Una comisión necesaria, nunca suficiente, que defiende vidas sin violencia

La Comisión Diocesana de Madrid por una vida libre de violencias contra las mujeres se creó en 2017. Está formada por seglares que trabajan contra las diferentes formas de violencia hacia las mujeres, con especial incidencia en la ejercida por sus parejas y exparejas

En 2023, cuando todavía queda un mes para completar el año, un total de cincuenta y tres mujeres[1] han sido asesinadas en España por sus parejas o exparejas, una cifra inadmisible. Simplemente porque no tendría que haber ninguna. Y la cifra casi se duplica, llegando a noventa y siete mujeres si miramos los feminicidios[2] cometidos en los últimos once meses. Lamentablemente, estas cifras son la punta del iceberg; más de 50.000 mujeres en España viven bajo medidas de protección y son muchísimas más “las mujeres que, sin estar en ningún registro, se levantan cada día bajo el pánico, el terror, el miedo y la vergüenza, pensando que no hay salida para lo que están viviendo y con plena conciencia de no saber cómo van a acabar ese día o si sobrevivirán a él[3]

Campaña pública para sensibilizar sobre la violencia contra la mujer, en la web de RTVE.

Las nuevas generaciones están sufriendo un incremento de la violencia alarmante, como queda reflejado en el estudio referido a 20.515 niñas/os y adolescentes atendidos por la Fundación ANAR en los últimos cuatro años. “Las llamadas con motivo de violencia de género representan el 53,8%, siendo el tipo de violencia que más crece en el período de estudio: el 87,2% [4]

Globalmente, las cosas no mejoran. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada tres mujeres sufre violencia física o sexual a lo largo de su vida

A pesar de estas cifras irrefutables, nuestra sociedad está retrocediendo en el discurso de rechazo a las violencias contra las mujeres y se cuestiona la violencia de género como la violencia ejercida hacia las mujeres por el hecho de serlo.  Estas actitudes son muy peligrosas, pues hacen que los agresores perciban resquicios de impunidad y legitimidad social: se reduce la capacidad de reacción social, se polarizan las posiciones y se deslegitima a las víctimas. Una sencilla reflexión: cuando a alguien le han robado el monedero o el móvil, nadie cuestiona si la víctima lo puso demasiado cerca del ladrón, o si su actitud facilitó que se lo quitaran. Sin embargo, todavía a día de hoy, cuando una mujer es agredida sexualmente o cuando denuncia algún tipo de violencia, ciertos sectores sociales la cuestionan, lo que  incrementa un clima que favorece la violencia y hace que, lejos de ser erradicada, siga teniendo espacios para ser ejercida.

Nuestra Iglesia no está exenta de responsabilidad. Históricamente se ha silenciado y no se ha acompañado a las víctimas con la firmeza que exige una realidad tan antievangélica. Todavía hoy hay tibieza y silencios, si bien cada vez son más las voces que se levantan contra ella. El papa Francisco ha condenado en varias ocasiones la violencia contra las mujeres definiéndola como una cobarde degradación de la fuerza masculina y como la máxima expresión de relaciones de poder y desigualdad entre hombres y mujeres [5]

Ante la magnitud del problema y la necesidad de dar una respuesta como Iglesia, la Vicaría para el Desarrollo Humano Integral y la Innovación de la diócesis de Madrid organizó en 2017 las jornadas “STOP VIOLENCIA CONTRA LA MUJER”. Desde la cultura del buen trato: Responsabilidad, respuesta y acompañamiento como Iglesia. En palabras de José Luis Segovia[6] “La Iglesia tiene que posicionarse de una manera inequívoca, radical, afectiva y efectiva con las víctimas, tomando partido de manera absoluta e incondicional por las víctimas de la insufrible y detestable violencia machista, que oculta la pretensión de relaciones de dominación, cosificación y apropiación sobre las víctimas”.  Estas jornadas dieron lugar a la creación de la Comisión Diocesana por una vida libre de violencias contra las mujeres, ese mismo año.  

La Comisión la formamos seglares que trabajamos por la prevención, sensibilización y reacción de nuestras comunidades. Como Comisión trabajamos contra las diferentes formas de violencia hacia las mujeres, que son muchas, con una mirada especial a la violencia ejercida por parejas y exparejas, ya que tiene una característica concreta: quien ejerce la violencia es aquella persona en la que la mujer había puesto su confianza y en la que había pensado para su proyecto de vida. Y es esa persona la que pasa a ser, poco a poco, o de repente, su maltratador; quien le hace la vida imposible física, psicológica, económica y sexualmente, introduciendo una desestabilización y ruptura profundas en todos los niveles relacionales. 

Cuando la violencia llega a un hogar, afecta a todas las personas que viven en él. Aunque a veces los adultos piensen que los hijos/as no escuchan ni ven los golpes, los hijos/as son conscientes del clima de violencia que se está produciendo, les afecta de manera gravísima, les influye en su autoestima, en su desarrollo, en su percepción de la realidad. En muchas ocasiones existe, además, una violencia directa hacia los hijos/as, es lo que se denomina violencia vicaria, cuyo objetivo es hacer daño a la mujer dañando a sus seres más queridos.

Muchas de las mujeres que sufren violencia se acercan a los espacios de espiritualidad, a la propia Iglesia, y por eso debemos construir comunidades que sean espacios seguros, de respeto, protección y empoderamiento para las mujeres víctimas, estableciendo protocolos y actitudes de acompañamiento que eviten la revictimización y eliminen lenguajes y prácticas excluyentes.

Como ciudadanas y ciudadanos debemos pedir, denunciar y reivindicar que nuestra sociedad ofrezca medidas sociales, legales, económicas y educativas para su erradicación.

Entendemos que lo que no se nombra no existe, por ello creemos que es necesario y urgente que la violencia y la desigualdad se aborden en las cartas pastorales, en las catequesis, en la liturgia y celebraciones, en los seminarios, con los agentes de pastoral, y con toda la comunidad de fieles. Por ello en estos años desde la Comisión hemos trabajado:

  • En la sensibilización en las parroquias, para que sean comunidades acogedoras, que no callen ante la violencia, porque sabemos que la comunidad salva.
  • En la formación de los agentes de pastoral a través de la Escuela de Pastoral Social.
  • En la memoria de las mujeres víctimas con las vigilias de oración con motivo del 25 de noviembre, Día Internacional de la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres.
  • Y en la creación de un decálogo de buenas prácticas.

Y este curso, conscientes de lo importante que es ofrecer herramientas, trabajamos en la creación de una guía para las parroquias, que les facilite la información de los recursos disponibles para las mujeres y su acompañamiento.

Desde la Comisión Diocesana estamos disponibles para las parroquias, las comunidades y las instituciones diocesanas que soliciten formación, sensibilización y les ofrecemos la guía en la que estamos trabajando.


[1] Cifras oficiales, hay  6 casos más que  están en investigación. Fuente: feminicidios.net

[2] Mujeres asesinadas fuera de las relaciones de pareja o expareja

[3] Palabras de acogida de la vigilia de oración y esperanza del 23 de noviembre de 2023 de la Comisión diocesana por una vida libre de violencias

[4] Fundación ANAR  Estudio sobre la Evolución de la Violencia contra las Mujeres en la Infancia y Adolescencia

[5] Amoris Laetitia 54.

[6] Vicario Episcopal de Madrid para el Desarrollo Humano Integral y la Innovación

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