Barack Obama en su último discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2016 sentenció: “Un mundo en el que el 1% de la humanidad controla tanta riqueza como el 99% más pobre nunca será estable”.

¿Cómo se sitúa la Universidad ante ello? ¿Existen signos de esperanza? ¿Qué retos supone? 

Gracias a que desde mi adolescencia he estado vinculada al movimiento de Juventud Estudiante Católica, siempre he vivido el estudio, y ahora la profesión, como lugar de evangelización. Ello me permite sentir profundamente que Dios me llama a ser su herramienta para que aquello que rezamos los cristianos en el Padre Nuestro (“venga a nosotros tu Reino”) se haga realidad. Así lo viví cuando decidí iniciar mi carrera de Arquitectura y trasladarme de Badajoz a Madrid para iniciar mis estudios. Los primeros años transcurrieron rápido y fui empapándome de todo lo que me ofrecía la escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). A pesar del altísimo nivel de los conferenciantes que pasaban por la escuela, del profesorado y del propio alumnado, durante esos años sentía que alguna pieza faltaba. En cuarto curso, tuve mi primer contacto con el ICHaB, gracias a unas charlas impartidas por Julián Salas, su fundador, en un curso de verano del Instituto Eduardo Torroja del CSIC. Al escucharle hablar sobre “el hambre de vivienda” sentí que ese era mi lugar como profesional. Ahora, 6 años después, me doy cuenta de que esa pieza es la que me faltaba en mis primeros años de carrera.

El Instituto Universitario de Cooperación en Habitabilidad Básica (ICHaB) surgió en la escuela de Arquitectura de la UPM con la misión de formar especialistas capaces de intervenir con profesionalidad y eficacia en los asentamientos humanos precarios de áreas geográficas desfavorecidas. Así el ICHaB completa la oferta formativa e investigadora de la UPM impartiendo materias que contemplen la dimensión global de la problemática de los asentamientos humanos, sin tratar únicamente de la ciudad occidental. Sin ser una ONG, desde el ICHaB se ejecutan proyectos de cooperación internacional para el desarrollo en los que se vincula la investigación universitaria con la acción real en los contextos desfavorecidos. Al mismo tiempo, se realizan asesorías técnicas especializadas vinculando enunciados de trabajos del alumnado dentro de su formación reglada con requerimientos que hacen las ONGs, haciendo que el trabajo académico del alumnado tenga una aplicación real directa. De esta manera, desde el ICHaB, creemos que es posible construir una universidad al servicio de las necesidades más básicas de las personas del mundo globalizado en el que vivimos; esto quiere decir, al servicio de los pobres. Todo ello concebido desde distintas convicciones, ideologías y creencias; siendo un espacio en comunión desde la libertad y también, por qué no, en constante debate crítico (¡esto también es Universidad!), en búsqueda de lo esencial y poniendo siempre el foco en lo más urgente: erradicar la habitabilidad precaria en el mundo. Claramente para mí, el ICHaB es un signo de esperanza; la encarnación de Cristo resucitado en la Universidad.

Actualmente trabajo como miembro del ICHaB en la plataforma de UPM sobre refugiados, diseñando la metodología interdisciplinar NAUTIA. Se trata de un trabajo de investigación academia con una primera aplicación real en el campo de refugiados de Shimelba, en el norte de Etiopía. NAUTIA es una herramienta que permite identificar de forma paralela las necesidades prioritarias de los campos de refugiados y sus comunidades de acogida. La metodología se aplica en aquellos campos de refugiados que se enfrentan en la actualidad a los problemas característicos de los asentamientos permanentes. De esta manera, la herramienta fortalece el nexo humanitario-desarrollo.

Este trabajo de investigación, entre otros muchos en los que el ICHaB ha participado ejemplifica que sí es posible y necesaria una Universidad para el 99 %. Una universidad en la que los estudiantes tomen partido real de los retos mundiales a los que nos enfrentamos y sientan que sus profesiones tienen sentido y salidas profesionales que no sólo tienen que estar al servicio del mercado, sino también al servicio de los más vulnerables (que por cierto son mayoría).

Es verdad que no todo es fácil. Durante mi carrera académica seguir mi criterio, más coherente con una mirada “social” del diseño arquitectónico en el que prevalece el proceso frente al producto ha supuesto realizar un mayor sacrificio. Y es que poner la mirada en los más pobre exige esfuerzos importantes a los que no estamos acostumbrados en Europa. Sin embargo, durante todo el proceso, he tomado las decisiones desde la libertad y la confianza que te da sentir que soy una herramienta de Dios; que mis acciones no están fundamentadas en la búsqueda del éxito inmediato, sino que simplemente es una manera de ejemplificar otro modelo de estar en la sociedad encarnado en Cristo.

Para terminar, quiero desde aquí animar a todo aquel que tenga este tipo de inquietudes, independientemente de sus motivaciones, a movilizarse y luchar por otro tipo de profesional posible. No vivamos adormecidos, busquemos horizontes amplios, soñemos con cosas grandes, aceptemos propuestas desafiantes y deseemos aportar lo mejor de sí para construir algo mejor.  Como dice el Papa Francisco en su exhortación Christus vivit: “No se dejen robar la esperanza”.


ICHaB: http://www.cuhab-upm.es/#/ms-2/1

Plataforma Refugiados UPM:  https://blogs.upm.es/refugiadosupm/

Adela Salas-Ruiz, Arquitecta Experta en Habitabilidad Básica

Colaboradora del Instituto de Cooperación en Habitabilidad Básica (ICHaB-ETSAM)