Luis Guitarra nos acompaña en el primer encuentro del Club de amigos y amigas de alandar

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Luis Guitarra durante el concierto-coloquio en ElMandela. El pasado jueves 11 de diciembre fue un día muy especial para nuestra revista, ya que tuvo lugar el primer acto programado en exclusiva para el recientemente creado Club de amigos y amigas de alandar, iniciativa en la que hemos puesto mucha ilusión todo el equipo.

El evento tuvo lugar en un recoleto restaurante de comida africana del centro de Madrid, con el sugestivo y emblemático nombre de ElMandela. Un sitio pequeño y bonito, ideal para tener, como nos gusta decir, «más cerca a los amigos».

Nos reunimos un grupo de amigos y amigas alrededor de un hombre y su guitarra: músico y contador de historias llenas de verdad y poesía. Fiel continuador de una estirpe de cantautores que en España se hicieron imprescindibles en los últimos años del franquismo, que nos acompañaron en la transición y han llegado hasta ahora para acompañarnos y hacernos reflexionar y reaccionar en estos duros tiempos de desigualdades crecientes y atropellos a las personas más vulnerables. Este hombre, este artista, era Luis Guitarra.

Fue una bella tarde. Él sobre una banqueta, con un altavoz, una guitarra y un puñado de maravillosas canciones salidas de su sensibilidad e inteligencia, maduradas en su corazón de artista y de persona comprometida en la faena de arrimar el hombro por un mundo mejor. Música, narración y verso en simbiosis perfecta, que nos llegaba en un contexto familiar, entrañable, de preguntas y respuestas, de reflexiones y deseos, de biografía, de porqués, cómos y qués.

Las canciones resolvían dudas, se convertían en explicaciones, se entrelazaban con nuestras preguntas y nuestras dudas; hablaban del ser humano, del cantante, del trabajador incansable por mejorar las condiciones de las personas más desfavorecidas.

Luis Guitarra nos dedicó su último disco, “A la Intemperie”. Nos habló del proceso creativo que le llevó a A la intemperie, su último trabajo discográfico y nos contó y nos cantó «Flores», «Me abrazo a ti», «Los azules de mi mar», «Lloró todo el mar», «Todo va ir bien»… Y le dijimos que sus canciones, además de sonar en los diferentes aparatos electrónicos, se cantaban en reuniones de amigos, en despedidas de compañeros venidos de lejos y son, también, las mejores perlas a descubrir en los mares agitados en que a veces se convierten nuestras vidas.
Entendimos que sus canciones no se podían interpretar en un solo sentido, que eran multidimensionales y encerraban materialidad y espiritualidad, poesía y denuncia, abrazo físico y acogida al misterio. Algunos las descubrimos también como otra manera de animación musical en liturgias y celebraciones que se quisiesen más hondas, más anchas, más vivas.

Conocimos al otro Luis Guitarra -el que está detrás de «su apellido»- y nos sorprendimos de que fueran el mismo la persona y el personaje artístico. Cercano el uno y cercano el otro, auténtico el uno y auténtico el otro, solidario y profundo el uno, solidario y profundo el otro.

Nos habló de su primer grupo de pop-rock (Sin ceros a la izquierda) y de cómo se gestó su primer disco. Cómo tanteó apenas el mundillo comercial de la música para decirse: «esto no, esto no»… y acrisolarse en el cantautor que ha venido siendo en los últimos 25 años.

Nos explicó el porqué de su sistema alternativo de distribución que él llama “El precio lo pones tú”, que aúna música, arte y solidaridad y posibilita la financiación y realización de proyectos de desarrollo humano desde su propia ONG, Como tú, Como yo.

El tiempo pasaba sin pasar, que es lo que hace cuando los momentos crecen felices. Nos acordamos de los amigos que no pudieron estar allí y que tanto hubiesen disfrutado y nos fuimos dichosos, bendecidos.

Termino la crónica con los últimos acordes de su disco en el PC y caigo en la cuenta de que no lo he oído como él quería: ¡a la intemperie! Espero, Luis, perdones esta pequeña traición…

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