestra Iglesia nos presentan nuevos retos que queremos acoger para seguir en la construcción del Reino. Tenemos por delante una serie de objetivos, medios y opciones, algunos de los cuales se entrelazan, ya vivimos de ellos y nos dan identidad parroquial, pero nos hemos propuesto reforzarlos o repensarlos para no «dormirnos en los laureles». Otros suponen un reto como parroquia y deberán concretarse en proyectos concretos. En los próximos años, todos, de alguna u otra manera, nos implicaremos en su diseño, ejecución y evaluación.

Estamos en época de siembra…

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